Un mundo complejo: soluciones prácticas

Un mundo complejo: soluciones prácticas

José Miguel Gómez

No sobreviven los más fuertes, ni lo más inteligentes, sino los que mejor se adaptan”. Así lo plantea la resiliencia social. Vivimos en un presente inestable, de inflación, devolución de la moneda, de pérdida de empleo, de incertidumbre pandémica, conflictos de guerra, volatilidad en varios contextos e impredecibilidad en los diferentes espacios donde socializamos.

Existe una agonía por alcanzar estatus, visibilidad, notoriedad, éxito, belleza y el presentismo de las redes sociales. Esto ha desatado una crisis entre “yo real y yo ideal” o sea, entre quién soy y quién debería ser”. Esa crisis lo representa el vivir del “parecer” y renunciar al ser.

El tránsito se vive entre la sociedad light y sociedad liquida. Entre el pragmatismo y la pos verdad, entre el relativismo ético y lo moralmente inaceptable.

Por otro lado, ese mundo complejo nos expone entre la inteligencia artificial y la perdida masiva de empleo. Entre el crecimiento económico y la inequidad social.

Es un mundo complejo, de economía abierta, de crecimiento y desarrollo, pero de pobreza moral y espiritual; donde las armas y los beneficios que dejan, las priorizan más que las vidas humanas que se pierden.

Las ganancias corporativas y financieras, no miran hacia la distribución, la equidad, ni el bienestar social. Vivimos en una selva donde sobreviven los más grandes, los más fuertes y los que están más protegidos.

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Los partidos políticos están ideológicamente anémicos, sin identidad y desconectados de las temáticas colectivas y sociales.

Ahora vivimos sin utopía, sin paradigmas y sin esperanza colectiva. El sueño se ha construido desde lo individual, en el cortoplacismo y el trasfuguismo socialmente aceptable y moralmente incorrecto.

Ese mundo complejo e individualista y reproductor de la proliferación de la insensibilidad social y la desesperanza aprendida ¿Qué hacer? ¿Cómo responder? ¿Cuál es el desafío?

Las soluciones tienen que ser prácticas, integrales, y focalizadas en las prioridades colectivas, sociales e individuales.

Los jóvenes tienen que empoderarse y romper con la inmediatez y la cultura del facilismo social, el populismo y el asistencialismo que, genera parasitismo, acatamiento y prótesis en espíritu en la mejor estación de la vida.

Los adultos no deben de dejarse influenciar del mercado, la competencia, y el consumo desmedido; para responsabilizarse y empoderarse con la agenda social y el bienestar social, con la calidez y calidad de vida. Estructurar una sociedad civil fuerte, empoderada, demandante de derechos y deberes ciudadanos.

Los adultos mayores deben organizarse para demandar, luchar y confrontar, por el derecho a vivir con dignidad, con respeto y reconocimiento de sus años de trabajo.

La agenda individual, cada persona debe enfocarse en ser responsable con los propósitos de vida y desarrollo sostenible.

Las soluciones son: comprometerse, participar, ser responsable, presionar por políticas públicas incluyentes, estado de derecho, mejor calidad y calidez de vida, y una democracia y unos partidos para la defensa del ciudadano.

El hombre confronta crisis y, lo peor, las reflexiona para buscar las soluciones no prácticas, donde parecen ausentes, debido a las distracciones, al entretenimiento y la conquista por lo banal y lo superficial.

En el mundo se vive la complejidad, se olfatea y se digiere la angustia existencial del inconformismo social. La sabiduría enseña la práctica de enfocarse y conquistarse para alcanzar el bienestar social y espiritual para fluir en la vida.

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