Los dominicanos: personajes en busca de autor

Los dominicanos: personajes en busca de autor

Rafael Acevedo Pérez

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El subdesarrollo y la eterna transición hacia estadios más evolucionados crean un incómodo referente de inconsistencia de status, entre el ser y no ser; un evolucionar por evolucionar, sin sentido; queriendo consumir y lucir como estadounidenses y europeos, pero produciendo deficitaria y deficientemente, como gente atrasada, como dominicanos de tercera; viviendo la coetaneidad de lo no coetáneo (Germani); como si estuviésemos destinados al hoyo negro del tercermundismo.

Deberíamos mirarnos en el espejo de nuestros esforzados parientes, los que mensualmente nos envían puntuales remesas; y quienes admirablemente han llegado a ser propietarios de cerca de cinco mil establecimientos comerciales y una gran cantidad de viviendas tan solo en Nueva York. Verdadero motor de esa economía, con cada día mayores niveles de incorporación a la vida política y el desarrollo cultural de esa nación.

En nuestro país siguen sobrando organizaciones políticas que pretenden ser parte del producto nacional bruto; mientras nos siguen faltando agrupaciones ciudadanas que hagan eficaz nuestra acción ciudadana.

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Nos faltan líderes visionarios, serios, disciplinados, consistentes. Mientras los ciudadanos debemos evitar confundirnos cuando tenemos una nueva oportunidad, mediante procesos electorales, de mejorar nuestro futuro. Jamás tomar la política de una manera oportunista e irresponsable, como a menudo lo hacemos.

Las potencias siguen mostrando escasa solidaridad con nuestros países; intereses espurios suelen guiar también las decisiones y acciones de grandes naciones. Políticos y oligarcas locales, en contubernio con intereses foráneos, suelen fallarnos en momentos críticos.

Estamos obligados a una acción sobre la base de nuestra verdadera identidad: libertaria, patriótica y cristiana.

Nuestro sistema educativo continúa retrasado respecto a los países de la región, mientras nuestros jóvenes tienen apenas leves referencias de quiénes fueron nuestros fundadores y restauradores; continúan atrapados en una dependencia funcional y emocional del celular, la “tablet” y un patético y enfermizo afán de consumo.

Mientras, la presencia ni la amenaza de la problemática haitiana no están en la mente de muchos de nuestros jóvenes; quienes parecen pertenecer al mundo de redes cibernéticas, y suelen tener sus afinidades y lealtades y grupos de referencia en otras latitudes; las urgencias y realidades nacionales no les son temas de primer orden.

El peor pecado de las generaciones mayores ha sido nuestra incapacidad para ocuparnos debidamente de la formación de nuestra juventud. Por ello, elegir conductores y gobernantes locales y nacionales en los próximos torneos es un asunto cada vez más crítico para los dominicanos.

Decidir quiénes y cómo nos vamos organizar y gobernar en las próximas décadas no es cuestión de simple simpatía, banderías, folklore ni carnaval politiquero. Estamos en momentos en que avanzamos o nos hacemos “una e indivisible con Haití”. De hundirnos… o levantar vuelo para siempre.

Necesitamos una nueva élite gobernante, una especie de coautor verdaderamente dispuesto a retomar las glorias pasadas y reeditar un futuro que nos está encaminando hacia un desastre anunciado.

Este 16 de agosto, aniversario de La Restauración, deberá marcar un nuevo rumbo hacia la consolidación de nuestra identidad nacional y defensa territorial. De relanzar nuestra gloriosa consigna: !DIOS; PATRIA; LIBERTAD!

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