Crisis
El petróleo se desploma y luego encarece
La incertidumbre dejó de ser episodio puntual, el crudo, después de desplomarse muy por debajo de los 100 dólares, tardó solo dos días para nuevamente superar ese nivel.
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Irán, que desde el 28 de febrero resiste bombardeos de Estados Unidos e Israel, demostró que no es el enemigo pequeño de que habló Trump, quien suspendió el fuego durante dos semanas, condicionado a que la República Islámica acepte la apertura completa, inmediata y segura del Estrecho de Ormuz.
Irán aceptó hacerlo, pero condicionado: mediante coordinación con sus fuerzas armadas; teniendo en cuenta limitaciones técnicas y el derecho a cobrar un peaje a los buques para la reconstrucción del país tras la guerra, algunos estiman dos dólares por barril de crudo transportado, acreditados en yuanes chinos o en criptomonedas, nunca en dólares.
Aunque las empresas de transporte no confían en la reanudación segura del flujo de combustibles y fertilizantes por el Estrecho de Ormuz, el precio del petróleo se desplomó; en un día registró una de las mayores caídas de su historia, un 19%.
La incertidumbre dejó de ser episodio puntual, el crudo, después de desplomarse muy por debajo de los 100 dólares, tardó solo dos días para nuevamente superar ese nivel.
Parte de la incertidumbre procede de la desconfianza que existe entre Estados Unidos e Irán, proclaman por igual la victoria absoluta y atribuye al adversario derrota abyecta, además, Irán dijo que mantiene las manos sobre el gatillo.
Y parte de la incertidumbre la origina desconocer si el armisticio anunciado por Trump está o no vigente, y como resultado de la alta incertidumbre que existe, se mantiene alta la probabilidad que ocurra una recesión económica mundial o lo peor, estanflación, una mezcla de bajo o nulo crecimiento y alta inflación, esto último porque la brutal alza del crudo es un shock de oferta que hace subir los precios.
Kristalina Georgieva, Directora-Gerente del FMI, dijo que antes del ataque de Washington e Israel contra Teherán, estaban en proceso de mejorar las proyecciones de crecimiento para 2026, pero dado el impacto de la guerra, la revisión será a la baja, y lo mismo está haciendo el Banco Mundial, por ejemplo, redujo el crecimiento de nuestro PIB a 3.6% para 2026.
La narrativa sobre estanflación nos dice que la última se produjo en los años setenta del siglo pasado, Estados Unidos tuvo la contracción económica más aguda desde la Segunda Guerra Mundial, el PIB real se hundió un 7% en el primer trimestre de 1975, después de un pico en 1973, y la inflación no bajó del 10%.
El primer choque petrolero se produjo en 1974 cuando la OPEP triplicó el precio del barril y el dólar se devaluó, y el segundo en 1979, el barril se multiplicó por 2.5 veces, de US$12 en 1977 a US$30 en 1979.
En República Dominicana la factura petrolera se duplicó hasta US$500 millones de dólares en 1981, mostrando la necesidad mantener una política de Estado destinada a reducir la dependencia petrolera, lo que ha venido sucediendo; en 1994 la economía consumía 2.24 barriles por cada millón de dólares de PIB y en 2025 la dependencia se redujo a 0.60 barriles, es decir, en 31 años aumentó su eficiencia energética petrolífera en un 73%.
Pero estos avances no eliminaron el peso de la factura petrolera en nuestra cuenta externa, en 2025, consumimos 208,942 barriles diarios, al precio medio de 60,53 dólares, la factura diaria sumó US$12,647,386 y US$4.616.295,600 en el año, equivalente a un 3.6% del PIB.
El siguiente ejercicio es arbitrario, si este año pagamos un precio medio de 90 dólares, lo que no es descartable, es decir, 26.47 dólares más que en 2025, la factura diaria aumenta a US$18,804,780 y US$6,863,744,700 millones en doce meses, un 5.4% del PIB.
Los números dejan claro lo siguiente: hablar de un precio medio de 60.53 dólares por barril no es igual que hablar de 90 dólares. Por cada dólar que suba el petróleo la factura aumenta en 0.07% del PIB, por lo que el aumento del precio medio en casi un cincuenta por ciento nos costaría 1.8 puntos porcentuales del PIB, reduciendo en igual proporción nuestros ingresos y capacidad de gasto, y sumando pobreza entre los dominicanos.