Franklin Domínguez:
La dramaturgia protagonizando el epílogo de Trujillo
Recorte de periódico
Por Bienvenida Polanco-Díaz
En 1960 la cultura oficial dominicana estaba en buena medida dirigida por dramaturgos de oficio: Máximo Avilés Blonda al frente del palacio y Escuela de Bellas Artes, y Franklin Domínguez, en Relaciones Públicas, ambos egresados del Tean (Teatro Escuela de Arte Nacional). Domínguez dirigió aquel año la ‘revista de la Secretaría de Estado de Educación y Bellas Artes en cuya edición correspondiente a enero-abril dedicó varias páginas a los detalles del drama ‘Espigas maduras’ estrenado en el Palacio de Bellas Artes el 26 de abril e aquel año .
Un ejemplar de la revista se resguarda en la hemeroteca del Archivo General de la Nación, convenientemente digitalizado. Incluye varias fotografías de los actores en escena, el dibujo de los decorados, información sobre la dirección y datos sobre el contenido mismo de la pieza.
1959: primer texto
contestatario
El poder de convocatoria de la dramaturgia de Franklin Domínguez sobre el público dominicano estuvo sobradamente probado desde sus primeras piezas escritas y estrenadas en la década de los cincuenta. El grupo teatral de la Facultad de Odontología de la Universidad de Santo Domingo, por ejemplo -más tarde convertido en el Teatro Universitario- se inauguró en 1958 con una de sus obras: ‘La broma del senador’… Para 1960 era un actor y escritor de teatro exitoso y respetado. No pasaba lo mismo con Héctor Incháustegui Cabral, intelectual más conocido y apreciado como ensayista y poeta.
Los acontecimientos de Junio de 1959 precipitaron en todo el territorio de la República Dominicana el sentimiento de repulsa en sectores de la sociedad conscientes de lo que significaba una dictadura déspota con poder prácticamente ilimitado.
Un primer grupo de revolucionarios llegó a República Dominicana el 14 de junio en un avión Catalina que aterrizó en Constanza, y el segundo grupo en dos lanchas que tocaron aguas del Atlántico por Maimón y Estero Hondo, en la provincia Puerto Plata, el 20 de junio.
El periódico El Caribe del día 21 informó que ‘’las operaciones para acabar con los expedicionarios las dirigió personalmente Rafael Leónidas Trujillo Molina’’. En Santiago, ese mismo día el diario La información calificó a los héroes como “sediciosos” y declaró que el aplastamiento de las expediciones ‘’fue una gesta heroica para preservar la tranquilidad y la paz de la ciudadanía’’.
El intento guerrillero contra el gobierno fue derrotado desde el punto de vista militar por el ejército y la fuerza aérea del Gobierno, pero logró plantar la semilla de rebelión en muchos, y 1959 fue un año de fuertes reacciones y necesarias tomas de posición.
En octubre, la noche del doce aquel año la compañía del Teatro.
Escuela estrenó en el palacio de Bellas Artes el drama ‘Prometeo’ de Incháustegui Cabral, una recreación libre de la tragedia de Esquilo. La puesta en escena, anclada en un texto de esmerada factura, tuvo una acogida favorable de la crítica en periódicos y revistas de la época, más especializada y culta, pero no así del público general, naturalmente muy alejado de los clásicos griegos. El Tean (Teatro Escuela de Arte Nacional) la llevó de nuevo a las tablas en marzo del año siguiente.
El drama del autor banilejo (1912-1979) constituyó, sin embargo, el primer manifiesto subversivo que desde ambas aristas de la dramaturgia -escritura teatral y escenificación- se alzó en denuncia contra la tiranía, es decir, desde la literatura dramática y desde el teatro.
Cabe aquí señalar que algo distinto pasó con ‘Creonte’, obra dramática de Veloz Maggiolo, de factura análoga pero no escenificada y que no fue hecha pública sino posteriormente a su edición en 1963.
