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Un dilema para el gobierno del PRM

Era una dictadura en la cual proliferaban las acciones de quienes se atrevían sobresalir por su inconformidad con la forma radical de reducir a la obediencia a los desafectos y se les aplicaba el silencio y se exigía tener una supuesta justicia justificada por el extremismo de acallar inconformidades.

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Los errores que ha ido cometiendo el gobierno del PRM en sus cinco años y meses de ejercicio en el poder le ha dado pautas a la fiera oposición de ese ejercicio que esgrimen los partidos de oposición como si estuvieran libres de culpa cuando ellos ejercieron el poder en sus gestiones.

Los pasados cinco años han sido escenario para ver los esfuerzos de una administración bisoña que, o mete la pata en sus ejecuciones o las paralizan por temor de no poder llevar a cabo los planes presentados por el jefe del Estado que soñaba con una administración desenvolviéndose sin sobresaltos ni parálisis que no le permitiera a la fiera oposición siempre al acecho de estrujarle en la cara los fallos que estuvieran cometiendo en sus quehaceres administrativos.

Pero esa conducta de todos los políticos es repetitiva y el placer de estar en la oposición, olvidándose de cuando ellos estuvieron al frente de la “cosa pública”, los grandes errores que cometían y que los rivales de la ocasión entonces les enrostraban sin compasión sus meteduras de pata.

El país explotó en 1961 después del silencio obligado en base de la sangre derramada, torturas y las violaciones en los 30 años de la dictadura en contra de la ciudadanía que no tenía derecho a quejarse o reclamar atenciones cívicas que brillaban por la ausencia en un ambiente dominado por el silencio a los reclamos por los descuidos de aquel entonces. Era una dictadura en la cual proliferaban las acciones de quienes se atrevían sobresalir por su inconformidad con la forma radical de reducir a la obediencia a los desafectos y se les aplicaba el silencio y se exigía tener una supuesta justicia justificada por el extremismo de acallar inconformidades.

Han transcurrido 65 años del acto heroico llevado a cabo por un grupo de dominicanos que no importando los lazos de amistad y compañerismo que mantenían con Trujillo se sacudieron de su docilidad con el dictador y asumieron un deber patriótico ya que estaban a su alcance por la cercanía al centro del poder poseyendo los medios para ellos correr el albur y ponerle fin a los padecimientos de un pueblo que paralizado por el miedo se encaminaba a momentos de incertidumbres por el envejecimiento de una dictadura arropada por la malignidad de sus funcionarios apegados al abuso y violaciones.

El magnicidio del 30 de mayo fue un acto supremo de responsabilidad llevada a cabo por el grupo de dominicanos y destacados extranjeros residentes que sabían a lo que se exponían si eran capturados. Casi todos vendieron cara su vida y casi todos los sobrevivientes fueron ultimados en la hacienda María el 18 noviembre por el hijo mayor del dictador que con la sed de venganza irracional le arrancó la vida a los seis patriotas que estaba ese día en la prisión de La Victoria y fueron llevados a la autopista de Haina.

En la hacienda de Nigua fueron asesinados salvajemente y ponerle fin a una era para darle inicio al período de adaptación y reacomodo de las ambiciones políticas para llegar hasta el día de hoy viviendo en un clima de seguridad política pese a los desmanes y gallo loquismo de los políticos que todavía no se adaptan a vivir sin pujos incendiarios de aspiraciones y creencias de sueños avivados por una falsa creencia de predestinados.

Sobre el autor
Fabio Herrera Miniño

Fabio Herrera Miniño