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Cohetes y excusas

Ese merengue avisaba el cierre de la fiesta, también la pausa de la orquesta. Sus letras se repetían con alegría y divertida alusión marciana.

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Ese merengue avisaba el cierre de la fiesta, también la pausa de la orquesta. Sus letras se repetían con alegría y divertida alusión marciana.

Un amigo economista, también poeta, recuerda que el estribillo de la canción era tarareado por su padre para despertarlo y motivarlo a iniciar los preparativos antes de llegar al colegio: “El que quiera se puede ir conmigo, en mi cohete de pan”. Su niñez no alcanzaba la dimensión del exordio paterno cuando repetía la composición del maestro Jesús Abreu Martínez. Apostaba a la motivación y al destino de su hijo. Sabía que el vástago no afanaría tanto como él para estudiar y convertirse en un eminente ginecólogo que nunca olvidó su cibaeño trajinar como vendedor ambulante. El viaje a Marte, aunque fuera en el cohete de pan, resumía la ternura y el anhelo de trascendencia para su muchacho.

Después del Carnaval, sin Clásico de Beísbol ni Soberano, con el aumento del precio de los combustibles-Irán obliga- y olvidada aquella fórmula para el cálculo, la realidad acecha. Para amortiguar efectos pervive la narrativa triunfalista, la estrategia mágica y justificadora y el adanismo hasta para los errores. De la proclama de inmunidad ante la adversidad y la exhortación para evitar el pesimismo, hecha por el ministro de Hacienda y Economía, pasamos al temido aumento de los combustibles. Ahora o nunca parece que es la premisa para la decisión.

El régimen ha sabido vencer tempestades y cuando amenaza el mar de leva el capitán asume el timón y evita el naufragio gracias a su buena estrella. La taumaturgia oficial está compelida a dirigir la atención a los novedosos proyectos presentados con entusiasmo de feria. Asimismo, necesita mantener el desinterés por el Caso SeNaSa, conseguir que las redes y el mundo mediático continúen discutiendo la pertinencia de las candidaturas independientes y sigan atentos a los procesos penales contra imputados pertenecientes al preterido gobierno morado.

Mientras tanto asoman los pendientes, ruedan por el despeñadero como si Sísifo estuviera aquí. Inconcebible que seis años después del inicio del Cambio, como si se tratara de una denuncia de campaña, las autoridades ratifiquen los inconvenientes con el suministro de agua, la imposibilidad de cobrar, tal como ocurre con la energía eléctrica. Vuelve la roca y la rueca y la ratificación de la fantasía que circunda las repatriaciones. El tráfico de personas persiste, la billetera y la complicidad con los que llenan la camiona, decide. Y entre la arrogancia y el desdén para la precaria disidencia, los clarines de transformación carcelaria sucumben con otro crimen planificado y dirigido desde la Penitenciaria La Victoria. Otra vez el arrebato tecnológico es la excusa, la altivez insiste en desconocer el artículo 102 de la ley que regula el Sistema Penitenciario y Correccional. Ahí está establecida la prohibición para las personas privadas de libertad de usar o tener teléfonos celulares. Tan fácil y económico que sería aplicarlo. Pero como aquí no pasa nada, la corriente conduce a celebrar la instalación del Puerto Espacial que será construido en Oviedo. Desde ahí lanzarán cohetes al espacio, todavía no sabemos si serán de pan.

Sobre el autor
Carmen Imbert Brugal

Carmen Imbert Brugal