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El alma: ¿existe?

Cuando decimos la palabra “alma” pensamos que es un producto de la tradición religiosa, lo que no sabemos es que fue introducida en la cultura occidental por Platón.

TRANSPORTE DE ALMAS - AFRESCO MEDIEVAL

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Hace unos años asistí a una extraordinaria conferencia en Italia del filósofo Umberto Galimberti, esta presentación me motivó y provocó en mí el interés de leer algunos de sus libros: “Gli equivoci dell’ anima”, Feltrinelli, 1986. “Paesaggi dell’anima”. Feltrinelli, 2017. “La Ética del Viandante”, Feltrinelli 2023.

Cuando decimos la palabra “alma” pensamos que es un producto de la tradición religiosa, lo que no sabemos es que fue introducida en la cultura occidental por Platón. ¿Pero, por qué Platón introdujo o necesitó introducir la noción de alma? El interés de Platón era construir un conocimiento universal, válido para todos, sin embargo, se dio cuenta que el conocimiento universal no podía construirse sobre la base de sensaciones corporales. Por ejemplo, si estamos reunidos en un aula de la Universidad UNPHU y tenemos que definir qué temperatura hay en esa aula, cada uno de los estudiantes respondería a partir de sus sensaciones corporales y tendríamos tantas temperaturas como sensaciones corporales de cada estudiante. Con esta base no podemos construir un conocimiento objetivo válido para todos, quiere decir que el conocimiento universal no podrá construirse a partir de las sensaciones corporales, según Platón se debe proceder por números y por ideas, en fin, se debe proceder con construcciones de la mente, por valores universales. Lo importante es entender que el “alma” de Platón, no tiene nada que ver con problemas religiosos, ni con problemas de salvación, sino que tiene que ver con problemas de conocimiento.

Si queremos alcanzar el conocimiento universal debemos trabajar con las construcciones de la mente, no con las sensaciones corporales. El órgano de esas construcciones de la mente es precisamente el “alma”.

Platón utilizó la palabra “Psyché” que significa respiro vital, tanto en el sentido de mente como de alma.

El mundo hebraico, donde la tradición occidental tiene sus raíces, no planteaba ninguna hipótesis dualista, quiero decir no concebían al hombre compuesto de “alma y cuerpo” no existía un dualismo antropológico sino más bien un dualismo cósmico. Los dos, en la tradición judía son “el hombre y Dios”, que pueden estar en oposición o en alianza, pero el hombre es cuerpo y nada más que cuerpo.

Sin embargo, ocurrió un malentendido: cuando la Biblia se tradujo al griego, la palabra en arameo ‘nefesh’ se tradujo al griego como psyché. Esa traducción no es solo una transposición lingüística, sino que se lleva consigo la tradición que la constituyó y confirmó, trayendo consigo toda la cultura griega y particularmente la cultura platónica que había establecido el dualismo del alma y del cuerpo. Si analizamos la palabra nefesh (que aparece 754 veces en el Antiguo Testamento), en su contexto nos damos cuenta de que no tiene nada que ver con el alma. Por ejemplo, el Salmo dice: “me ataron los pies con grilletes y me encadenaron a mi nefesh” Evidentemente, el nefesh aquí es el cuello o la garganta. El pueblo judío se queja ante Yahvé de que les ha estado alimentando con maná (manjar, que fue enviado por Dios para alimentar al pueblo de Israel en el desierto), durante demasiados años y dice que “nuestra nefesh tiene nauseas”, evidentemente se refiere al paladar no al alma.

El libro de Levítico (Tercer libro de la Torá – el Pentateuco - y del Antiguo Testamento - Tercer Libro de Moisés), dice que la persona que se está preparando para ser sacerdote no debe tocar el nefesh met de los animales, met significa muerto, nefesh met significa el alma muerta. Quiero decir que el alma puede morir en el sentido de que el sacerdote no podía tocar el cadáver impuro del animal. Recordemos la frase judía, “ojo por ojo, diente por diente, nefesh por nefesh”, es claro que nefesh es la vida del hombre, quiero decir el cuerpo humano.

