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Abinader, Paliza y la Ruta del Encuentro
En ese sentido, fue de mucho agrado para mí participar en la concreción de una idea del presidente Luis Abinader que se materializó recientemente con el lanzamiento de la Ruta del Encuentro.
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Por cosas de la vida, inicio este artículo justo donde terminé el anterior: señalando la necesidad de diversificar la oferta turística afianzando opciones culturales. En ese sentido, fue de mucho agrado para mí participar en la concreción de una idea del presidente Luis Abinader que se materializó recientemente con el lanzamiento de la Ruta del Encuentro.
Les cuento de qué se trata: ¿Han visitado o escuchado sobre el Camino de Santiago en España? La cosa va por ahí. Hace unos meses, en un encuentro con la directiva de la Asociación Dominicana de Prensa Turística (Adompretur), el mandatario, visiblemente entusiasmado, nos compartió esta visión. En la reunión también estaba el ministro de la presidencia, José Ignacio Paliza, quien como buen puertoplateño respaldó la iniciativa, consciente del valor histórico de su provincia.
Se trata de establecer en el Parque Histórico La Isabela, en Luperón, Puerto Plata, un trayecto que permita a nacionales y extranjeros recorrer lo que el presidente denominó la Ruta del Encuentro de Dos Civilizaciones.
La ruta consistirá en jornadas de 20 a 30 kilómetros diarios, con estadías en hostales locales. La apuesta inicial no pasa por grandes infraestructuras, algo que me hizo sentido, sino por intervenciones locales modestas que permitan vivir la experiencia desde la autenticidad del territorio.
Hablamos de aproximadamente 450 kilómetros que conectan la costa norte con Santo Domingo. Tres tramos que inician en el Parque Histórico La Isabela —primer asentamiento europeo en América— y culminan en el Distrito Nacional, articulando Puerto Plata, Valverde y Santiago, con proyecciones hacia Jánico, Cotuí y la Nueva Isabela. Como explicaba Paliza durante la presentación, se trata de transformar visitas aisladas en un trayecto con impacto regional.
Para los amantes de la historia y la cultura, esta propuesta representa mucho más que un recorrido físico. Hablamos de historia viva y de una oportunidad para poner en valor un patrimonio que durante años estuvo subutilizado. También implica dinamizar economías locales y fortalecer emprendimientos comunitarios mediante turismo cultural, religioso y ecológico en una sola experiencia.
Sin embargo, si queremos que este proyecto trascienda el entusiasmo inicial, el desafío será la sostenibilidad. La verdadera prueba no está en el lanzamiento, sino en su permanencia: señalización, seguridad, mantenimiento, formación de guías y, algo que para mí es innegociable, impacto real en las comunidades.
Aquí será determinante la participación activa de gobiernos locales —sin importar el partido—, actores comunitarios, iglesias, pequeños empresarios, artesanos y juntas de vecinos. Ninguna ruta cultural sobrevive si no es apropiada por quienes la habitan.
También la prensa turística tiene un rol esencial. Organizaciones como Adompretur no solo comunican destinos; ayudan a construir narrativa país. Involucrar a los comunicadores especializados garantiza promoción estratégica y acompañamiento crítico —ese es nuestro rol profesional— con mirada de largo plazo.
El proyecto cuenta con la colaboración de la Academia Dominicana de la Historia y del Gobierno español. El presidente Abinader anunció incluso su intención de invitar al rey de España a recorrer el primer tramo cuando esté habilitado, un gesto que proyectaría internacionalmente esta iniciativa.
Si se ejecuta con planificación, transparencia y continuidad más allá de coyunturas políticas, la Ruta del Encuentro puede convertirse en una de las apuestas culturales más relevantes del turismo dominicano en las últimas décadas.
Como periodista y como dominicana, celebro esta visión porque durante décadas hemos repetido que somos más que sol y playa. Pues bien, esta es una forma concreta y correcta de demostrarlo. Enhorabuena, presidente Abinader. Enhorabuena, ministro Paliza.
Ahora bien, el reto es que la ruta no sea solo un proyecto de gobierno, sino una política pública sostenible y un verdadero legado nacional.