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Foro de Davos y teoría de los tres mundos
La Carta de las Naciones Unidas y la ONU son simples adornos y recuerdos del orden internacional que emergió después de la segunda guerra mundial, con la victoria de los aliados sobre la Alemania nazi y la derrota del Japón en Asia.

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No es fácil tener una explicación del mundo de hoy, y abundan los análisis y teorías que pretenden explicarlo, porque está cambiando demasiado rápido.
Hemos pasado a un mundo sin reglas ni interlocutores válidos. La Carta de las Naciones Unidas y la ONU son simples adornos y recuerdos del orden internacional que emergió después de la segunda guerra mundial, con la victoria de los aliados sobre la Alemania nazi y la derrota del Japón en Asia.
Recientemente, el primer ministro del Canadá Mark Carney pronunció un discurso en el icónico Foro de Davos, pueblo de los fríos Alpes Suizos en el que se reúnen las élites de los países desarrollados. Expuso con franqueza que enfrentamos un cambio radical en las relaciones internacionales, que ha muerto el mundo basado en reglas y que se ha producido una ruptura del orden internacional que conocíamos, el cual se ha desvanecido, amenazando con hacer desaparecer la integridad territorial y los derechos inalienables de países y naciones soberanas.
El primer ministro de Canadá, país al que define como una potencia intermedia, llamó a la unidad de los países desarrollados para hacer frente a las agresivas políticas y actuaciones de los EE. UU.
Su discurso me hizo recordar “teoría de los tres mundos”, formulada por el líder chino Mao Tse Tung en la década de los 70, en la que atribuía un papel importante a la unidad de los países del tercer mundo con las naciones desarrolladas de Europa, Canadá Australia y Japón, a los que llamaba el ¨segundo mundo¨, para enfrentar al ¨primer mundo¨, conformado en ese entonces por las dos súper potencias, los EE. UU. y la Unión Soviética.
La humanidad atraviesa por uno de los momentos más cruciales de la historia debido a la devastadora y abusiva agresividad de EUA, en todas las latitudes, en su empeño por conservar su hegemonía, ante la nueva realidad de un mundo más diverso y conectado, de naciones de mayor protagonismo e influencia, de nuevos bloques políticos y económicos como los Brics, que desafían su viejo hegemonismo mundial. China, bajo el liderazgo de Xi Jinping hace lo imposible para no ser arrastrada a la “trampa de Tucídides”, sosteniendo con sabiduría la brillante política “de un mundo compartido de la humanidad” de paz y bienestar, libre de amenazas, agresiones y hegemonismo.
La Tierra es nuestro hogar y, pese a los oscuros nubarrones, debemos continuar aspirando a que sea el paraíso compartido de toda la humanidad.