Editorial

Medida

No hipotecar el futuro para eludir el presente

El recurso fácil del avestruz que pone la cabeza bajo tierra por suponer que de esa manera el peligro inminente desaparece se parece a esto de no transferir adecuadamente a consumidores las repercusiones asociadas a las alzas internacionales del petróleo y sus derivados.

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El recurso fácil del avestruz que pone la cabeza bajo tierra por suponer que de esa manera el peligro inminente desaparece se parece a esto de no transferir adecuadamente a consumidores las repercusiones asociadas a las alzas internacionales del petróleo y sus derivados. Sin subsidios focalizados hacia los más necesitados, el efecto de inflación galopante que se avizora haría crecer una cuenta sin pagar con transferencia a un futuro que no se sabe si va a ser más oscuro que el presente, que es lo más probable.

Una burbuja de falsos precios benignos en esta estrecha geografía mientras la realidad desafía a todos los países y a sus correspondientes pueblos a encajar comportamientos en usos de energía a sus costos reales; y no a los de una artificialidad de sobreprotección que lo que más hace didácticamente es promover (incentivar) la quema irresponsable de la gasolina en el marco de concesiones indiscriminadas que endeudan al país para el larguísimo plazo y en proporción inversa a la capacidad de pago de un Estado que, por falta de diligencia, regala a sus súbditos la más baja presión fiscal del continente. Facturas que los acreedores del exterior esgrimirían, con altos réditos añadidos, ante los dominicanos que aún no han nacido. No tomar en cuentas a las futuras generaciones que nada tienen que ver con estos estropicios ni con estas “soluciones” paternalistas siendo posible evitarlas, aumentaría hasta lo peor lo que de todos modos habría que dejarles como herencias irredentas que solo se justificarían como endeudamiento alto si se trata de emprender hoy inversiones para que el país avance hacia niveles de mayor productividad y solvencia.

Los hechos están ahí: los gobiernos de benevolencia excesiva que subsidian combustibles como inversión para el inmediatismo de conservarse populares (sin dejar de ser aves de paso) deben reorientarse hacia metas de eficiencia en el gasto, ahorro de combustibles, fortalecimiento de la producción local de alimentos y sustitución de importaciones. Las vacas flacas están a las puertas y el país debe acogerse a una realidad con augurios de efectos dominó. A Dios que reparta suerte.

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