La señal estadística presentada como positiva para referirse a la pobreza monetaria (2024) como habiendo descendido a 20.8 %, 3.6 % menos que en el período anterior, tiene como contraparte un contexto nacional en el que cubrir crecientes necesidades de subsistencia y elevar la calidad de vida son metas que no remiten exclusivamente a niveles de ingresos y plantean retos a un sector numeroso de la población. Se necesitaría que el Estado supere debilidades institucionales y estructurales que tienen disminuidas sus respuestas a demandas de servicios y para propiciar la expansión del bienestar que por insuficientes obligan a gastos de bolsillo que erosionan conquistas salariales. Es probable que haya menos pobres pero solo en apariencia.
Lo sentenció apenas el jueves pasado en su editorial el matutino Diario Libre: «La mejora de la economía y la palpable estabilidad macroeconómica deberían reflejarse en una menor dependencia de la asistencia social de los ciudadanos. Sin embargo, los números indican que esto no está sucediendo». Y algo más (agregamos): por mucho que se proponga llenar huecos de esa carga que la pobreza representa, no es mucho lo que puede hacer el Estado que toma prestado hasta para pagar intereses y que el año pasado dio un portazo a la urgencia de elevar la fiscalidad que lo salve de su propia «pobreza real».
Y lo reafirmó el Listín Diario casi al mismo tiempo: «De hecho, los gastos de bolsillo en salud, incluso con el respaldo del sistema de salud, siguen siendo elevados y pueden resultar inalcanzables para muchas familias, especialmente para aquellas de escasos recursos».
Esta posición editorial fue asumida como reclamo a que el Ministerio de Salud no se limite a facilitar el acceso a servicios y alimentación a las familias de niños con cáncer y abarcar a «otros grupos vulnerables que también enfrentan condiciones graves de salud y que requieren un acompañamiento integral». Un auxilio (agregamos) imprescindible para poder afirmar que la pobreza está disminuyendo.
Al conceptualizar sobre lo que es sobrevivir sin recursos, el Programa de las Naciones para el Desarrollo, PNUD, explicó que desde una nueva perspectiva la pobreza se plantea como la carencia que afectan personas para desarrollar en un nivel mínimo aceptable sus capacidades para mejores condiciones de vida; y agrega: «la referencia a la pobreza ya no es el ingreso o la renta sino el proceso por el cual las personas alcanzan o no el bienestar».
QUÉ DICE UNICEF
El organismo de la ONU que vela por los derechos de la niñez sostuvo apenas el año pasado que «a pesar del crecimiento económico de la República Dominicana, la desigualdad afecta a miles de niños, niñas y sus familias. La tasa de pobreza monetaria infantil en el país es del 34% y en algunas partes de la región suroeste llega al 59.4%. Se estima que el 6% de los niños y niñas vive en pobreza monetaria extrema». Debe presumirse que un estado de parecida calamidad embarga a los menores de edad situados en algunos niveles superiores en la escala de ingresos de la población dominicana. Ciertas medianías en las condiciones de vida y supervivencia no le quitan a nadie el sello de la pobreza.
El organismo estableció que muchas familias no cuentan con recursos adecuados para alimentar a sus hijos y los más vulnerables son los menores de 5 años, embarazadas y lactantes que pueden sufrir graves consecuencias, incluso de muerte, si no son tratados. En el 2023 el 3% de los niños menores de 5 años en el país sufrió desnutrición aguda mientras el 7% permanecía en situación de riesgo. Escúchese bien: el 20% más vulnerable de la población infantil dominicana, que es atendida por los programas de prevención de la desnutrición, corre un riesgo de desnutrición de moderada a alta. Ese 20% se compara desastrosamente con ese otro 20% a que supuestamente se ha reducido la pobreza en el país.
POCO AVANCE
Se considera lógico que el concepto de pobreza esté reformulado a partir de la definición que adopta el PNUD anteriormente citada: «Si el desarrollo humano consiste en ampliar las opciones, la pobreza significa que se deniegan las oportunidades y las opciones más fundamentales del desarrollo humano; vivir una vida larga, sana y creativa y disfrutar de un nivel decente de vida, libertad, dignidad, respeto por sí mismo y de los demás. El contraste entre desarrollo humano y pobreza humana refleja dos maneras diferentes de evaluar el desarrollo».
La agencia multilateral asumió la definición de la pobreza como un concepto relativo, como un proceso más que como un resultado; con un contenido pluridimensional. «La pobreza de una vida se basa no solo en la situación empobrecida en que la persona vive efectivamente sino también en la carencia de oportunidad real determinada por limitaciones sociales y por circunstancias personales para vivir una vida valiosa y valorada».
La sociedad dominicana parece situada en una encrucijada en la que la economía crece y la estabilidad macroeconómica sigue siendo un pilar clave pero la capacidad asistencialista del Estado que alivia las carencias, pero no motiva a los pobres a superarse productivamente, está en riesgo por algo que recientemente apuntó el economista Magín Díaz al preocuparse por el retiro del proyecto de ley para mejorar la fiscalidad. Entiende que se necesita prontamente «una reforma fiscal para evitar presiones en el gasto público y la inversión gubernamental». Esa que debe estar dirigida a mejorar condiciones de vida masivamente.
La reducción de la pobreza como meta de prioridad, tiene en contra la informalidad del mercado laboral que supera el 50%. En ese mismo orden Díaz puso de relieve «la incertidumbre en la minería, principal motor económico de la provincia Sánchez Ramírez. Barrick Pueblo Viejo ha generado US$1,400 millones en exportaciones anuales y más de 3,000 empleos, pero sin la nueva presa de cola su operación no podría extenderse más allá del 2030, lo que podría afectar la economía local «. Y por efecto dominó, al país en sentido general, incluyendo el desarrollo humano.
BAJA PRODUCTIVIDAD
Al solicitarse alguna vez al economista venezolano vinculado a la educación superior, Samuel Freije, que conceptualizara sobre las consecuencias del empleo informal en la región destacó que los trabajadores informales -que en República Dominicana constituyen una deplorable mayoría del 56%- dijo que se trata de un factor laboral generador de poco capital y con él se estanca el rendimiento de las actividades productivas.
«En la medida en que crece el sector informal, también aumentan la pobreza y la desigualdad asociadas al sector, lo que hace aún más distante el objetivo del desarrollo económico» En definitiva, visto el alto porcentaje de mano de obra marginal que existen en la República Dominicana se podría decir que este país califica, al menos parcialmente, para ser definido como «fabricante de la pobreza» en el que una parte de sus recursos humanos marginados y situados en la producción de bienes artesanales y servicios primarios representan una importante fracción de su colectividad.
El porqué de tanta fuerza laboral escapada de regulaciones y estatus legal está explicada académicamente: Por culpa, de una parte, de normas y regulaciones ineficaces de algunas economías como la dominicana, y por los resultados macroeconómicos desiguales: «La falta de protección social y la baja productividad son las consecuencias que deben enfrentar los trabajadores que se dedican a actividades informales». De que son multiplicadores de la pobreza no cabe duda.