En primera persona
De bacás, zánganos y galipotes
El “bacá” es asociado al gallo, porque se decía que para fecundar el huevo de la gallina se debía enterrar el ojo de un gato prieto y luego enterrar junto a este el huevo. Al nacer el huevo se consideraba que era un “bacá”. Esa era la historia.
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Por ONORIO MONTÁS
De la bodega de Blas Ovidio Troncoso y la residencia de mi tía Fredesvinda de la Paz González Amador (Tía Frede), bordeando los rieles de la línea del ferrocarril, separaban la casa algunos cinco kilómetros en Pueblo Nuevo o San Carlos de mi otra tía, Cruz María González Amador (tía Lica), casada con un ¨inspector de colonia¨ del ingenio Quisqueya, don Tito Álvarez. Tía Lica fue la única de las seis hermanas que no tuvo hijos y se convirtió en una “apoyadora” de sus numerosos sobrinos hasta los últimos días de su vida. Tía Frede, en cambio, tenía tres hijos: Ivonne del Consuelo, Blas Ovidio (Blasito) y Rosa Maritza, pero le estaba criando cuatro hijos a su esposo, un próspero comerciante: Diana, Néstor, Alejandro y Celeste de otras mujeres.
Corría el año 1959. Fueron, tal vez, mis últimas ¨vacaciones¨.
Tuve la oportunidad de hacer grandes amistades de mi generación, como Patricia García Bidó, vieja amiga y colega, que tuve la dicha de laborar con ella en la fundación e inicio de los periódicos Hoy y El Siglo. Los padres de Patricia, Martín García y Nereyda Bidó tenían uno de los principales almacenes del poblado de Quisqueya, donde los sábados se concentraban grandes cantidades de minoristas comerciantes y campesinos a suplirse de mercancías en la gran plaza frente al ingenio. Los campesinos llegaban los sábados a los grandes almacenes a suplirse de mercancías y a vender sus productos en la plaza.
Siempre recuerdo a Ketty Castillo Antún, una ¨turquita¨por la que fui flechado por cupido, pero fue todo un amor platónico.
Conocí un “bacá”
En esas visitas diarias a tía Lica me advertían que tuviera cuidado con tanta persistencia para que no llegara muy tarde, que llegó un momento que yo creía que esos monstruos eran mis amigos y que los veía en sus diferentes formas. En ese trayecto estaba la casa de Perico Uribe, tal vez, el mayor almacenista del poblado que suplía a todas las bodegas y pequeños negocios. Se decía que tenía un “Galipote” que había ido a buscar a Haití para que le cuidara sus propiedades y riquezas.
También vivía Diógenes Robles, que era su nombre, y le apodaban Yoyo. Era billetero, rifero, prestamista y aguantero, y para seguridad de sus “inversiones” tenía su protección, en esa época tenía una motocicleta con un letrero que decía: “El Avioncito con Trujillo”, lo que le proporcionaba impunidad con las autoridades. Y parece que era una competencia u obligación estar protegido por un “Bacá”, “Zángano” o “Galipote”, que no era lo mismo. En nuestro país las creencias populares asumen que los brujos o curanderos tienen la capacidad de convertir a las personas en animales para su protección. Me cuenta Yudi, la señora que cocinaba en mi casa, que su abuela en La Llanada, La Vega, le contaba que algunos campesinos hacían acuerdos con brujos para venderle su alma al diablo y su persona, que tenían que subir dos hombres, uno de los dos regresaba con muchas riquezas, el otro no volvía jamás.
De acuerdo con las creencias, los ”galipotes” podían escapar cuando los estaban buscando gracias a su magia y capacidad de duplicación.
Los zánganos tienen las mismas características de lo “galipotes”, pero se diferencias de ellos en que caminan dando grandes zancadas, eso decían.
Y de su capacidad de asumir diferentes formas de animales y ser inmunes a filos de puñales, cuchillos, machetes y balas, así como a las acciones de oraciones y resguardos. Ambos tienen en común también que les gusta salir por las noches a atemorizar a las personas y hacer todo tipo de maldades a quienes encuentren en su camino.
Cuando una persona comienza a progresar económicamente de manera rápida y poco comprensible, la gente comenta entonces que es gracias a que tiene un “Bacá” y que tiene un pacto con el demonio.
Otras creencias populares
El agua de mayo es otra de la cultura popular muy arraigada. Se considera mágica la primera agua de mayo, en especial para las cosechas. Cuando está cayendo, la gente la recoge con las manos y se la pasa por la cara como una forma despojo para purificar su alma y su cuerpo y alejar los malos espíritu de su entorno.
El “bacá”, a menudo descrito como un perro negro grande o un toro, es un ser demoníaco producto de la brujería, que puede otorgar riquezas a cambio de un pacto. El “galipote” es un brujo capaz de adoptar diversas formas, incluyendo animales y objetos inanimados, y se le atribuyen poderes maléficos, como extraviar a las personas o hacerles daño.
República Dominicana está llena de historias de folklore que mezclan fantasía con creencias. Es el caso del “bacá” o ¨baká¨, criatura demoníaca creada a través de la brujería.
Según la leyenda, se trata, de un ser que puede convertirse en cualquiera animal, sobre todo, animales domésticos, como toros, gallos, gatos, etc.
La creencia del “Bacá” es leyenda o ignorancia dominico-haitiana-africana, que refleja el nivel de nuestros pueblos.
El “bacá” es asociado al gallo, porque se decía que para fecundar el huevo de la gallina se debía enterrar el ojo de un gato prieto y luego enterrar junto a este el huevo. Al nacer el huevo se consideraba que era un “bacá”. Esa era la historia.
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