Pablo de Tarso (4-64 o 67 d.C.) (autor de las 13 Epístolas Paulinas: Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios. Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón). Pablo estaba con vencido de que los cristianos no morirían, sino que serían llevados al cielo, (primera carta a los Tesalonicenses). Sin embargo, le informan que los cristianos también están muriendo. Pablo transforma su concepto al decir que si están muertos resucitarán. ¿Qué significa que resucitarán? Pablo dice “con un cuerpo neumático”. Por lo tanto, no con un cuerpo, ni con un alma inmortal sino con la resurrección de un cuerpo neumático, hecho de aire, espiritual si queremos traducirlo así hoy, aunque la palabra espíritu sea muy ambigua.

Los cristianos en su acto de fe no creen en la inmortalidad del alma, sino en la resurrección de los cuerpos.

El gran “creador” de la idea de alma como la entendemos hoy es Agustín (San Agustín de Hipona) (354 d.C. – 430 d.C.). Agustín recupera la concepción dualista de Platón: La Ciudad Terrenal y la Ciudad Celestial, así establece el hombre compuesto de alma y cuerpo. Es mucho más fácil pensar que el alma sobrevive después de la muerte que pensar que los cuerpos resucitan. Este enfoque dualista de un neoplatónico como Agustín que deduce de la filosofía de Platón la noción dualista de alma y cuerpo hace un giro radical y decisivo en la historia de Occidente, es decir, este dualismo y la introducción de la palabra alma en Agustín ya no obedece a una necesidad de conocimiento universal y objetivo, sino que responde a la necesidad de salvación, donde los cristianos encuentran el sentido de su destino en la tierra. Desde Agustín, en Occidente estamos convencidos que estamos compuestos de cuerpo y alma, pero insisto. la dimensión del alma surge de la tradición griega (Platón).

Es San Agustín quien hace que el cristianismo logre “el golpe de genialidad”, como lo definió Nietzsche, Es decir, les dijo a todos que somos inmortales, “porque el alma, como lugar de revelación y manifestación de Dios, sobrevive al cuerpo”.

El cristianismo siempre ha sido una religión del cuerpo. Dios se hace carne y sufre todos los acontecimientos corporales que conocemos desde el nacimiento hasta la muerte.

El arte religioso cristiano es un arte de cuerpo. Las otras religiones monoteístas, tanto el judaísmo como el islam no tienen representaciones corpóreas, en los templos, sinagogas y mezquitas, solo aparecen representados versos de la Biblia y del Corán. Es solo la religión cristiana, como religión de la encarnación, la que revaloriza los cuerpos e introduce esta figura del alma para sobrevivir. Esta dimensión dura desde el 400 d.C. hasta el 1500-1600 con el nacimiento de la ciencia moderna.

Al cristianismo le debemos en cierta forma el nacimiento de la historia del arte en Occidente. Es la religión de los cuerpos, las iglesias están llenas de imágenes de cuerpos, una iconografía grandiosa de cuerpos. Vemos a Dios, representado, viejo con la barba, la Virgen lactante al niño, San Sebastián con sus flechas etc. etc.

Desde hace más de 2000 años pensamos que nos dividimos en cuerpo y alma, esta división (escribe Galimberti) nació en Grecia con Platón. Anteriormente, en Homero, por ejemplo, la palabra “cuerpo” solo se utilizaba para indicar el cadáver. Así como la palabra “alma” se usaba solo en el momento de la muerte, es decir, el último aliento. Ni la palabra “alma” ni la palabra “cuerpo” fueron utilizados para indicar al hombre vivo.

Explica Galimberti que en la tradición Occidental del dualismo alma-cuerpo, se introduce con René Descartes (1596-1650), el “cuerpo médico”. Descartes no considera el cuerpo como lugar de las sensaciones, de los humores, sino como elemento de estudio, como una sumatoria de órganos. Esto ha dado origen a cómo el cuerpo viene visto por la medicina, la química, la genética, etc.

Sobre ese dualismo platónico-cristiano se ha basado también la psiquiatría, que estudiaba “il morbus sine materia”. Quiere decir, la enfermedad que no manifiesta síntomas corpóreos.

Después de 2000 años, intentamos renunciar al alma, esto significa renunciar a la inmortalidad, renunciar a una concepción Occidental optimista que se mantiene desde hace más de 2000 años.

Sobre el autor

George Latour Heinsen