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El persistente mito del discurso histórico dominicano: Bobadilla, redactor de la Manifestación

Cuando Cabral fue derrocado por Báez el 31 de enero de 1868, Bobadilla se fue al exilio junto con el vencedor de La Estrelleta.

Tomás Bobadilla

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§ 13. Sospecho que Tomás Bobadilla, quien buscaba revalidar su título de abogado para ejercer en Puerto Rico, luego de haberse exiliado en aquella isla a raíz de la derrota de los anexionistas en 1865, no tenía prueba alguna ante las autoridades españolas de Puerto Rico y Madrid para demostrar ser el redactor del Manifiesto, pruebas que por lo visto exigían las referidas autoridades con respecto a cada dato aportado en su currículo por el impetrante. La solicitud de Bobadilla se convirtió en una especie de pelota de ping pong que las autoridades se lanzaban unas a otras para no aprobar la reválida del título de abogado del impetrante, porque así se cobraban un viejo agravio del antiespañolismo de Bobadilla al ser uno de los propulsores del manifiesto de declaración de independencia de Núñez de Cáceres en 1821 en contra de la metrópoli y que, luego de apoyar la Anexión, se viró a favor de los restauradores cuando vio el triunfo seguro de este movimiento vencedor del ejército profesional español y que, al lado de Pimentel y Cabral, obtuvo altos puestos públicos.

§ 14. Cuando Cabral fue derrocado por Báez el 31 de enero de 1868, Bobadilla se fue al exilio junto con el vencedor de La Estrelleta. De Venezuela pasó a Puerto Rico y allá solicitó la reválida de su título de abogado para ejercer en la isla, pero las autoridades españolas se vengaron de él. Todavía octogenario le quedaron fuerzas, atraído por Luperón y Cabral, para luchar en contra del proyecto de su acérrimo enemigo Buenaventura Báez, quien negoció con el presidente Grant la conversión de la República Dominicana en un estado de la Unión, error en el que incurrió el propio Cabral en 1866. Bobadilla y Báez, viejos aliados del protectorado francés desde los días en que era consejero político de Santana, mucho antes de ocupar la presidencia de la Junta Central Gubernativa, ahora, por cálculo político y oportunismo y hasta por lazo familiar con su hijo Tomás, se convirtió en restaurador después de la victoria en La Canela. El viejo zorro se volvía en contra de lo que siempre estuvo de acuerdo con Santana y Báez: la inviabilidad de la independencia de la República Dominicana como Estado libre y soberano. (Ver su fracaso final en Rufino, Diccionario biográfico-histórico, ya citado, pp. 71 col 2 y 72 col. 1).

§ 15. Retomando el hilván, el párrafo de la introducción de Rodríguez Demorizi es demoledor frente a la mentira de Bobadilla: «A petición de Ramón Mella, ellos hicieron remitir una copia del Manifiesto a Tomás Bobadilla, hombre instruido, iniciado entonces en la conjuración…» Ergo, en lógica semántica, si le remitieron copia del Manifiesto, ya este había sido redactado. Segundo aserto: Bobadilla no perteneció nunca al movimiento trinitario. Era un miembro del sector externo, como se dice hoy y bajo sospecha de los trinitarios al haber sido un colaborador del gobierno de Boyer y de los conservadores reformistas prohaitianos y que ahora vestía la toga separatista. Por eso el texto dice «iniciado entonces en la conjuración». Ese “entonces” equivale semánticamente a “en aquel momento”. ¿Quién le inició? Mella, muy probable, pues Duarte estaba en el exilio. Aunque Sánchez pudo haberle atraído como colegas, ambos defensores públicos. Pero otros investigadores aseguran que Mella, por sus ideas conservadoras, estaba más cercano a Bobadilla.

§ 16. Otras dos falacias de la parrafada de Bobadilla para embobar a sus colegas legisladores es el argumento de que, al fundarse la república, no tenía «ninguna ambición ni ningún interés personal ni otro deseo que el bien del Público, y el sacudir el yugo degradante de los Haytianos…». Pura retórica: si no hubiese tenido afición a los cargos públicos, hubiese cedido a Sánchez o a Mella la presidencia de la primera Junta Central Gubernativa. Eso sí que hubiera sido patriótico y virtuoso al reconocer el mérito de estos dos patriotas que sufrieron persecución y cárcel de parte del gobierno haitiano, mientras él -Bobadilla- observaba el desarrollo de los acontecimientos desde las gradas del consulado francés y como buen oportunista político se sumó a la causa únicamente cuando vio que el triunfo era seguro, al igual que durante la Restauración. De ahí la famosa frase que se atribuye Miguel Ángel Garrido pronunciada cuando vio al viejo zorro sumarse al movimiento separatista: «Yo me voy con los muchachos porque veo que se van a salir con la suya.» (Lugo Lovatón, ibid.., p. 168). Pero hay más: No fue por sacudir el yugo haitiano la razón del apoyo de Bobadilla al movimiento separatista. Hasta antes del 27 de febrero y desde la llegada de Boyer en 1822, fue funcionario de la judicatura y ocupó otros cargos importantes en la burocracia haitiana, aunque cierto es que al final columbró el desastre haitiano debido a la anarquía que observó en los mandos militares de la república occidental.

