Resistencia dominicana
Aquel glorioso 19 de marzo
El presidente haitiano, tal vez creyendo que no encontraría gran resistencia por la superioridad numérica de sus tropas, no esperó a Souffrant y decidió tomar Azua el día 19 de marzo.
La Batalla del 19 de Marzo en datos
El 12 de marzo de 1844, el presidente haitiano Charles Riviére Hérard Ainé, soberbio y arrogante general de división, en una temeraria aventura, cruzó la antigua línea fronteriza de Aranjuez.
Iba creído y crecido de optimismo, rumbo a la conquista de la parte este de la isla, que hacía poco había decidido separarse del Estado de Haití, para formar una república libre, independiente y soberana, que luego se llamaría República Dominicana.
Hizo parada en el legendario pueblo de Las Caobas, donde proclamó que en su proyecto de invasión lo acompañaban 30 mil soldados. Luego marchó hacia San Juan, pasando por Comendador, y el día 18 se asomaba al pórtico de Azua de Compostela, donde lo esperaba una gran sorpresa.
El día 13, otra columna del ejército invasor, dirigida por el general Alphonse Souffrant, había llegado a Neyba, en ruta hacia Santo Domingo, donde los patriotas dominicanos, al mando del general Fernando Taveras, la atacaron por sorpresa, logrando varias bajas en la línea del enemigo, en una refriega que se conoció en la historia como la “Batalla de la Fuente del Rodeo”.
Aunque las tropas haitianas de Souffrant se recompusieron, para proseguir luego su marcha, la acción dominicana retrasó su llegada a Azua, donde iba a juntarse a la columna del presidente Riviére Hérard. Souffrant llegaría a Azua el 21 de marzo, con su regimiento debilitado.
El presidente haitiano, tal vez creyendo que no encontraría gran resistencia por la superioridad numérica de sus tropas, no esperó a Souffrant y decidió tomar Azua el día 19 de marzo, donde encontró la resistencia del ejército dominicano al mando del general Pedro Santana, sufriendo el ejército invasor la primera gran derrota. Los haitianos dejaron numerosas víctimas en el campo de batalla, mientras la parte dominicana, que tuvo la ventaja de la sorpresa, no sufrió víctimas significativas, y de eso da cuenta el historiador haitiano Thomas Madiou, quien vivió en los días de esos acontecimientos:
“Los haitianos se agitaron el 19 de marzo, el mismo día de su llegada, para penetrar a la villa, a la entrada de la cual las dos piezas -de la artillería dominicana -estaban perfectamente colocadas. Ellos eran un número de 18 mil hombres -los haitianos-. Fueron acogidos por dos golpes de cañón y los obligaron a replegarse, batiéndose en desordenada retirada. Los dominicanos lanzaron contra ellos sus raras fusilerías, que los acosaron hasta un rincón de la villa. Nuestras tropas perdieron una cincuentena de hombres, muertos o heridos, oficiales subalternos, superiores y soldados, entre otros el coronel Vincent, de la novena y décima, muerto heroicamente a la cabeza de su regimiento, y el coronel Jean Gille, de la décima novena, herido gravemente. Las pérdidas de dominicanos fueron insignificantes...” (Thomas Madiou, Historia de Haití, Tomo VIII).
Otras versiones dan cuenta de cientos de bajas de la parte haitiana. Cuenta Madiou que la noticia del desastre se supo en Puerto Príncipe sólo 22 horas después, gracias a los desertores que tomaron la ruta de Neyba, sin saber que allí también las tropas haitianas habían sido atacadas.
La deserción en las filas del ejército haitiano era constante, según todos los partes de guerra, y eso se debía a que muchos de los soldados fueron reclutados a la fuerza y no contaban con la mística guerrera para emprender una empresa de esa naturaleza, recorriendo cordilleras y montes peligrosos. Algunos eran niños de 15 y 16 años.
El 30 de marzo, en Santiago, las tropas dominicanas, al mando de los generales José María Imbert y Fernando Valerio, derrotaron a la columna haitiana, al mando de Jean Louis Pierrot, quien luego se retiraría hacia su país, creyendo que el presidente Hérard habría muerto en Azua.
El general Hérard, que había asumido la Presidencia en abril de 1843, no estaba consolidado en el poder. Tampoco contaba con el control del ejército y además tenía una rebeldía en la Asamblea Constituyente, que había elaborado, en diciembre, una nueva constitución, liberal, que limitaba los poderes presidenciales, y la cual continuaba ejerciendo los poderes legislativos.
Mientras el germen del descontento cundía en Haití, los enemigos de Hérard aprovechaban para incentivar la conspiración, y así comenzó una especie de aislamiento para el presidente haitiano, quien había ocupado Azua, tras una retirada táctica de las tropas dominicanas.
Falto de provisiones y municiones, el presidente Hérard escribió al general Hérard Dumesle, secretario de Guerra y Relaciones Exteriores, para que lo auxiliara desde Puerto Príncipe. Dumesle despachó la ayuda por mar, pero el 15 de abril la escuadra naval dominicana, que dirigía Juan Bautista Cambiaso, se enfrentó a la flota haitiana, que fue derrotada en Tortuguero, Azua.
El presidente Hérard, estaba todavía en Azua, sin poder avanzar, debido a la resistencia de las tropas dominicanas, cuando el tres de mayo de ese agitado año de 1844 fue derrocado, por una rebelión que dirigía el general Jean Jacques Acaau, desde el Sur de Haití. Asumió la Presidencia el general Philippe Guerrier, jefe de la Guardia Presidencial.
Enterado de la situación, el destituido presidente levantó su campamento, para retirarse a Puerto Príncipe, en medio de la desolación y la deserción de sus soldados, llegando con menos de 500 hombres. Fue embarcado en un navío inglés, el dos de junio, donde ya estaban sus más cercanos colaboradores, entre ellos Hérard Dumesle, para partir exiliado hacia Jamaica, donde moriría el 31 de agosto de 1850.
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