El Caribe
La caldera caribeña en ebullición
La región caribeña había permanecido en relativa tranquilidad en los pasados 45 años pese al anacronismo de un régimen cubano tostado por la ancianidad comunista
Retrato
La región caribeña había permanecido en relativa tranquilidad en los pasados 45 años pese al anacronismo de un régimen cubano tostado por la ancianidad comunista, y solo seguido por los pujos socialistas de Ortega en Nicaragua e intentos de Petro en Colombia.
La presencia en Estados Unidos de un frenético político con ínfulas de emperador le ha abierto un frente a la región y al mundo con su locura de anexionarse a Groenlandia pasando por encima de todas las consecuencias soberanas y de independencia de los pueblos.
El mundo y en especial América Latina es testigo de las maniobras de un político fuera de sus cabales que a la fuerza y en un abrir y cerrar de ojos busca imponer su imperio después de apresar a un político narcotraficante y responsable del auge del narcotráfico en Estados Unidos.
La ocurrencia insólita de acciones imprevistas del presidente norteamericano está colocando todas las esferas políticas del hemisferio sobresaltados y esperando cual acción sorpresa, del que se cree dueño del mundo, pretende aplicar con el poder norteamericano que estaba sin sus ínfulas imperiales que está llevando al mundo a una situación que hasta los chinos con su poder humano prefería esperar el desarrollo de los acontecimientos en lo que los mercados se aquietan a la espera de los efectos de los aranceles que Trump está aplicando a los países que no son fieles a las directrices norteamericanas de volver a ser el dueño del mundo después que perdió tal condición con el surgimiento de la Unión Soviética como su rival después de la ayuda estadounidense para vencer a los alemanes de Hitler en la II Guerra Mundial.
Ya el mundo espera alguna precipitada acción agresiva de Trump para supuestamente proteger los intereses comerciales de Estados Unidos aplastando la soberanía de estos países que se ven asfixiados por unos aranceles antojadizos para las economías para supeditar a esos países sumisos y bailando al son de la música imperial y al renacimiento del poder norteamericano mientras los chinos con su paciencia se mantienen a la sombra esperando que los norteamericanos hagan el trabajo sucio de acorralar al mundo a su objetivo del dominio mundial con el comercio y su arrolladora producción industrial.
Los afanes imperialistas de Trump preocupa al mundo y en los países antillanos que por las circunstancias deben estar apegados a las decisiones de un político poseído por sus ínfulas de ser emperador del mundo mientras los norteamericanos preocupados aceptan mientras vean el avance hacia el dominio mundial.
En abril de 1965 los políticos dominicanos, herederos del remanente del trujillismo cercenado su líder en 1961, vieron al país ocupado por Estados Unidos para con su presencia llevar serenidad a los políticos que exacerbados en sus ambiciones no obedecían a nadie sino tratando de buscar sus ventajas en un ambiente desequilibrado bajo los afanes de los grupos militares afanosos de ocupar un nicho en el poder dominicano enfrentado a las tropas de intervención que llegaban con todos los bríos de recuperar su hegemonía que estaba siendo pisoteada en Vietnam.
La ocupación norteamericana, esta vez de 16 meses, permitió estabilizar al país mientras en las calles capitaleñas y macorisanas combatían grupos de jóvenes radicales de la izquierda que creían que poseían las agallas de aplastar al poder norteamericano que se manifestaba en todas las ramas de la actividad de aquellos años.