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Miguel Tío, más allá de lo real

Miguel Tío, un “dominicano ausente”, como suelen llamar a nuestros ciudadanos que viven en el exterior, presenta una breve retrospectiva muy escogida

Exposición Miguel Tío

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La exposición individual de Miguel Tío figuraba en la agenda del otoño pasado, pero estimaron más conveniente que fuera la primera exposición del año en la Galería Nacional de Bellas Artes. Ocupando el Salón de la Rotonda, adecuado formal y espacialmente para el despliegue de pinturas, variadas tanto en fechas como en dimensiones pero coherentes por su factura y el espíritu que las motiva.

Decenas de talentos dominicanos ejercen su arte en los Estados Unidos, y en Nueva York particularmente. El éxito a menudo ha coronado su dedicación, y entre estos artistas exitosos amerita particular atención Miguel Tío, que se estableció en la hoy ciudad mundial de las artes visuales, en 1994.

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Continuó los estudios iniciados en Santo Domingo, con una firme decisión de perfecionamiento: han sido más de treinta años de intensa labor y experiencia, sumando gráfica y pintura, proyectos e instituciones. Pronto alcanzó una posición ejecutiva: no menospreciaba la decoración, y llegó a realizar escaparates, elogiados y distinguidos especialmente.

Sin embargo, Miguel Tío no descuidaba exponer: en los Estados Unidos y la República Dominicana. Presentó sus obras entre muestras colectivas y exposiciones personales, bien comentadas por críticos de distintos orígenes. Hace tiempo que quería proponer una retrospectiva: el momento llegó, y Bellas Artes la acogió, por cierto ejemplarmente montada gracias al experticio de Salvador Bergés.

La Exposición

La pintura de Miguel Tío sorprende por su academicismo, digno de un pintor clásico: dibujo anatómico seguro y trazo virtuoso, pincelada precisa y refinada, paleta rica y matizada, superficie lisa y lustrosa, aunque no faltan las cuasi transparencias y también áreas con mayor densidad… a veces son detalles.

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No obstante, al artista no le bastan la perfección técnica y el agrado que nos brinda

“Más allá de lo real”. Es evidente que su estilo no le relega al hiperrealismo y su frialdad. Tan o más importantes son la expresión interior, la espiritualidad y las pulsaciones del alma.

Consideramos evidente que Miguel Tío maneja discrecionalmente los géneros tradicionales: el bodegón, el paisaje, el retrato. El bodegón es un tema menor, pero exquisito -fruta o flora-. El paisaje, de horizontes infinitos, se plantea más bien como un escenario “sin límites”.

Exposición de arte

El retrato lidera su dominio, incomparable dentro de su investigación y producción, y Miguel Tío, en los Estados Unidos, hizo retratos de personalidades famosas. El retrato incluye el autorretrato, por razones personales nos encantó, aquel rodeado de gaticos negros… Y ese otro, cuando insectos invaden sus mejillas, su frente, su cuello, lo percibimos como unión y fusión con la naturaleza.

Además, el cuerpo humano, sinónimo de la vida, es su tema favorito. Es, en el cuerpo humano que el artista nos comunica su mística, sus ideales, sus utopías. Así, la música, sus notas, su vuelo mágico, se escapan del solista y su instrumento, de la cantatriz y su voz, hacia el cielo…

El retrato puede ser de un solo personaje o de varios: entonces en la multitud, disfrutamos retratos, pequeñitos e incontables.

Miguel Tío cree en la solidaridad, en la paz, en la felicidad, compartidas por todos. Cual sea su origen, su raza, su religión. ¡Hay aquí pequeños cuadros que lo afirman, y son grandes como el universo!

Él anhela una comunidad infinita, un futuro que aproxime a los seres humanos sin diferencia, hombres y mujeres. Vislumbra un porvenir abierto, radiante, hoy desconocido.

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Un mensaje

No es un arte religioso, menos de una inspiración y aspiración desde una religión, de una veneración por un culto divino. Nosotros lo percibimos como un misticismo propio con sus ángeles que le pertenecen y se elevan hacia sus ideale: son alas de la fe en el ser humano.

Él cree o quisiera creer que cuerpo y vida, corazón y alma pueden alcanzar la paz y la felicidad de todos, para todos. Así, leemos sus obras y el mensaje de su retrospectiva. El tiempo no ha hecho más que fortalecer su convicción y expresarla pictóricamente.

Miguel Tío posee su propio ‘cielo’, y sus visiones, plasmadas en el lienzo o en el papel, ilustran el Yo profundo y una celebración universal. No elige el privilegio de la Gracia, ni el éxtasis. Quiere una felicidad, una quietud, una plenitud compartidas.

Coda

En fin, Miguel Tío se ha adueñado y nos ha adueñado de un cosmos totalizante, desplegado en la muestra retrospectiva que la Galería Nacional de Bellas Artes presenta. ¡Que los amantes de la buena pintura la visiten!

Sobre el autor

MARIANNE DE TOLENTINO