§ 17. Pero hay todavía más: La falacia de su desinterés por los cargos públicos quedó desmentida por los múltiples Ministerios que desempeñó luego del golpe del 12 de julio de 1844 de Santana contra la presidencia de Sánchez. Incluso el propio liberticida llegó a proclamarlo como su “ministro universal”. Pero ahora Bobadilla era víctima de sus propias maquinaciones, como víctima suya fueron María Trinidad Sánchez y varios patriotas fusilados por esa dupla del mal compuesta por él y Santana: hateros enemigos a muerte de la pequeña burguesía mercantil alta, media y baja. La última falacia de este calculador político fue la de fingir ante sus colegas del Congreso Nacional que no tenía riquezas: «… me iré a playas extranjeras a mendigar mi subsistencia, porque es público que yo no tengo fortuna, ni he podido acumular siquiera una subsistencia desembarazada; pero esto lo haría con la más solemne protesta que hago a la faz de Dios y de la Nación de que no soy impelido [a exiliarme] sino por la violencia que se me hace con estos manifiestos, y porque se me quiere suponer la piedra de toque de todas las dificultades y el origen de otros acontecimientos que dicen se preparan en nuestro horizonte político…» (ob. citada, pp. 234-35).

§ 18. Está demostrado que aparte de los sueldos de ministro, juez o tribuno, Bobadilla era propietario de cortes de madera, no tan abundantes como los de su enemigo mortal Buenaventura Báez, pero que le permitían llevar una “subsistencia desembarazada” en caso de abandonar la burocracia de la que fue un sicodependiente empedernido. Lo ratifica Rufino Martínez: «Viejo ya, pero todavía apto para [ser] llevado y traído por la marea de la política, más que por ella por la necesidad de un sueldo para vivir, pues su organismo no resiste la faena de campo de los cortes de madera suyos, en los cuales pretendió refugiarse después de cumplidos los setenta años» (Diccionario biográfico-histórico, ya citado, p 71, col. 2). El Estado creado por Santana y el comercio eran las únicas dos formas seguras de acumulación de riquezas en aquel siglo XIX. Bobadilla prefirió el Estado y no los cortes madereros y por esa razón fue enemigo de Báez: competían por el mismo espacio de acumulación de riquezas, prestigio social y dominio político.

§ 19. La propalación de este error inicial que se repite de un historiador a otro hasta el infinito tiene su origen histórico en esta parrafada de Bobadilla ante el Congreso Nacional en busca de absolución o quizá de una rebelión que le encumbrara al poder contra Santana, desprestigiado por el desastroso manejo de la economía y la pérdida de apoyo popular que le llevarán primero a retirarse a finales de febrero a su feudo de El Prado y luego a renunciar a la presidencia el 4 de agosto de 1848. Pero nada de esto sucedió y Bobadilla debió marchar al exilio para volver al lado de Santana tan pronto amainó la crisis económica europea que repercutió en nuestro país y causó la renuncia momentánea de Santana y el favorecimiento suyo a Manuel Jimenes luego de derrocarle el 30 de mayo 1849 ante su incompetencia para dirigir la guerra en contra de las nuevas invasiones haitianas. Esta incompetencia preparó al poco tiempo el golpe de Estado en contra del gobernante y permitió la vuelta de Santana al mando del poder y establecer una entente entre él y su protegido Buenaventura Báez, con esa especie de pacto verbal secreto de alternarse en el poder hasta la ruptura definitiva entre el hatero y el burgués mercantil maderero. Pero antes de sucumbir, a Manuel Jimenes le cupo el mérito de decretar una ley de amnistía que le permitió a los trinitarios volver al suelo patrio (excepto Duarte que dijo no regresar, porque, vio lúcidamente, que sus enemigos estaban en el poder). Esta amnistía le permitió a Bobadilla colarse y volver al país a servir, con más fe, a Santana.

