Detener la ultraderecha con propuestas
César Pérez
Es de sentido común admitir que el inclemente y sistemático asedio a la democracia de parte de la ultraderecha en sus diversas vertientes: iliberales, ultranacionalista, neonazi/fascista, etc., tiene como caldo de cultivo la situación de incertidumbre, inmovilismo, las afrentosas exclusiones, entre muchas otras falencias que vive la población de la generalidad de los países. Una realidad insoslayable que, en esencia, expresa una crisis del sistema que inició la existencia de la democracia: el capitalismo. Por consiguiente, están en crisis las instituciones básicas que este produjo: los sistemas de partidos, de participación y de representación, además, están bajo amenaza la libertad y los derechos que necesitó la burguesía para imponer su dominio sobre las elites aristocráticas.
Es preocupante/alarmante ver cómo sectores de la derecha tradicional dominicana convive con sectores ultra, algunos salidos del tiempo de las tinieblas del trujillato, y cómo la principal fuerza opositora fortalece su cúpula dirigencial integrando en ella a siniestros personeros de la intolerancia ideológica, la represión política y negación de derechos ciudadanos inalienables en las últimas décadas. Son personeros ultra, que han labrado su presencia política negando los valores esenciales de la democracia. Sin embargo, es notoria la poca o nula beligerancia del Gobierno, su partido y de quienes se reclaman defensores de la democracia, contra el significado de esa circunstancia. Es lógico que el Gobierno se defienda de la hipocresía, manipulación y falsificación de datos e informaciones que en su contra alcanzan sus oponentes.
Es difícil ser socialdemócrata en un país sin socialdemocracia, pero, aun así, es inaceptable decir que se tiene idea y no dar la batalla por esa idea. Sirve de ejemplo Zohran Mamdani que, en la asfixiante atmósfera de su país, ganó las elecciones en NY con una propuesta alternativa socialdemócrata.
En cuanto a la izquierda, dice Perry Anderson que “para sobrevivir en un mundo abrumadoramente dominado por la derecha, la izquierda tendrá que luchar por ofrecer una verdadera alternativa”. Hoy, esta alternativa no puede ser la oferta de modelos de sociedad que han sido fallidos, colapsados. Esa oferta no es vendible, y no sólo eso, su fracaso, al igual que el fracaso del capitalismo en mantener conquistas esenciales de los trabajadores en el pasado, es uno de los factores determinante del auge de la ultraderecha y la desmovilización/derechización de sectores anteriormente con sensibilidad, militancia o afinidad política/electoral con las izquierdas. Cuando en las décadas 20/30 avanzaba el fascismo en la Europa, Gramsci, clarividente, decía que llegaba el monstruo y proponía la lucha de las ideas como arma política.
El monstruo llegó, él, Gramsci, fue uno de sus millones de víctimas. Hoy, disfrazado con variados y engañosos trapos, ese monstruo ha llegado y no repara ninguna forma de violencia, persecuciones, mentiras, descalificaciones, miedos y fanatismos que terminan en linchamientos, en destrucción de las instituciones democráticas y de las más elementales reglas de convivencia humana. Esta circunstancia, obliga a las más variadas formas de alianzas entre fuerzas en los planos políticas nacionales e internacionales. La defensa del multilateralismo, basado en la salvaguarda de la libertad, los derechos de la población a los servicios básicos, sin manipulación/simulación y voluntad de cumplir los compromisos contraídos