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Señal

Santiago no es un caso aislado: es un espejo incómodo

Lo ocurrido en Santiago —la muerte de un chofer municipal bajo la sombra de una presunta deuda— no es solo una noticia.

Santiago

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Lo ocurrido en Santiago —la muerte de un chofer municipal bajo la sombra de una presunta deuda— no es solo una noticia. Es una señal. Una de esas que incomodan porque obligan a mirar lo que preferimos no ver: cómo estamos produciendo, cobrando y conviviendo como sociedad.

Detrás del caso aparecen tres grietas que, juntas, se vuelven peligrosas:

1. La informalidad que normaliza lo irregular

En República Dominicana, las mipymes son el corazón de la economía. Generan empleo, sostienen familias y mueven territorios. Pero también operan, en gran medida, en una zona gris. Casi la mitad del empleo sigue siendo informal, lo que significa transacciones sin contratos claros, préstamos sin regulación, cobros sin límites.

Cuando lo informal se vuelve cultura, lo irregular deja de escandalizar.

Y cuando deja de escandalizar… empieza a escalar.

2. La debilidad del control que llega tarde

Sí, existen leyes, registros, supervisión. Pero muchas veces el control no es preventivo, es reactivo. Llega cuando el daño ya está hecho.

¿Quién verifica cómo se presta dinero en la calle?

¿Quién regula las tasas, las condiciones, los métodos de cobro fuera del sistema formal?

¿Quién protege al ciudadano que no tiene otra opción que recurrir a estos mecanismos?

El Estado no solo debe registrar empresas; debe garantizar que la actividad económica no se convierta en un espacio de abuso o violencia.

3. La pérdida de ética… incluso donde debería sobrar

Si se confirma la participación de agentes en esquemas de préstamos informales, la preocupación es aún mayor. Porque ahí no hablamos solo de economía, sino de conflicto de roles: quien debe proteger, no puede simultáneamente presionar, cobrar o intimidar.

No se trata de si ganan bien o mal.

Se trata de que la autoridad no puede convertirse en actor del problema.

Entonces, ¿qué nos está diciendo Santiago?

Que el dinero sin reglas rompe el tejido social.

Que la necesidad sin opciones empuja a riesgos.

Y que la ética, cuando se negocia, se paga caro… a veces con vidas.

Una mirada desde la Empresarialidad 4.0

Si algo necesita este momento es volver a lo esencial:

personas + procesos + herramientas, integrados bajo gobernanza, ética y valores.

• Personas: ciudadanos y emprendedores con educación financiera y conciencia de derechos.

• Procesos: mecanismos claros, legales y accesibles para prestar, cobrar y resolver conflictos.

• Herramientas: tecnología y datos para dar trazabilidad, transparencia y control.

No es solo formalizar por cumplir.

Es formalizar para proteger.

Cerrar la brecha antes de que se convierta en abismo

Santiago no debería quedarse en un expediente.

Debería convertirse en un punto de inflexión.

• Más control a prácticas de crédito informal abusivo.

• Canales reales de denuncia y protección.

• Supervisión efectiva de quienes ejercen autoridad.

• Y, sobre todo, una narrativa distinta: el dinero no está por encima de la vida.

Hoy más que nunca, necesitamos una economía que funcione…

pero también una sociedad que no pierda el alma en el intento.

Porque cuando el cobro se impone sobre la dignidad,

ya no estamos hablando de negocio.

Estamos hablando de lo que estamos dispuestos a tolerar.

Sobre el autor
Dora Pariente

Dora Pariente