Ensayo
Formación docente: ¿Cómo impacta el acompañamiento en las prácticas educativas?
Descubre cómo el acompañamiento pedagógico transforma la práctica docente en las IES, promoviendo innovación y atención a la diversidad.
Foto de referencia de una maestra
Por: Dra. Ruth Pérez Elsevif.
Este ensayo trata sobre cómo los retos y desafíos impactan en el maestro, como gestor académico, en la función de acompañamiento en las prácticas educativas durante el proceso de formación en las Instituciones de Educación Superior (IES).
Al integrar docentes en el componente “acompañamiento”, se busca recolectar experiencias vividas en dicha labor, en los diferentes niveles del quehacer educativo. Las finalidades de estas habilidades son: innovar en las prácticas educativas e impulsar este componente (acompañamiento pedagógico) para que sirva como una herramienta que agrupa múltiples estrategias para ampliar sus competencias. En este sentido, el maestro acompañante debe promover el seguimiento acorde con el proceso desarrollado y ser coherente en la integración de diversos métodos aplicados o utilizados para el buen proceso académico pedagógico. Se procura que, quien enseña, sea una persona dinámica y creativa que motive a elaborar materiales y recursos para el aprendizaje, atendiendo a la diversidad de los participantes; esto, con el fin de atender a personas con necesidades específicas de apoyo educativo.
En el proceso de reclutamiento docente, es fundamental procurar que quienes aspiren a enseñar, tenga conocimientos didácticos y pedagógicos así como cierto dominio de la Andragogia para el manejo con el adulto. Asimismo, deben estar comprometidas con la atención a la diversidad del alumnado, respondiendo de manera inclusiva a las necesidades específicas del proceso docente.
Ruth Pérez
Considerando lo expuesto por Fernández Nava y Alcaraz Salarirche (2016), para que exista un desarrollo profesional docente lo más rico posible, es necesario lograr dos propósitos:
1. Los docentes deben reconocer que su práctica constituye una valiosa fuente de conocimiento; por ello, es fundamental propiciar procesos de reflexión sobre la misma, orientados a compartir experiencias y a mejorar la colaboración con sus compañeros.
2. La universidad debe preservar su carácter de universidad-escuela, entendida como “dos patas de un mismo banco”; por ello, resulta imprescindible que el profesorado mantenga un vínculo constante con la escuela y viceversa. Solo así, ambas partes podrán compartir un lenguaje común, comprender los mismos desafíos y afrontarlos de manera conjunta. De esta manera, se podrá avanzar, de forma coherente, hacia la innovación y la transformación educativa.
En este ensayo, se propone reflexionar sobre el rol del acompañamiento pedagógico en la formación docente y cómo este concepto es definido y asumido en la práctica; con el propósito de fomentar el espíritu emprendedor en los programas de Educación Superior. Además, se considera la vinculación entre la universidad, sus centros de investigación y los sectores productivos, aspectos que constituyen dos de las propuestas del Observatorio Regional de Planificación para el Desarrollo de América Latina y El Caribe (2010) en el documento “Estrategias Nacional de Desarrollo 2010-2030. Un viaje de transformación hacia un país mejor de República Dominicana”, avalado por el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (MEPyD) del país.
Según las apreciaciones de Montecinos, Walker, Cortez y Maldonado (2013), el acompañamiento permite clarificar el modelaje pedagógico y las tutorías; asimismo, otorga valor central al diálogo reflexivo en la práctica, a la escucha atenta, a la coherencia y precisión en la expresión, al adecuado manejo del tono de voz y a la capacidad de reflexión. A ello, se suman actitudes fundamentales, como: el respeto por el otro, la tolerancia y la empatía. En esta misma línea, Vygotsky (1978, citado por estos autores), plantea que dicha conducta incide, directamente, en el grado en que el docente asume el rol que le corresponde en el acompañamiento pedagógico. En este sentido, Arias Arias (2009) considera que es necesario reconocer los retos y desafíos que el docente enfrenta a diario y que busca superar en su ejercicio profesional, ya que su labor no solo implica desempeñarse como gestor, sino, también, contribuir a la transformación cultural y a la superación de las problemáticas sociales.
Desarrollo
Existen diversos retos y desafíos para el docente en su rol de gestor acompañante, dentro de la práctica pedagógica universitaria. Se espera que tales prácticas estén orientadas por normativas claras y enfocadas en el mejoramiento de la calidad de vida de las personas, a partir del trabajo pedagógico que desarrolla, ya que la calidad de este posiciona al docente como un verdadero líder del quehacer educativo.
Galán (2017), al retomar a Pamela (2009), enfatiza que el acompañamiento pedagógico favorece el intercambio con otros y contribuye al logro de la meta de construir una sociedad más juta y solidaria. También, Soto (2011, citado por Galán, 2017), señala que el docente asume el acompañamiento como un proceso complejo y sistemático de apoyo, orientado a fortalecer y mejorar tanto a los maestros nóveles como a las instituciones educativas. En este sentido, Montecinos, Walker, Cortez y Maldonado (2013), plantean que el propósito de este acompañamiento es contribuir a la formación de nuevos maestros y a la generación de recursos adicionales para apoyar tanto a docentes como a discentes).
