Opinión

Juan Manuel Morel Pérez

Abogado, docente, Magister en Seguridad y Defensa Nacional, Especialista en Derechos Humanos y Derecho Internacional humanitario, Especialista en geopolítica, doctorando en derecho Administrativo iberoamericano, Coordinador del Observatorio de Seguridad y Defensa-RD

La reconfiguración de la seguridad integral

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El debate sobre si la seguridad antecede al desarrollo, o si es el desarrollo que garantiza la seguridad, ha acompañado a los Estados modernos desde sus orígenes. Algunos sostienen que sin seguridad no puede existir progreso económico; otros afirman que, sin desarrollo, la seguridad se convierte en represión. La verdad es que ambos elementos son interdependientes: la seguridad protege el proceso de desarrollo, y el desarrollo legitima y fortalece la seguridad. Sin embargo, esta relación solo se convierte en garantía cuando se integra un tercer componente: los derechos humanos.

Los derechos humanos son el límite que impide que la seguridad se transforme en arbitrariedad del poder y que el desarrollo se convierta en privilegio de unos pocos. Constituyen la base de la legitimidad del Estado y del bienestar colectivo. Una sociedad que garantice la convivencia sin percepción de amenazas y riesgos y al mismo tiempo respeta la dignidad humana configura las condiciones para el desarrollo humano, ya que la seguridad protege la estabilidad, objetivos e intereses nacionales, el desarrollo impulsa el bienestar y la prosperidad, y los derechos humanos garantizan que ambos se ejerzan con legitimidad y equidad.

Así, la vieja discusión sobre qué antecede a qué pierde fuerza frente a una visión integradora y humanista: no hay seguridad sin derechos humanos, ni desarrollo sostenible sin seguridad. La clave está en armonizar cada componente, reforzándose mutuamente, hasta configurar una verdadera seguridad societal. En este sentido, la fórmula clásica ha evolucionado hacia una síntesis más completa: Desarrollo + Seguridad + Derechos Humanos = Seguridad Integral. Esta nueva visión plantea que la seguridad no puede ser entendida ni garantizada sin desarrollo, y que el desarrollo, para ser pleno, debe integrar mecanismos que protejan derechos, libertades y dignidad humana. Se trata de una propuesta que reemplaza el enfoque tradicional de seguridad coactiva y bienestar económico por una estructura basada en estabilidad, prosperidad y respeto a la dignidad humana.

Cuando estas dimensiones se articulan con garantías efectivas, la seguridad integral deja de ser coerción o acumulación de recursos, y se convierte en una forma de vida digna. Reconfigurar esta ecuación será objeto de múltiples debates, ya que diversos enfoques han intentado responder si es la seguridad la que permite el desarrollo, o si es el desarrollo el que garantiza la seguridad, pero olvidaban el tercer elemento de la ecuación: los derechos humanos. Algunos autores y organismos sostienen que sin seguridad no hay desarrollo y viceversa. Desde el paradigma de la seguridad humana, se plantea que el desarrollo es la mejor prevención contra la violencia. La pobreza, la exclusión y la falta de oportunidades son factores estructurales que fomentan la inseguridad. Estas condiciones deterioran el desarrollo y, a su vez, se correlacionan con la violencia, mientras que un entorno pacífico favorece el logro de los objetivos de desarrollo sostenible. La ecuación ampliada, que integra derechos humanos, redefine la seguridad desde la dignidad humana. La seguridad y el progreso nacen del respeto de los derechos humanos, que son el núcleo del desarrollo y la seguridad.

De acuerdo al General Paco Moncayo, doctrinario de referencia obligatoria, “la seguridad depende de las capacidades del poder nacional. El subdesarrollo representa una grave debilidad estructural que afecta directamente a la seguridad. Por ello, Seguridad y Desarrollo son partes inseparables de una sola ecuación. Los Objetivos Nacionales están íntimamente ligados al desarrollo, que constituye el propósito esencial del quehacer estatal. En consecuencia, la Estrategia de Seguridad Nacional orienta su esfuerzo y participa activamente en la consecución del Desarrollo Nacional”.

La fórmula: Desarrollo + Seguridad + Derechos Humanos = Seguridad Integral no es un simple concepto teórico: es una propuesta que desplaza el paradigma clásico y lo redefine desde la dignidad humana como eje estructural. Por eso la seguridad y el desarrollo, por sí solos, no garantizan progreso ni tranquilidad. Solo cuando se integran con los derechos humanos se convierten en una verdadera seguridad integral, capaz de sostener un Estado legítimo y una sociedad que no vive solo para defenderse y acumular, sino para vivir mejor.

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Juan Manuel Morel Pérez

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