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En otro planeta

Ha convertido al Congreso Nacional en la principal trinchera de los partidos políticos, los lleve a desacatar una sentencia del Tribunal Constitucional de carácter vinculante para todos los poderes públicos y sectores

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En otro planeta.- Pocos fueron los que pensaron que las candidaturas independientes tendrían en camino fácil para convertirse en una realidad en el sistema electoral dominicano, previsibles como eran las resistencias de la clase política a perder el monopolio de la presentación de candidaturas a cargos electivos tanto a nivel local como nacional, lo que en la práctica equivale a restringir el derecho de los ciudadanos, consagrado en la Constitución, a elegir y ser elegidos. Pero que esa resistencia, que ha convertido al Congreso Nacional en la principal trinchera de los partidos políticos, los lleve a desacatar una sentencia del Tribunal Constitucional de carácter vinculante para todos los poderes públicos y sectores, como recordó ayer con tono de advertencia el juez de esa alta corte José Alejandro Vargas, son palabras mayores que dicen hasta dónde están dispuestos a llegar por ese camino.

Por eso no deben sorprender las declaraciones de un sonriente Alfredo Pacheco, presidente de la Cámara de Diputados, expresando su simpatía (¿o sería mas apropiado llamarla alegría?) por la posibilidad de eliminar las candidaturas independientes, un indicador de que el proyecto que les cierra el paso aprobado en el Senado pasará sin arrugas ni muchas discusiones por las manos de los honorables. Lo que será otra prueba mas, si es que faltaba alguna, de que nuestros políticos no están dispuestos a promover los cambios que necesita la democracia dominicana para ampliar los niveles de representación y participación de los ciudadanos, cuyo interés en los últimos procesos electorales ha ido descendiendo de manera significativa debido a la pérdida de credibilidad de los partidos. Una realidad que se niegan a ver, aferrados con uñas y dientes a sus privilegios, sin darse cuenta de que pueden perderlo todo. Y los ejemplos de lo que pasa cuando la gente deja definitivamente de creer son tan abundantes en la región, que dan ganas de pensar que viven en otro planeta. Claro está, con todos los gastos pagados con el dinero de los contribuyentes.

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Claudio Acosta

Claudio Acosta