Opinión

Obligatorio

Cuando gobernar exige priorizar

Un Estado que se ajusta a tiempo evita medidas más dolorosas en el futuro. Un gobierno que actúa con disciplina en medio de la incertidumbre internacional demuestra que entiende el momento histórico y que no está dispuesto a poner en riesgo los avances alcanzados por el país.

Cuando gobernar exige priorizar

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Hay momentos en la vida de las naciones en los que gobernar exige algo más que administrar la normalidad. Exige anticiparse, tomar decisiones responsables y ordenar las prioridades antes de que las circunstancias externas terminen imponiendo sus efectos sobre la vida de la gente.

La República Dominicana no está aislada del mundo. Las tensiones geopolíticas, los conflictos internacionales, el comportamiento de los mercados energéticos y el aumento de los precios del petróleo impactan directamente nuestra economía. Afectan el transporte, la producción, los alimentos, las finanzas públicas y la estabilidad de los hogares dominicanos.

Frente a esa realidad, el Gobierno del presidente Luis Abinader ha decidido actuar con responsabilidad. Las medidas anunciadas tras el Consejo de Ministros no deben verse simplemente como un recorte del gasto público, sino como una decisión de Estado orientada a proteger la estabilidad económica, preservar los programas esenciales y garantizar que los recursos nacionales se concentren donde más se necesitan.

Gobernar también es priorizar.

Y priorizar significa distinguir entre lo urgente y lo accesorio; entre aquello que sostiene la vida cotidiana de la gente y aquello que puede esperar; entre el gasto que protege y el gasto que debe ser revisado. En tiempos de presión externa, un gobierno responsable no traslada de inmediato la carga al ciudadano. Primero mira hacia dentro, revisa sus propios costos, ordena sus instituciones y envía una señal clara de disciplina, prudencia y compromiso con el interés nacional.

Reducir gastos operativos, limitar erogaciones no esenciales, revisar viáticos, eventos, publicidad, combustibles, contrataciones y transferencias no prioritarias no significa detener el Estado. Significa fortalecer su capacidad de respuesta. Significa liberar recursos para proteger lo que realmente importa: la estabilidad de los precios, los servicios públicos, la inversión social, la seguridad alimentaria, la salud, la educación y la tranquilidad de las familias dominicanas.

La austeridad responsable no es una política de debilidad. Es una política de previsión.

Un Estado que se ajusta a tiempo evita medidas más dolorosas en el futuro. Un gobierno que actúa con disciplina en medio de la incertidumbre internacional demuestra que entiende el momento histórico y que no está dispuesto a poner en riesgo los avances alcanzados por el país.

También merece atención especial la propuesta de reducir en un 50 % los fondos destinados a los partidos políticos. En una democracia madura, la política debe dar el ejemplo. Cuando se exige responsabilidad al Estado, también corresponde que el sistema político asuma su parte. No puede haber sacrificio nacional sin una señal ética desde quienes participan en la vida pública.

Esa decisión tiene un valor simbólico y práctico. Simbólico, porque transmite que la política no está por encima de las circunstancias del país. Práctico, porque contribuye a liberar recursos en un momento en que cada peso debe ser colocado al servicio de las prioridades nacionales.

El liderazgo público se mide precisamente en estos momentos. No cuando todo marcha sin tensión, sino cuando el mundo se vuelve incierto y los gobiernos deben decidir con serenidad, visión y sentido de responsabilidad.

El presidente Abinader ha demostrado que gobernar no consiste en evadir los problemas ni en aplazar decisiones. Gobernar es asumirlas. Es explicar al país la realidad, actuar con transparencia y tomar medidas que permitan proteger la estabilidad sin abandonar la sensibilidad social.

La República Dominicana ha construido en los últimos años una imagen de confianza, crecimiento, institucionalidad y estabilidad. Preservar esa confianza requiere decisiones firmes. Requiere cuidar las finanzas públicas, proteger la inversión, mantener la credibilidad internacional y asegurar que los sectores más vulnerables no sean los primeros en cargar con el peso de una crisis que tiene origen fuera de nuestras fronteras.

Por eso, hablar de austeridad en este contexto no debe entenderse como una reducción del compromiso social del Gobierno. Al contrario, debe entenderse como una forma de protegerlo. Se ordena el gasto para sostener la estabilidad. Se revisan prioridades para defender los programas esenciales. Se limita lo accesorio para preservar lo fundamental.

En tiempos de incertidumbre, la improvisación cuesta caro. La previsión, en cambio, protege.

La responsabilidad fiscal no es un concepto técnico reservado a economistas. Es una garantía para la vida diaria de la gente. Cuando el Estado administra con prudencia, protege el poder adquisitivo, reduce riesgos, genera confianza y preserva las condiciones para seguir avanzando.

La verdadera fortaleza de un gobierno no está en gastar más, sino en gastar mejor. No está en aparentar abundancia, sino en actuar con responsabilidad. No está en evitar decisiones difíciles, sino en tomarlas a tiempo para proteger al país.

Hoy, más que nunca, gobernar exige priorizar. Y priorizar, en este momento, significa colocar los recursos del Estado al servicio de lo esencial: la estabilidad, la protección social, la confianza económica y el bienestar de los dominicanos.

Esa es la responsabilidad de un gobierno que entiende su tiempo. Esa es la obligación de un liderazgo que no espera la crisis, sino que se prepara para enfrentarla.

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Deligne Ascención Burgos

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