Opinión

Jueves santo

Un día para una pausa de reflexión

Este día del jueves santo, el catolicismo lo ha estatuido para celebrar la entrega del Hijo de Dios en la cena que compartió postúmamente con sus discípulos, dándole las instrucciones finales para que la fecha fuera de un significado supremo

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Este es un día de gran reflexión para los que creemos en un Dios omnipotente y compasivo que en su benevolencia borra las faltas y atrae al redil a sus criaturas que se han desviado y penetran en senderos inconvenientes para una vida sana y armoniosa unidos a la convivencia de todos en unión para ayudarse en complementar los mandatos sociales de vivir comunitariamente.

Este día del jueves santo, el catolicismo lo ha estatuido para celebrar la entrega del Hijo de Dios en la cena que compartió postúmamente con sus discípulos, dándole las instrucciones finales para que la fecha fuera de un significado supremo de algo que se venía gestando desde hacía tres años con las prédicas diarias del Hijo de Dios por las áridas tierras palestinas.

Es muy profundo la acción de Jesús de dar a beber y comer a sus compañeros el vino y el pan cuyo significado trasciende todo conocimiento y penetra en un mundo espiritual que conlleva a creer que vemos en Jesús un ser predestinado por su Padre para que los humanos comprendieran el significado de la vida mas allá de ser entes de carne y hueso. Se poseían otros valores que permanecieron por muchos siglos apartados del camino de superación humana para trascender en nuestras limitadas existencias mortales.

Mi vida pueblerina transcurrió apaciblemente en mi natal Baní y en la esquina diagonalmente opuesta al templo parroquial teníamos una añeja casa de madera con techo de tejas españolas. Era un caserón diseñado para comercio donde mi padre se defendía siendo un comerciante siguiendo la tradición de su familia junto con el desafío intelectual para dar sus pasos culturales distintivos de la familia Herrera. Pero las ansias de servicio a los demás brotaba en todo lo que movía a la familia en Baní y el servicio estaba latente en un ser soñador y amistoso con sus amigos que cada tarde se reunían en la esquina de su comercio para hablar de todo lo que se les ocurría en especial muchos temas culturales y del acontecer mundial y nacional pero ya estábamos sumergidos en la dictadura de Trujillo y habían temas que obviamente eran vedados para ser comentados.

Los acontecimientos cívicos de abril de 1965 se toparon con la inquina de unos jóvenes que incendiaron la casa familiar de tantos recuerdos que estaba cerrada parcialmente y solo una parte se utilizaba como una oficina de impuestos internos.

Esa acción vandálica cortó por un tiempo nuestros lazos con Baní que perturbaban nuestro tránsito familiar hacia el Palmar de Ocoa en donde la familia poseía una pequeña villa de veraneo, que con amor, mis padres prepararon el pequeño refugio para el descanso aprovechando las bellezas y aguas apacibles de la bahía de Ocoa.

Los atardeceres en la bahía fueron y son memorables ya que la punta de Martín García se disfrutaba de la belleza exuberante de un sol acostándose mientras sus rayos finales peinaban el extremo de la bahía para sumergirse en la oscuridad de la noche y darle la oportunidad a los veraneantes que poseían sus cabañas en Palmar de Ocoa para sus tertulias y de un baño en un mar sereno tan solo consus seres marinos que se acercaban a la costa atraídos por las luces de poderosos reflectores. Y en otras épocas a finales del siglo XX eran de gran recogimiento buscando la paz interior que se logra en ese paraíso tropical.

Sobre el autor
Fabio Herrera Miniño

Fabio Herrera Miniño