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, 2012, 2025) y el Consejo Nacional de Acreditación del Profesorado (NCATE, por sus siglas en inglés), señalan que, desde la política pública, cada vez es más frecuente la generación de propuestas orientadas a avanzar hacia modelos formativos centrados en los centros escolares. Estos modelos promueven el conocimiento de las perspectivas de los docentes de aula, de los docentes directivos y de la contribución que realizan los centros de prácticas en la formación inicial docente. En este contexto, surge la interrogante sobre los beneficios que obtienen los centros escolares, al participar en la formación de futuros docentes.
Es sabido que la decisión de admitir practicantes en los centros escolares, recae, en gran medida, en los directores(as); sin embargo, el protagonismo se traslada a los docentes de aula, quienes asumen el rol de mentores, guías o anfitriones de los practicantes o pasantes. Estos profesionales evidencian sus motivaciones, pero, también, identifican barreras que dificultan el desarrollo de un acompañamiento efectivo.
Al respecto, Montecinos, Walker, Cortez y Maldonado (2013), plantean que el currículo demanda una mayor dedicación a la enseñanza en el aula, sin dejar de considerar el tiempo requerido para la preparación de recursos y la cooperación pedagógica. Estas interacciones entre docentes experimentados y practicantes, impactan en el aprendizaje de ambos de manera significativa. En consecuencia, resulta fundamental que los equipos directivos evalúen las tareas que contribuyen al desarrollo de las competencias profesionales de los practicantes o pasantes, en un proceso vivencial que se consolida durante cada periodo de práctica y pasantía, y que encuentra, en el aula, su principal escenario de formación.
Taveras (2022) destaca que el acompañamiento en los centros escolares, puede fortalecerse con la participación de los miembros de la comunidad que cuenten con mayor experiencia, dominio de los procesos y desarrollo en la práctica áulica. Este perfil permite que los docentes en formación, con menor trayectoria profesional, reconozcan a los de mayor trayecto, referentes y modelos a seguir, favoreciendo una mayor apertura para el análisis crítico y la evaluación constructiva de su propia práctica. En este sentido, el acompañamiento se configura como una estrategia de formación continua, de carácter horizontal, colaborativo y recíproco, en la cual, los mentores y acompañados interactúan para analizar y reflexionar sobre la practica pedagógica, con miras a mejorar la formación docente y los procesos de enseñanza-aprendizaje en contextos reales. Además, brinda la oportunidad de tener un espacio de apoyo emocional, contribuyendo al fortalecimiento de la socialización en el aula, la escuela y la universidad.
Conclusión
En la actualidad, la calidad de la educación y la capacidad del estudiantado de aprender, constituyen factores fundamentales en la formación profesional. Es, en esta etapa, donde se evidencia la habilidad de aprender de manera autónoma y de reconocer el propio desarrollo educativo. Por ello, el rol docente debe ser asumido por profesionales que, de acuerdo con Alonso Martín (2019), posean las cualidades personales, profesionales y metodológicas, como: el respeto, la apertura, la responsabilidad, la empatía, la capacidad de escucha, el dominio de los contenidos, la adecuada planificación de sus clases y una comunicación efectiva. A estas características, se suman: el dinamismo y la creatividad, necesarias para diseñar recursos de aprendizaje pertinentes y atender a la diversidad en los distintos contextos educativos.
En este marco, las instituciones educativas deben definir, con claridad, el perfil profesional del docente que aspiran a formar y reclutar, reconociendo su práctica como una fuente significativa de conocimiento y promoviendo procesos de reflexión que favorezcan el trabajo colaborativo y la mejora continua de todos. De acuerdo con Muller, Álamos, Meckes, Sanyal y Cox (2016), la articulación entre teoría y práctica, en el currículo de formación inicial docente, constituye un eje central en la investigación educativa, destacando la importancia de generar oportunidades para el desarrollo de prácticas formativas significativas, con el propósito de permitir a los estudiantes aproximarse, de manera coherente a la realidad educativa.
De igual modo, resulta imprescindible preservar el vínculo entre universidad y escuela, entendidas como “dos patas de un mismo banco”, fomentando el diálogo reflexivo, la escucha activa, la coherencia en la comunicación y valores como el respeto, la tolerancia y la empatía. Todo ello pone de manifiesto la necesidad de contar con docentes que no solo dominen su disciplina, sino que también sean formadores comprometidos con el acompañamiento pedagógico. En una sociedad que enfrenta carencias en la formación de valores morales, cívicos y ciudadanos, el papel del docente cobra aún mayor relevancia, al constituirse en un agente clave para la formación integral del individuo y su adecuada inserción en la comunidad, especialmente en el ámbito de la educación superior.