Libre de toda potencia extranjera
Juan Pablo Duarte y su concepto de nación
Para él, la nación debía garantizar la integridad de sus ciudadanos y defender principios universales que trascendieran las coyunturas políticas del momento.
Juan Pablo Duarte
Juan Pablo Duarte, reconocido como el fundador ideólogo de la República Dominicana, no solo fue un estratega político y organizador de movimientos revolucionarios, sino también un pensador que concibió la idea de una nación libre, soberana e independiente. Su visión trascendió la coyuntura militar y se convirtió en un proyecto de país basado en valores éticos, cristianos y morales.
El politólogo y abogado Franklin Mercado sostiene que el pensamiento duartiano se fundamenta en la soberanía y la libertad como pilares esenciales: “Duarte entendía que la República debía ser independiente y que la dignidad de los individuos estaba ligada a la integridad nacional. Su concepto de nación fue más allá de la política, fue un proyecto moral y cultural”, afirma.
Duarte compartía su ideal con otros patriotas, pero fue él quien articuló un ideario que colocaba la libertad y la soberanía como valores supremos. Para él, la nación debía garantizar la integridad de sus ciudadanos y defender principios universales que trascendieran las coyunturas políticas del momento.
Politólogo Franklin Mercado
Una de sus frases más icónicas resume ese pensamiento: “La República Dominicana ha de ser libre, o que se hunda la isla”. Con esta expresión, Duarte dejó claro que la independencia no era negociable y que la soberanía debía anteponerse a cualquier circunstancia, incluso a la propia existencia física del territorio.
El concepto de nación duartiano se basaba en la idea de que la libertad no era solo un derecho político, sino un valor moral que debía impregnar la vida de los ciudadanos. La patria, en su visión, era un espacio de convivencia donde la justicia y la ética se convertían en fundamentos de la sociedad.
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Duarte concebía la República Dominicana como una nación que debía diferenciarse de cualquier forma de dominación extranjera. Su rechazo a la anexión y su insistencia en la independencia absoluta lo colocan como un ideólogo adelantado a su tiempo, capaz de proyectar un país con identidad propia.
En su pensamiento, la soberanía no era únicamente territorial, sino también cultural y espiritual. Duarte entendía que la nación debía proteger sus valores, su idioma y sus tradiciones, como parte de un proyecto integral de independencia.
La influencia de los principios cristianos y morales en su ideario fue determinante. Duarte veía en la fe y en la ética un soporte para la construcción de una sociedad justa, donde la libertad no se confundiera con el desorden, sino con la responsabilidad ciudadana.
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Aunque no ocupó cargos de poder ni lideró directamente las batallas militares, su legado ideológico fue el motor que inspiró a otros próceres y a generaciones posteriores. La Trinitaria, sociedad secreta fundada por él, fue el espacio donde se gestó ese concepto de nación que luego se materializó en la independencia.
Hoy, el pensamiento de Juan Pablo Duarte sigue vigente como referencia de identidad nacional.