Opinión

Pasión por el béisbol 

Desde mi óptica fue bola no strike

El partido entre República Dominicana y Estados Unidos no fue simplemente un juego

Fernando Tatis Jr.

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El béisbol en la República Dominicana es más que un deporte: es un idioma común, una emoción compartida y una forma de sentirnos profundamente conectados entre familias y como nación. El Clásico Mundial de Béisbol logró lo que pocos eventos pueden: unir a todo un país, dentro y fuera de la isla, bajo una misma esperanza, abrazos entre desconocidos, alzar la bandera cada segundo, sentir la patria en el corazón.

El partido entre República Dominicana y Estados Unidos no fue simplemente un juego. Fue un escenario donde se puso a prueba el carácter, la disciplina y el corazón de un equipo que venía demostrando, juego tras juego su compromiso con la camiseta y con su gente. Nuestros jugadores llegaron con fuerza, determinación y la ilusión de seguir avanzando, respaldados por un desempeño sólido en sus encuentros anteriores y el calor de todo un pueblo.

El béisbol, como la vida, a veces se decide en segundos, en un instante. En una sola decisión. Y así llegó ese último lanzamiento, desde mi óptica fue bola, no strike.

El cual quedará grabado en la memoria de millones de dominicanos. No solo por lo que significó en el marcador, sino por lo que representó emocionalmente. Ese último pitcheo, que marcó el final del juego, no fue percibido por muchos como un strike. Si no, en el sentir colectivo, una bola. Una oportunidad que se nos escapó. Una posibilidad que quedó suspendida en el aire.

Más allá del resultado, lo que más dolió fue eso: la ilusión interrumpida.

No podemos afirmar que ese turno adicional hubiese cambiado el destino del juego. El béisbol no ofrece garantías. Pero sí podemos decir que existía la oportunidad. La esperanza de un nuevo bateador, de un nuevo momento, de un giro inesperado que mantuviera vivo el sueño. Y cuando esa posibilidad se desvanece, por lo percibido como un error humano, el impacto trasciende lo deportivo. Es que lo percibí bola jamás strike.

Ese instante no solo cerró un inning. Para los dominicanos , el sueño de ser campeón.

El partido entre República Dominicana y Estados Unidos no fue simplemente un juego

Sin embargo, incluso en medio de ese sentimiento, hay algo que permanece intacto: el orgullo; por un equipo que jugó con entrega, representó dignamente la República Dominicana , dejó el alma en cada jugada, un grupo que, más allá de nombres individuales, demostró la fuerza de la unión, del trabajo en equipo y del compromiso con su país.

Un pueblo que se volcó a apoyar, se reunió en hogares, calles, distintos rincones del mundo. Dominicanos en todos los continentes, en cada lugar donde late un corazón quisqueyano, vibraron con cada jugada. Celebraron, sufrieron y soñaron juntos. Esa conexión es, sin duda, una de nuestras mayores victorias.

Hoy, corresponde felicitar a nuestros jugadores, por su entrega, por su disciplina y por su amor a la patria. Felicitar también al pueblo dominicano, por que demostramos que cuando se trata de nuestra bandera, sabemos unirnos con pasión y respeto. Recordar cómo disfrutamos y sufrimos cada lanzamiento, los abrazos, los gritos, la pena de haber sido desclasificados.

Vendrán nuevas oportunidades, más innings, sueños por construir. Los dominicanos nunca dejamos de creer, siempre volvemos a levantarnos , con más fuerza, más unión y el mismo corazón que nos define.

Ese último lanzamiento podrá quedar en la memoria como un momento de dolor, una jugada discutida, una ilusión interrumpida… pero no define quiénes somos y seguiremos creyendo que fue bola, jamás strike.

El verdadero triunfo está en lo que construimos juntos. Orgullosos de nuestra nación, por algo somos dominicanos.

Sobre el autor
Arabella Michelén

Arabella Michelén