Economía
Proyectar el crecimiento no es lo mismo que garantizarlo
Su herramienta insignia, el Atlas of Economic Complexity, proyecta que la República Dominicana crecería en promedio 3.82% anual entre 2024 y 2034.
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La Universidad de Harvard figura de manera recurrente entre las mejores universidades del mundo. Desde uno de sus centros de investigación, el Harvard Growth Lab, se elaboran estudios que hoy influyen en gobiernos y organismos multilaterales.
Su herramienta insignia, el Atlas of Economic Complexity, proyecta que la República Dominicana crecería en promedio 3.82% anual entre 2024 y 2034. Esa estimación coloca al país en la posición 27 a nivel global en crecimiento proyectado del PIB y en el puesto 20 en crecimiento del PIB per cápita.
El Growth Lab combina datos, teoría económica y análisis de políticas públicas para identificar el potencial productivo de los países. Su Atlas mide, entre otras variables, el Índice de Complejidad Económica (ECI), indicador que evalúa cuán diversificada y sofisticada es la canasta exportadora de una nación.
Economías como Japón, Corea del Sur y Suiza encabezan el ranking de complejidad, gracias a exportaciones diversificadas y de alto valor agregado. La República Dominicana presenta un ECI de 0.025 y posición #59, lo que refleja una estructura productiva menos sofisticada, aunque dentro de los parámetros habituales de la región.
Más allá de la posición en el ranking, el dato clave es otro: el potencial de crecimiento estimado (3.82%) está por debajo del promedio cercano al 5% que el país disfrutó entre 2004 y 2019.
Si esa proyección se cumple, la meta oficial de duplicar el tamaño de la economía hacia 2036 luce difícil de alcanzar. Con un crecimiento promedio de 3.82%, el PIB se duplicaría aproximadamente en 2044. Incluso el desempeño reciente ya refleja una desaceleración: entre 2023 y 2025 el crecimiento promedio fue de 3.1%.
Proyectar crecimiento a diez años en un entorno global marcado por tensiones geopolíticas, cambios tecnológicos acelerados y volatilidad financiera es, en gran medida, un ejercicio técnico sujeto a revisiones constantes.
El año pasado lo demostró con claridad: estimaciones iniciales de crecimiento por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI), El Banco Mundial, la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y las autoridades económicas dominicanas, proyectaron un crecimiento del PIB cercano al 5%, terminaron cerrando en torno al 2.1%, el nivel más bajo desde 2004, excluyendo la crisis financiera global de 2009 y el desplome pandémico de 2020.
A pesar del fallido pronóstico, el optimismo se mantiene. Para este año el FMI y el Banco Mundial proyectan 4.5%, el Banco Central 4.0%, la Cepal, más conservadora, 3.6%. Ya veremos.
Entre 2004 y 2012, el país multiplicó su PIB corriente en dólares por 2.6 y el PIB per cápita por 2.4. En ese período, el gasto de capital promediaba alrededor del 4% del PIB y el modelo económico operó sin grandes reformas estructurales.
En contraste, entre 2022 y 2025 el PIB corriente en dólares ha crecido apenas 1.1 veces. El menor nivel de inversión pública en las últimas dos décadas y la ausencia de reformas profundas parecen estar pasando factura.
El propio Harvard Growth Lab señala que, incluso, para sostener el 3.82% proyectado, el país debe mejorar su productividad, especialmente en educación e innovación, fortalecer la calidad institucional y reducir la desigualdad.
En otras palabras, el crecimiento futuro no dependerá solo de estabilidad macroeconómica, sino de transformar la estructura productiva. Sin mayor complejidad económica, sin diversificación exportadora y sin capital humano competitivo, el potencial seguirá siendo limitado.
Las proyecciones están ahí. El reto es convertirlas en realidad.