Desafíos
Las Relaciones Públicas en el marco de la nueva realidad
La nueva realidad también ha transformado las relaciones públicas
La nueva realidad global no solo ha transformado la economía, la política y la vida social; también ha dejado al desnudo las profundas limitaciones del modelo tradicional de Relaciones Públicas. El rol de las relaciones públicas en el contexto de la nueva realidad, necesita un reenfoque o reseteo conceptual, ya que la magnitud del desafío exige ir más lejos: las Relaciones Públicas no están simplemente llamadas a actualizarse, sino a romper con una cultura profesional que, en muchos casos, ha normalizado la manipulación, la opacidad y la incoherencia institucional.
La pandemia, la revolución tecnológica y la hiperconectividad han creado un ecosistema donde la verdad circula con la misma velocidad que la mentira, y donde las audiencias —cada vez más críticas, informadas y vigilantes— no toleran discursos vacíos ni relatos construidos para encubrir malas prácticas. En este contexto, insistir en estrategias comunicacionales basadas en el maquillaje reputacional no es solo un error técnico: es una irresponsabilidad ética.
Resulta pertinente afirmarlo con rigor conceptual: la gestión de las Relaciones Públicas se vuelve insuficiente cuando permanece anclada en el tradicional modelo de Agente de Prensa. La configuración contemporánea del entorno comunicacional demanda la incorporación articulada de enfoques interculturales, competencias digitales avanzadas y marcos estratégicos integrales capaces de responder a dinámicas locales y globales caracterizadas por su acelerada transformación. Pese a la complejidad de este escenario, las Relaciones Públicas continúan constituyendo un dispositivo confiable para la construcción, circulación y legitimación de narrativas de valor social generadas o facilitadas por organizaciones empresariales, instituciones públicas, marcas, entidades gubernamentales y actores individuales con incidencia pública.
Es innegable, las relaciones públicas en el marco de la nueva realidad deben alinearse con valores como la transparencia, la coherencia, la empatía y la sostenibilidad. Sin embargo, el problema no es únicamente de principios; es también de estructura profesional. Durante décadas, las Relaciones Públicas han sido utilizadas como herramientas para gestionar crisis creadas por la propia falta de ética institucional. Se ha pretendido que la narrativa sustituya a la conducta, que el discurso reemplace a la evidencia, que la imagen oculte la incoherencia. Ese modelo ya no funciona, y la nueva realidad lo ha dejado en evidencia.
La gestión de activos intangibles —reputación, credibilidad, licencia social, capital relacional— no puede seguir siendo un ejercicio cosmético. En un entorno donde la legalidad ya no garantiza legitimidad, las organizaciones deben comprender que la licencia social se gana con hechos verificables, no con campañas publicitarias ni con influencers contratados para simular autenticidad. La ciudadanía exige coherencia entre el ser y el parecer, y las RR. PP. deben convertirse en guardianas de esa coherencia, no en arquitectas de ficciones institucionales.
No se puede tapar el sol con un dedo, la infodemia y la superficialidad informativa inciden de manera directa en el estado de la opinión pública. Este fenómeno no solo amenaza la calidad del debate democrático, sino que pone a prueba la capacidad de las RR. PP. para producir contenidos rigurosos, verificables y socialmente responsables. En un ecosistema mediático dominado por algoritmos, la responsabilidad profesional no puede limitarse a “posicionar mensajes”, sino a construir sentido, promover pensamiento crítico y contribuir a la alfabetización digital de las audiencias.
Hoy, mañana y siempre, resulta evidente que las Relaciones Públicas constituyen —en el presente y en el futuro previsible— un componente esencial de la gestión estratégica, táctica y operativa de las organizaciones. Su función es decisiva para definir, implementar y posicionar, tanto interna como externamente, los elementos tangibles e intangibles que configuran el Perfil de Identidad Corporativa (PIC).
