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Marcas del habla dominicana en el discurso académico de Rita Díaz
La Academia Dominicana de la Lengua incorporó el sábado 7 de febrero a la valiosa intelectual Rita Evelyn Díaz Blanco como miembro de número. A quien escribe, correspondió el honor de pronunciar las palabras de recibimiento.
Rita Diaz
Se estila en las academias de la lengua española que, al ingresar un nuevo miembro a una de estas corporaciones y después de pronunciar el discurso reglamentario, la conferencia que ofrece sea respondida por un académico de número. La Academia Dominicana de la Lengua incorporó el sábado 7 de febrero a la valiosa intelectual Rita Evelyn Díaz Blanco como miembro de número. A quien escribe, correspondió el honor de pronunciar las palabras de recibimiento.
La académica pronunció un discurso titulado “Identidad y lengua oral actual en la República Dominicana”, el cual conllevó una investigación minuciosa, tanto en lo bibliográfico como en el trabajo de campo, para ello entrevistó a decenas de personas de distintos puntos del país. Ella leyó un extracto de un volumen que consta de 245 páginas.
El discurso de Rita Díaz Blanco demuestra que las peculiaridades del habla dominicana no son solo léxicas, como es, por ejemplo, el empleo de las palabras «chin» (poquito), «comparón» (presumido), «lechosa» (papaya) o «chinola» (maracuyá).
La disertación encierra una visión profunda y amplia del habla de los dominicanos, con énfasis en aspectos gramaticales demostrativos de las erosiones que efectuamos los hablantes en la gramática de la lengua española, los cuales nos permiten imprimir un sello a nuestra forma de hablar la lengua de Castilla, y que la académica Díaz Blanco llama con mucha propiedad el español dominicano.
Ella diferencia el idiolecto dominicano, no solo del español peninsular, sino también del hablado en América, porque el nuestro es producto de la evolución del pueblo dominicano, durante siglos, a partir de la conquista de estos territorios por parte del imperio español. Y afirma: «[…] por eso es propio hablar de un español de la República Dominicana que, aunque mantiene expresiones arraigadas en el español general, ha desarrollado rasgos multiformes en relación con el resto de los países hispanohablantes». (p.244).
Me permito citar algunos timbres prosódicos citados por Díaz Blanco, cuya veracidad es de pura aceptación. En primer lugar, tenemos las marcas del plural. Lo más frecuente es la elisión de la /s/ final en las palabras que demandan la forma plural. Así, no será extraño que alguien provisto de título universitario afirme: «Yo tengo do maestría y he leído ciento de libro». Cuando el contexto conlleva que el nombre se acompañe de un determinante, sobre todo si fuera un artículo, el hablante se apoya en éste para formar un plural muy peculiar. Díaz Blanco cita los ejemplos: «lo cajuile», «lo cerdo».
Característico resulta también el plural, en los casos en que la palabra que precede al nombre ha sido pluralizada y éste inicia con vocal. Así, escucharemos expresiones como «lo samore», «quisqueyano valiente salcemo» o «su saño felice». Otra forma de asegurar el plural —afirma Díaz Blanco— es colocando el numeral delante del sustantivo al que modifica directamente. Y pone estos ejemplos: «Lo tiempo van cambiando», «Tenemo casi 200 hotele». (p. 68).
Y ya que de elisión se habla, es ponderable como rasgo de identidad en el habla dominicana la supresión de la /d/ intervocálica, como ocurre en muchos casos con los participios. Decimos «cansao» por cansado, «sentao» por sentado, y «pintao» por pintado. El fenómeno se da también en sustantivos como «candao» por candado, «deo» por dedo y «peo» por pedo.
El discurso de Rita Díaz incluye opiniones de otros autores, según los cuales el ahorro de la /s/ en el plural se considera un fenómeno generalizado en Hispanoamérica. Uno de ellos, Piantini, citado por la recipiendaria, indica lo siguiente: «Pero es de advertir que la supresión de la /s/ del plural de todas las palabras es un vicio prosódico existente en Hispanoamérica, y que tal vicio constituye uno de los medios más comunes que tenemos de apocopar […] No ha habido ni hay intención alguna de abreviar o disminuir la palabra por parte de sus usuarios, sino vicio de pronunciación». (p. 73).
Entre otros aspectos relevantes de la construcción de la identidad dominicana a través de la lengua tratados por Rita Díaz se debe contar la unificación en las conjugaciones verbales de la segunda y tercera personas del plural: ustedes pueden, ellos pueden. El pronombre /ustedes/ sustituye a vosotros, propio del español hablado en España. La expresión «Vosotros sois la luz del mundo», entre dominicanos será «Ustedes son la luz del mundo». Este uso es de incuestionable pertinencia, a diferencia del cambio de /m/ por /n/ en la primera persona del plural, en el pretérito imperfecto del modo indicativo: «íbanos», por íbamos; «teníanos», por teníamos.
Siguiendo con el asunto de las conjugaciones, Díaz Blanco ha señalado con mucha propiedad la preponderancia en la República Dominicana de la forma simple del pretérito perfecto: «yo escribí», «yo comí» o «yo viajé». Son pretéritos perfectos, y no significarán lo mismo que «yo escribía», «yo comía», «yo viajaba», que son pretéritos imperfectos. «En definitiva —afirma la nueva académica—, en el español dominicano la forma simple se utiliza más inclinada a expresar acciones acabadas en el pasado (reciente o no) y la forma compuesta para acciones que continúan en el tiempo». (p. 121). Puestos en pasado compuesto, los ejemplos anteriores serían: «yo he escrito», «yo he comido», «yo he viajado».
Tras conocer el discurso, hay que aceptar con buen talante que la académica Díaz Blanco ha descrito, con los métodos de la ciencia del lenguaje, el panorama histórico de nuestra realidad como usuarios del español, realidad que se torna en rasgo indudable de la identidad nacional, no obstante, que algunos usos sean comunes con hablantes del ámbito hispanoamericano.
Con este discurso, bien documentado y magníficamente expuesto, Rita Evelyn Díaz Blanco ha satisfecho plenamente el requerimiento de la Academia Dominicana de la Lengua para ocupar el sillón K que dejara vacante el inolvidable Federico Henríquez Gratereaux, tras su partida el 16 de octubre de 2024. Me complace sobremanera darle la bienvenida, en nombre de nuestra corporación, y desearle que ofrezca los mejores frutos de su cultivado talento para el crecimiento de la institución, el fortalecimiento de la lengua española y la adecuada valoración de la literatura dominicana.