La pieza de Incháustegui en tres actos, a diferencia de la de Esquilo de uno solo, se concentra en el tema del miedo. El personaje principal está atado a una silla de ruedas, impotente ante su padre, una figura que desprecia. El inválido es el sujeto trágico, el hijo menor aplastado por el temor pero que se esfuerza por convencer a aquellos que lo rodean de que la tenencia de la tierra y la tradición paternalista son elementos adversos a la libertad. Aunque alejada del gran público, el ‘Prometeo’ colocó a Incháustegui como uno de los más importantes autores de la literatura dramática dominicana de todos los tiempos. En 1972, la primera selección antológica de nuestra escritura destinada a las tablas le consolidó como parte del quinteto de autores que dieron giro importante y definitorio a la modernización de nuestra dramaturgia siglo XX, junto a Ivá García guerra, Manuel Rueda, Máximo Avilés Blonda y Franklin Domínguez. ‘Espigas maduras’: Literatura y Teatro.
Es ya proverbial en el contexto de la dramaturgia dominicana la mención del éxito alcanzado por la pieza de Franklin Domínguez estrenada en el entonces novedoso y magnífico palacio de Bellas Artes. Aparece anunciado su estreno en los periódicos de la época desde varias semanas antes y tanto el trabajo actoral, la dirección y el contenido del texto fueron muy bien acogidos y ampliamente comentados.
La revista de la Secretaría de Educación, 1960 menciona –p. 50- que ‘’entre las actividades privadas que han merecido los auspicios oficiales y que han sido realizadas en Bellas Artes debe considerarse la presentación del grupo teatral la Comedia del Arte que estrenó con gran éxito, del 26 de abril al primero de mayo, la interesante obra dramática en tres actos ‘Espigas maduras’ del autor dominicano Franklin Domínguez’’...‘’Trata de una familia que ha perdido a la madre y se encuentra sujeta a las arbitrariedades del padre, un hombre ambicioso y egoísta; es la lucha de hombre por imponer su personalidad, su individualidad’’ –p.61-.
El Teatro Escuela de Arte Nacional, bajo la dirección de Juan González Chamorro, mantenía aquellos días un considerable ritmo de puestas en escena, en general de autores europeos. En enero de 1960 realizó dos representaciones de ‘Living room’ de Graham Greene. En marzo repuso con éxito el ‘Prometeo’ de Incháustegui Cabral y en aquel mismo abril estrenaba ‘Melocotones en almíbar’ del español Miguel Mihura y ‘Don Gil de las calzas verdes’ de Tirso de Molina; fue, sin embargo, ‘Espigas maduras’ de hecho el acontecimiento artístico del año.
Aparte del estreno y seis días siguientes consecutivos de representación en ciudad Trujillo ‘Espigas maduras’ itineró intensamente a nivel nacional. Se representó en la capital dominicana además en junio 3, 4 y 5; y el 30 por la festividad del día de los maestros. En Santiago los días 25 y 26 de mayo; el 16 de junio en el teatro Maritza de Moca; en julio primero se puso en escena en el politécnico Loyola, de San Cristóbal, y los días 22 y 23 en el Teatro Peravia de San Francisco de Macorís.
En todo el territorio nacional, a nivel de espectáculo no se hablaba de otra cosa. En la sección ‘Enfoques’ del diario La Nación Jaime Lockward escribió: ‘’(…) está magistralmente trazada, con un diálogo suelto y preciso, sin desperdicio de parlamentos innecesarios’’. Entrevistado para el periódico El Caribe Incháustegui Cabral se refirió directamente al tema del parricidio, como un problema antiguo del psicoanálisis presente en más de una obra de la literatura dramática universal: ‘’En ‘Espigas maduras’ la sujeción de todos a la autoridad del padre y el quiebre de esa autoridad por una especie de revolución familiar está muy bien llevada y cualquiera hubiera podido ser el parricida…’’.
El diario La Información de Santiago cubrió prolijamente la ruta de representaciones definiendo como ‘’éxito rotundo’’ el estreno en la ciudad. La cobertura proporcionó todos los detalles desde los rasgos histriónicos, decorados y escenografía, hasta los propios de la escritura y diálogos, con abundancia de imágenes –‘La Información’, 24 de mayo, p.4; 25 de mayo, p. 5; 28 de mayo, p.28. Hemeroteca del Archivo Histórico de Santiago-.