En este sentido, empresas, instituciones y marcas siempre requerirán un acompañamiento profesional y ético en Relaciones Públicas que les permita establecer vínculos sostenibles, anticipar y gestionar conflictos, contribuir a la humanización de los entornos laborales, promover un diálogo genuino y colaborativo, desarrollar mecanismos confiables de articulación con sus grupos estratégico y de interés, así como garantizar la coherencia y consistencia entre las narrativas institucionales y las prácticas organizacionales.
Ninguna empresa, institución o marca ´puede sobrevivir de espalda a la realidad, la relación entre inteligencia humana y artificial es, sin lugar a duda, una verdad innegable. La cuarta revolución industrial no es un escenario futuro; es una realidad que redefine la comunicación, el trabajo y la interacción social. Las RR. PP. deben comprender cómo operan los algoritmos, cómo se construyen las burbujas informativas y cómo se manipulan las emociones en entornos digitales. Sin esta comprensión, el oficio corre el riesgo de quedar subordinado a plataformas tecnológicas que operan sin criterios éticos.
En definitiva, la nueva realidad exige que las Relaciones Públicas trasciendan su rol histórico de simples gestoras de percepciones y asuman una función más profunda y estratégica: convertirse en garantes de la verdad institucional, articuladoras de coherencia y constructoras de confianza social. No se está ante un ajuste cosmético, sino frente a una transformación de naturaleza epistemológica y ética.
A continuación, se presenta el portafolio de algunas de las actividades esenciales que configuran el quehacer de las Relaciones Públicas en esta nueva realidad, en la que todo se sabe, todo se comenta y todo se difunde, y donde la transparencia se convierte en la única vía legítima para existir e interactuar con la sociedad:
- Prevenir y gestionar de manera oportuna los conflictos sociales, laborales, corporativos, políticos y medioambientales.
- Contribuir al fortalecimiento de la paz, la armonía, el diálogo y la articulación en todos los ámbitos de interacción social y organizacional.
- Gestionar estratégicamente los activos intangibles de las organizaciones y sus marcas.
- Acompañar y apoyar a todos los subsistemas que conforman el sistema organizacional.
- Fomentar una cultura de transparencia dentro y fuera de las organizaciones y marcas.
- Relacionar el comportamiento organizacional y de marca con los efectos del calentamiento global y su vínculo con el cambio climático.
- Orientar oportunamente a directivos y ejecutivos para que asuman responsabilidades, den la cara y ofrezcan disculpas cuando corresponda, en cualquier momento, lugar o circunstancia.
- Gestionar de manera estratégica la visibilidad e invisibilidad institucional, según las necesidades del contexto.
- Administrar el permiso o licencia social de las organizaciones y marcas, tomando como referencia la ciudadanía corporativa y la responsabilidad social.
- Planificar, ejecutar y controlar estrategias y acciones que garanticen coherencia, sinergia y credibilidad entre el ser y el parecer de las organizaciones y marcas.
- Incentivar en directivos, ejecutivos y colaboradores la práctica del liderazgo basado en el ejemplo.
- Visibilizar los logros y resultados alcanzados mediante buenas prácticas organizacionales.
- Establecer y mantener mecanismos que promuevan relaciones de puente, no de muro, entre los distintos públicos.
- Impulsar el respeto y la convivencia responsable con los recursos naturales no renovables.
- Acompañar a las organizaciones y marcas en la adecuada gestión de la disculpa pública.
- Pensar, actuar y decidir en sinergia con el talento humano del área de asuntos corporativos.
Como se observa, los roles estratégico, articulador y dialógico de las relaciones públicas no desaparecerán. En este ámbito, las corporaciones, empresas, agencias públicas y marcas siempre necesitarán crear y mantener relaciones armoniosas, fluidas y de mutua cooperación con sus grupos estratégicos y de interés.
Desde el siglo XX, las estrategias y actividades de las relaciones públicas se han sustentado en la ética, la transparencia y la construcción de un capital relacional sostenible y creíble, gracias a la visión y los esfuerzos continuos de los padres práctico y teórico de la disciplina, Ivy Lee y Edward Bernays. Sin embargo, hoy, ante las perspectivas que plantea la nueva realidad, las RR. PP. se ven compelidas a replantear tanto su marco teórico como su praxis.