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Montoconchistas: abuso de vulnerabilidad y delitos

El asesinato colectivo cometido por varios motoconchistas contra un servidor municipal que conducía un camión recolector de desechos sólidos del ayuntamiento de Santiago

Motoconchista

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El asesinato colectivo cometido por varios motoconchistas contra un servidor municipal que conducía un camión recolector de desechos sólidos del ayuntamiento de Santiago, nuestra histórica y hermosa ciudad corazón, constituye un terrible retrato del peligroso fenómeno, que en cierne, podría, si no lo contenemos, descomponer y terminar dañando por completo a nuestro tejido social, a toda la nación dominicana. -

La verdad sea dicha, el motoconchismo ha representado una solución informal a la movilidad de millones de dominicanos que a diario deben trasladarse de un lugar a otro, lo cual junto a la mensajería y al creciente fenómeno de entrega por encargo (delivery), se ha convertido en un cotidiano dilema en las vías de nuestras principales ciudades, debido a las continuas violaciones a las normas de tránsito de quienes viven (se mantienen) manejando motocicletas en nuestras calles y avenidas, desafiando las más elementales reglas de la autoconservación, de respeto a la integridad y la vida.

Los motoconchistas y delivery conducen desafiantemente, abusando de su vulnerabilidad, haciendo uso de su capacidad y posibilidad de amenazar y causar daño (material, personal, económico y judicial) a quienes han tenido la mala suerte de confrontar algún percance con ellos, debido casi siempre a su propia temeridad. La situación generada con ese comportamiento se ha convertido en un problema social, en una cuestión de Estado.

El asesinato con alevosía es un crimen agravado, que se genera, como el trágico caso de Santiago, a partir de un acumulado delictivo de amenazar, crear pánico, infundir temor y causar daños, en diferentes modalidades, conduce a que se vaya conformando un perfil y comportamiento delincuencial que debe encararse y detenerse a tiempo, porque podría convertir a nuestras principales ciudades en un infierno, tal como acontece en grandes urbes de América Latina y Estados Unidos. La intimidación y el miedo van de la mano con la vulnerabilidad de los desaprensivos. Los ciudadanos indefensos, al igual que la mayoría de los motoristas, salen a las calles a trabajar para ganarse la vida, no para buscar problemas.

El Estado, como poseedor del monopolio de la represión y el orden, debe entender que la violencia ejercida colectivamente por grupos de ciudadanos, para imponer su voluntad, da lugar al nacimiento de bandas, al crimen organizado, al nacimiento de estructuras criminales, a mafias incontrolables que, como se sabe, son fenómenos propios de sociedades y países en desarrollo, que experimentan expansión económica y crecimiento generalizado. Este es el caso de ciudades como el gran Santo Domingo, Santiago, San Pedro de Macorís, Higüey, Bávaro-Punta Cana, San Francisco, Puerto Plata, Barahona y otras.

Eso obliga pasar a la acción, con planes y políticas públicas.

Sobre el autor
Luis Felipe Rosa Hernández

Luis Felipe Rosa Hernández