Opinión

Palacio Nacional

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La oposición, Fuerza del Pueblo, Partido Liberal Dominicano (PLD) y otros aún no llegan a entender que Luis Abinader no es su competidor político y que malgastan sus esfuerzos cuando descargan todas sus energías contra él.

Ciertamente, él es presidente de la república, pero no será el candidato a enfrentar en las elecciones de 2028.

Como presidente, el hijo del doctor José Rafael Abinader está centrado en su labor de gobierno, empeñado en dejar un buen legado personal y familiar. Se ha comprometido con la transparencia y la persecución de la corrupción, proclamando que no es cómplice de aquellos que traicionaron la confianza puesta en ellos.

Sin tocar los cimientos conservadores de la sociedad y del Estado, el presidente de turno ha promovido importantes reformas institucionales, junto con valiosas obras públicas, pese a las limitaciones de la economía y el enorme peso del endeudamiento público.

Además de viviendas, acueducto y carreteras, el gobierno ha mejorado los servicios de la salud y de educación pública. Nadie puede negar que el transporte y la alimentación escolar constituyen un modelo en el ámbito de Centroamérica y el Caribe.

Aun no compartiendo algunas de sus actuaciones en política internacional, hay que reconocer que se ha manejado con inteligencia en el marco de la naturaleza liberal conservadora de su gobierno, obligado por un entorno geopolítico muy complicado y amenazante.

En definitiva, el gobierno de Abinader no ha sido malo, como ha querido vender la oposición. Por el contrario, ha sido un buen gobierno. El pueblo, las grandes mayorías, así lo entienden y valoran.

Por todo eso es que afirmo que la oposición incurre en una terrible equivocación, porque atacando al presidente en la manera que lo hace, sin reconocerle ningún mérito, está en los hechos favoreciendo el perfil que se ha propuesto dejar como legado.

El PRM, por su lado, está también cayendo en un tremendo error. Como partido no está aprovechando ni potencializando las obras y realizaciones del Gobierno. Es un partido amorfo, sin una clara definición doctrinal y de políticas y ofertas programáticas avanzadas. Tampoco es una estructura orgánica operativa, con estrechos vínculos con la población, en lo sectorial y lo territorial. Es un partido natimuerto, que no ha sabido aprovechar su momento político, incurriendo en el error de confundir su existencia y futuro con los proyectos y planes de sus principales dirigentes, olvidando que los partidos auténticos son instrumentos llamados a perdurar en el tiempo más que sus líderes.

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Luis Felipe Rosa Hernández

Luis Felipe Rosa Hernández