Programa
El colapso del acuerdo nuclear y el camino hacia la guerra
Aun cuando Irán había sido objeto de sanciones sistemáticas por parte de Estados Unidos desde el establecimiento de la República Islámica en 1979, fueron las impuestas en 2012 —vinculadas directamente a su programa nuclear
Nuclear
Aun cuando Irán había sido objeto de sanciones sistemáticas por parte de Estados Unidos desde el establecimiento de la República Islámica en 1979, fueron las impuestas en 2012 —vinculadas directamente a su programa nuclear— las que forzaron a la nación persa a negociar con el grupo P5+1 (China, Francia, Rusia, Reino Unido, Estados Unidos y Alemania). Ese proceso culminó en 2015 con la firma del llamado Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés).
Las sanciones de 2012 marcaron un punto de inflexión. Estados Unidos penalizó a las empresas que compraban petróleo iraní, mientras que la Unión Europea impuso un embargo total al crudo de Irán y prohibió las transacciones financieras con su Banco Central. A esto se sumó la desconexión de los principales bancos iraníes del sistema SWIFT (Sociedad para las Telecomunicaciones Financieras Interbancarias Mundiales), lo que prácticamente bloqueó su capacidad de realizar transferencias internacionales de manera ágil y segura.
En ese contexto de asfixia económica, el JCPOA emergió como una salida negociada. El acuerdo logró establecer garantías de que el programa nuclear tendría fines exclusivamente pacíficos, a cambio de un levantamiento progresivo de sanciones internacionales. Su importancia fue tal que fue avalado por la Organización de las Naciones Unidas mediante la Resolución 2231 del Consejo de Seguridad, convirtiéndose en un hito diplomático en materia de no proliferación.
El JCPOA impuso límites estrictos y verificables. Irán aceptó mantener el enriquecimiento de uranio por debajo del 3.67%, reducir su reserva a 300 kilogramos durante un período de 15 años, disminuir significativamente el número de centrifugadoras y someter su programa a un régimen de monitoreo exhaustivo por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). A cambio, se levantaron sanciones de la ONU, la Unión Europea y Estados Unidos relacionadas con su programa nuclear.
Israel, bajo el liderazgo de de Benjamin Netanyahu, rechazó frontalmente el acuerdo.
En 2018, Donald Trump, con el apoyo de Israel, decidió retirar unilateralmente a Estados Unidos del acuerdo, a pesar de que el OIEA había certificado el cumplimiento técnico de Irán. Washington argumentó que el pacto era “defectuoso en su esencia” y puso en marcha la estrategia de “máxima presión”, basada en sanciones económicas cada vez más severas orientadas a debilitar la economía iraní y forzar la negociación de un acuerdo más amplio.
La decisión estadounidense de abandonar el acuerdo tuvo profundas implicaciones. Su retirada debilitó la credibilidad de ese país en materia de compromisos internacionales y reforzó en Irán la percepción de que Washington actúa de manera selectiva, según sus intereses políticos. En un primer momento, Teherán intentó mantener el acuerdo con el resto de los firmantes. No obstante, a medida que las sanciones se intensificaban y los beneficios económicos desaparecían, comenzó a abandonar gradualmente algunas de las restricciones nucleares aceptadas en 2015.
De este modo, el colapso del acuerdo nuclear dio paso a una dinámica de escalada progresiva. Las sanciones económicas alimentaron la confrontación política; la confrontación política derivó en tensiones militares; y éstas, finalmente, desembocaron en conflicto militares abiertos.
Para comprender la confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán, resulta imprescindible mirar hacia la decision tomada por Trump en 2018. Numerosos analistas coinciden en que la retirada de Washington del JCPOA marcó el inicio de un proceso que condujo, de forma gradual pero sostenida, al escenario de conflicto que observamos en la actualidad
.A pesar de la superioridad militar de Estados Unidos e Israel, Irán no ha sido doblegado. Por el contrario, ha convertido la guerra en un conflicto regional y ha recurrido a uno de sus principales instrumentos estratégicos: la presión sobre el estrecho de Ormuz, por donde transita más de una quinta parte del petróleo y del gas natural que se comercia a nivel mundial, así como una proporción significativa de insumos clave para la agricultura, como la urea.
Hoy, el conflicto ha dejado de ser exclusivamente regional para convertirse en un problema económico global, con repercusiones sobre múltiples economías. La decisión de abandonar el acuerdo, concebida para contener a Irán, produjo el efecto contrario: al desmantelar el marco diplomático, contribuyó a abrir el camino hacia una confrontación mucho más peligrosa e inestable.