§ 20. Y lo consigno de nuevo: el error de un historiador a otro, ayudado por la parrafada de Bobadilla, se reafirmó de un texto a otro de los discursos sobre la historia dominicana cuando el santanista Rodríguez Demorizi decretó, con su autoridad patriarcal e intelectual, y contradictorio con lo expresado por él en su introducción a El Acta de Separación dominicana… (p. 18) al reproducir lo siguiente en Acerca de Francisco del R. Sánchez: «…nuestra acta de Separación, redactada por don Tomás Bobadilla.» Este fue el infundio del propio Bobadilla ante el Congreso Nacional que él quiso que pasara como verdad irrebatible de la historia patria. En su Resumen de historia patria, de 1921, Bernardo Pichardo repite la falacia del discurso de Bobadilla de ser el autor del Manifiesto (Santo Domingo: Colección Pensamiento Dominicano, 6ª ed. 1974, p. 93). El mismo error lo continúa Casimiro de Moya, quien parafrasea a García sin citarlo (Bosquejo histórico del descubrimiento y conquista de la isla de Santo Domingo, t. II. Santo Domingo: Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1976, pp. 146-147 [1913]. Y le emula Manuel Ubaldo Gómez en su Resumen de historia de Santo Domingo (Santo Domingo: Editora de Santo Domingo, 1983, p. 101 [1911] donde no menciona en absoluto los autores de la redacción de la Manifestación del 16 de enero de 1844. El perspicaz Frank Moya Pons, entre los historiadores de hoy, sugiere que Bobadilla fue uno de los redactores del Manifiesto, posición inédita en desacuerdo con los historiadores anteriores: «El 1 de enero de 1844 los afrancesados de Azua lanzaron un manifiesto dando cuenta de las razones que los llevaban a buscar la separación de la República y a ampararse bajo la protección de Francia. Quince días más tarde, el 16 de enero, Bobadilla y los trinitarios prepararon su propio manifiesto en el cual invitaban a la rebelión contra los haitianos…» (Manual de historia dominicana. Santo Domingo: Caribbean Pubilishers, 11ª ed. 1997, p. 277).

§ 21. Otro historiador contemporáneo de Moya Pons, Roberto Cassá, en un opúsculo biográfico sobre Bobadilla, afirma, sin citar las fuentes en el cuerpo del texto, lo siguiente: «Sánchez redactó el Manifiesto del 16 de Enero, en que enunciaba las causas del derrocamiento del dominio haitiano y la política que debía seguir la República Dominicana. Las fuentes coinciden en que Bobadilla tomó parte en la elaboración del texto, siendo lo más creíble que lo corrigiese y ampliase.» (Tomás Bobadilla. Santo Domingo: Colección Tobogán, Alfa y Omega, 2000, p. 24). Estimo que Cassá se basó en Lugo Lovatón y el testimonio de Manuel Dolores Galván (Sánchez, obra citada, pp. 160-169) y para el dato de la ausencia de Bobadilla de la Capital la noche del 27 de febrero se basó en lo dicho por Rufino Martínez (Diccionario…, ya citado), quien consigna el dato, allí donde muchos historiadores afirman lo contrario. (Ambos libros figuran al final del opúsculo de Cassá y sus ideas me parecen más cercanas a la realidad de lo sucedido entre enero y el 27 de febrero de 1844).

§ 22. Finalmente, para abandonar este párrafo, concuerdo con la opinión de Lugo Lovatón acerca del hecho que Bobadilla desaprovechó la magnífica oportunidad de declarar públicamente que fue él el único redactor del Manifiesto de 1844 cuando el 26 de septiembre de 1844 agotó su turno en el Congreso Constituyente de San Cristóbal en representación de la Junta Central Gubernativa, pero en vez de reafirmar la importancia histórica de aquella noble y heroica acción personal, se dedicó a parafrasear y divagar cómo Sánchez y los trinitarios realizaron el portento de la separación la noche del 27 de febrero de 1844. Acota Lugo Lovatón que el día en que se «comprobara que Bobadilla fue quien redactó el Manifiesto del 16 de Enero, quedaría al mismo tiempo aclarado que en aquella memorable fecha de Septiembre de 1844 calló modestamente su paternidad del documento.» (obra citada, p. 164). A Bobadilla le es aplicable la moraleja de la fábula 14 de Esopo (colección Hausrath): «… los mentirosos alardean más cuando no tienen quien los desmienta.» (CONTINUARÁ).

Sobre el autor

DIÓGENES CÉSPEDES

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