República Dominicana
El verdadero patriotismo
Amar a la República Dominicana no consiste en repetir que es la mejor nación del mundo ni en caer en un chovinismo vacío.

La Plaza de la Bandera.
Hay una artista que interpreta una canción que hoy resuena en cada rincón como estandarte del orgullo dominicano. En sus primeras líneas proclama:
“Yo soy isleña y vengo de Quisqueya,
pero un buen amigo le dice ‘La Bella’.
Y es que mis raíces vienen de esta tierra,
y pa’ quien no lo sepa, ’toy enamorada de ella.
Yo soy isleña y vengo de Quisqueya,
y en mi principio llevo su bandera.
Y es que no hay cariño, na’ que se parezca,
y pa’ quien no lo sepa, a donde vaya siempre seré de ella.”
La melodía es contagiosa. La letra emociona. Y sí, despierta un sentimiento legítimo de pertenencia. Sin embargo, el verdadero patriotismo va mucho más allá de cantar con fervor o de ponerse de pie cuando suenan las notas del himno nacional.
Ser patriota no es un acto momentáneo ni una emoción pasajera: es una responsabilidad permanente. Es comprender que amar a la patria implica actuar frente a sus desafíos sociales, políticos y económicos. Es proponer soluciones, fortalecer instituciones y construir estructuras que hagan posible un país más justo y más habitable para todos.
La palabra patriotismo encierra mucho más que entusiasmo. Proviene del griego patrís, relacionada con la idea de padre. Y así como un hijo honra, protege y cuida a su padre, del mismo modo el ciudadano consciente protege los fundamentos que sostienen su nación. Nadie aplaude al hijo que daña a quien le dio origen; de igual manera, no puede llamarse patriota quien contribuye al deterioro de su país y promueve una cultura de corrupción.
Amar a la República Dominicana no consiste en repetir que es la mejor nación del mundo ni en caer en un chovinismo vacío. No es jactarse de tener las playas más hermosas, sino preservarlas; no es presumir de ríos majestuosos, sino limpiarlos y reforestarlos; no es celebrar los arrecifes de coral, sino comprometerse con su conservación.
Ser patriota no es votar cada cuatro años y desentenderse después; es defender la dignidad del sufragio para que jamás sea comprado con dinero ni manipulado por intereses mezquinos. No es mostrar en anuncios un país que canta y sonríe, sino trabajar para que cada ciudadano pueda caminar sin miedo por sus calles. No es politizar la educación, sino blindarla como herramienta de desarrollo integral y de equidad social.
El patriotismo auténtico se traduce en coherencia: entre lo que se proclama y lo que se practica; entre la bandera que se ondea y los valores que se defienden; entre el orgullo que se expresa y el compromiso que se asume.
Quiero cerrar esta reflexión con palabras de Francisco de Miranda, que resumen con precisión el espíritu de estas líneas:
“El verdadero carácter de un patriota consiste en ser obediente a las leyes de su país y miembro útil de la sociedad a la que pertenece.”
Que esta no sea solo una frase para citar, sino un principio para vivir. Construyamos, con responsabilidad y conciencia, una nueva cara del país y del Estado dominicano. Ese —y solo ese— es el verdadero patriotismo.