Cesantía
Cándidamente desubicado sobre la cesantía
Los empresarios ya tienen lo que no tenían en su interés por reducir o extinguir la cesantía.
Retrato
Los empresarios ya tienen lo que no tenían en su interés por reducir o extinguir la cesantía. Resulta que el sociólogo Cándido Mercedes se ha puesto el traje de superhéroe y, haciendo uso de la incontinencia verbal que lo caracteriza, se explayó en el programa "Nosotros a las Ocho", conducido por los apreciados comunicadores Juan Taveras Hernández y Jordi Rodríguez.
Según su expresión, las autoridades del país no se atreven a dar el paso de revertir la cesantía porque están atadas al pasado y a un comportamiento populista que representan dirigentes sindicales jubilados. Se notó en él una posición edadista, un síndrome muy en boga que busca descalificar a las personas mayores, recreando el miedo de aquella novela escrita por Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray.
Perdone, señor sociólogo, pero aunque usted vive su esplendorosa juventud, no es bueno para la salud mental atacar a la vejez de gente que, como yo, nació un 24 de mayo de 1951. Quienes hacen esos ataques siempre prefieren morir a edades avanzadas. Sé que algunos, como usted, protagonistas de la denominada sociedad civil, se creen impolutos y dueños de la verdad absoluta, aunque la transparencia que exigen no la practican. Está comprobado que los fondos puestos al servicio de ese tipo de organizaciones provenían de agencias dedicadas a perseguir a todo aquel que contraviniera sus intereses. De eso sabemos mucho, sobre todo a partir del trumpismo instaurado en Estados Unidos.
Por sus declaraciones, sabemos que usted estaría muy complacido si desde el gobierno se procediera como lo ha hecho el dictador argentino, el caricaturesco Javier Milei, quien, en estos momentos, aplastando la resistencia de los sindicatos, pretende imponer una contrarreforma laboral. Las personas como usted se creen especialistas en todo, y la artillería verbal que exhiben impresiona a muchos. Pero déjeme decirle lo siguiente: sobre el tema de la cesantía, está bastante desubicado. Ese estatuto jurídico es aplicable a trabajadores formales de todos los niveles; además, salvo los expresamente señalados en el Código Laboral, como es el caso de los trabajadores domésticos, también se benefician de él los trabajadores informales.
Sin embargo, el comportamiento empresarial que usted respalda y al que nosotros nos vemos obligados a hacer frente es un tema de intereses contrapuestos en el que, por un lado:
Primero: los empresarios persiguen flexibilizar lo más posible las leyes laborales, maximizar ganancias, reducir derechos eventuales como la cesantía y dejar a sus sucesores un mundo laboral con patrimonios portentosos y libre de compromiso económico y social con los trabajadores que contribuyeron a crear su enorme riqueza.
Segundo: La parte sindical, aunque no somos como usted, émulos de Juan Pablo Duarte, no nos queda más alternativa que aferrarnos a lo que tenemos, pues no podemos aventurarnos a un mundo incierto en el que nuestra juventud trabajadora vea precarizadas aún más sus condiciones, con un artículo en el Código que asigna a los empresarios el poder omnímodo de poner fin al contrato de trabajo cuando lo estimen conveniente sin alegar causa. A eso solo lo detiene la figura de la cesantía como está diseñada actualmente.
¿Cree usted, señor Mercedes —porque sé que usted no es ni estúpido ni cándido—, que los empresarios estarían dispuestos a renunciar a ese poder? La respuesta es no. Ellos nos ofrecen el mundo difuso del actual sistema de pensiones. Cuando lo proyectamos a siete años, para que los cotizantes de 2003 tengan la edad de retiro, su tasa de reemplazo, señor Mercedes, oscila entre 18,000, 15,000, 12,000 y 10,000 pesos. Esto siempre y cuando coticen ininterrumpidamente 360 cotizaciones (30 años). Alrededor del 50 % de los cotizantes al sistema no alcanzan esos estándares. Si se deja como está, ¿sabe de qué dependerán los más drásticamente afectados? De lo que se denomina "retiro programado", invento que consiste en otorgar sumas parciales hasta que se agoten los fondos y luego abandonarlos sin los mínimos recursos que, al menos, proveerían las miserables pensiones de quienes han tenido la suerte de cotizar 30 años ininterrumpidamente.
Anímese, señor Mercedes, organice marchas y acciones contra la cesantía. Garantice usted que, si se apuesta como usted y los empresarios quieren, en el país no pasará nada. Pero nunca olvide que, a pesar de la edad, tenemos memoria. El Código Laboral actual ya tiene 33 años. Con él, este país ha crecido y se ha garantizado la paz sociolaboral. Usted, hace muy poco, hizo un mediatour por muchos medios señalando que en los años de presidencia de Luis Abinader el producto interno bruto del país había crecido más que en todos los gobiernos recientes juntos. ¿Qué quiere decir esto? Que ni usted ni los empresarios pueden demostrar que el Código de Trabajo ha sido una traba, ni tampoco pueden tomar como ejemplo modelos de países que carecen de figura como la cesantía y que no son más exitosos.
Por último, opinamos que sus declaraciones en el programa obedecen a su consabido delirio de sabelotodo, que llega al extremo petulante de creer que un tema como este, puesto en agenda desde el año 2001, no se ha aprobado por los rezagos del sistema, por el populismo y por el temor de esos presidentes que han gobernado —incluido el actual—, que le rinden culto al ayer.