Guardianes de la verdad Opinión
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Ahora que Estados Unidos ha comenzado a ejercitar de nuevos sus poderosos músculos nos llega a la mente si la diplomacia norteamericana considera a los países al sur del río Bravo como medularmente corruptos y es necesario, casi obligado, a un pastoreo para mantenerlos en el redil de las buenas costumbres democráticas, alejados del izquierdismo que propugnan los dirigentes izquierdistas que gobiernan en nuestros países.

El caso de Nicolás Maduro y su esposa, raptados de sus habitaciones en Caracas por tropas élite estadounidenses, nos confirma la conducta resucitada del afán norteamericano de imponerse en estos países latinos a los gobiernos del entorno si se apartan del camino aceptado para la democracia occidental al compás norteamericano.

Cuba, que en 1959 se liberó del redil norteamericano con el triunfo de las guerrillas de Fidel Castro, todavía no encuentra el paraíso que aquellos líderes de la izquierda de su país los engatusaron por completo al país que era el de las Antillas mantenía una prosperidad inigualable que competía en desarrollo con las ciudades norteamericanas de la costa este de ese país y se aventuraban a desafiar al imperio que estaba embelesado con el atrevimiento de esos jóvenes guerrilleros de desafiar al gestor de su existencia después de aquella guerra de 1898 cuando España soltó en banda a Cuba por las heroicas acciones guerrilleras del inmortal Máximo Gómez.

A comienzos del siglo XX Cuba era la joya preferida de Estados Unidos, que por la cercanía al territorio continental y ese sabor latino que exhalaba, la isla amarró en un maridaje a los norteamericanos que todos los vicios del imperio se traspasaron a la isla para convertirla en una dependencia, hospitalaria, festiva y receptora de acciones económicas ilegales que en el territorio continental estaban prohibidas.

Los bríos de Fidel Castro y sus seguidores sacudieron al Caribe, y Cuba se convirtió en un ejemplo a seguir para los países antillanos de la dependencia del gran cacique del continente, que triunfante en la II Guerra Mundial y después del éxito de las dos bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki, aniquilando al Japón dejó las cimientes de la guerra fría y el mundo bipolar preñado de impulsos de liberación que buscaría un distanciamiento del nuevo imperio que estiraba sus músculos para que el Caribe fuera zona obligada de la dependencia. Era para acabar con los gobiernos dictatoriales de las Antillas encabezados por Trujillo, que por más de 30 años había estado pisoteando a los dominicanos.

En este siglo XXI los habitantes de los países de la región con sus relaciones con el gobierno republicano que domina a Estados Unidos no se sorprendió de la acción tomada para raptar al presidente venezolano que había accedido al poder por unas fraudulentas elecciones que Nicolás Maduro impuso por la fuerza aplastando el resultado de las elecciones libres que se habían celebrado y se empujó al país a doblegarse a los intereses de Cuba, China y de Rusia que no atraviesan un lecho rosas máxime por la despiadada guerra rusa contra Ucrania.

El imperio en manos de Trump creará situaciones explosivas para el hemisferio y hasta podría obligar a una reconsideración de la Unión Europea de sus relaciones con el imperio con sus músculos tensados y en posición de combate para aplastar en nombre del dominio del comercio. cualquier intento de independencia. Lo veremos de cómo le irá al presidente colombiano en su encuentro con Trump el próximo mes.

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Fabio Herrera Miniño

Fabio Herrera Miniño

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