Biblioteca de la Academia Dominicana de la Historia

Biblioteca de la Academia Dominicana de la Historia

Vetilio Alfau y María Altagracia Del Valle Gómez el día de sus bodas

Es un tesoro que pocos conocen y visitan. Pero más que nada, la singularidad que la distingue es que es “la más completa del país”, con un patrimonio que solo se va a encontrar en sus catálogos, compartimentos, depósitos, sitio web.

Desde 1931 cuando fue fundada, hasta el presente, la Biblioteca “Vetilio Alfau Durán”, como desde hace poco se bautizó esa institución perteneciente a la Academia Dominicana de la Historia, ha enriquecido sus colecciones, sobre todo con la adquisición, en 2020, de la biblioteca de quien lleva su nombre.
Puede agregarse, además, que tecnológicamente tiene una de las páginas más funcionales, consultada vía internet por académicos, historiadores, estudiantes, escritores de Europa y América que se asombran de su rico acervo. Algunos viajan a conocerla.

Orlando Figuera Márquez, eficiente profesional venezolano graduado de bibliotecario con honores, también licenciado en archivología, magister en comunicación social, experto en medios digitales y museos que es su encargado, declara que la entidad aparece en línea con más de 11 mil libros.

“La Biblioteca tiene un entorno tecnológico muy desarrollado, inclusive, si la comparamos con otras del país. Cuenta con un catálogo en línea en el cual están todos o la mayoría de los libros que integran la colección, dentro de los cuales, más de dos mil están en formato Open Acces, completamente digital en PDF. También tenemos el servicio electrónico de referencia a través de nuestro correo electrónico biblioteca@academiadominicanahistoria.org.do”.

Nacido en Caracas el 17 de junio de 1983, hijo de Juan Figuera y Estilita Márquez, se desempeñó como catedrático universitario en la Universidad Central de Venezuela, en el área de biblioteca y archivología, a nivel de pre y posgrado. Además de español, habla inglés. Su joven existencia ha estado dedicada al estudio.

Dirige la biblioteca desde 2020, cuando se inauguró en su actual sede, pero parece como si hubiese estado en ella junto a Emilio Tejera Bonetti y Carlos Larrazábal Blanco, sus primeros bibliotecarios en 1937 y 1941, no solo porque conoce y domina títulos, autores y contenidos de sus numerosos libros sino otros materiales, como fotografías, revistas, folletos, hojas sueltas, novelas y obras inéditas o de escritores poco conocidos.

Es probable que solo esta biblioteca posea tantos incunables, primeras ediciones, libros dedicados por sus autores, impresos desde los lejanos 1700, publicaciones periódicas de los siglos XIX y XX, como El Cable, La Cuna de América, Bahoruco, La Opinión, El Porvenir, Renacimiento, Letras y Ciencias, Revista Ilustrada, Revista Literaria, en las que escribían los principales representantes de la literatura local y muchos intelectuales universales.

Situada en el lado oeste de la Iglesia Las Mercedes, es silenciosa, acogedora, resguardada, como si quisiera proteger con sus muros seculares el valioso patrimonio que contiene.

El encargado es activo, atento, servicial.
Considera que esta biblioteca “no solo es la más completa, sino la más diversa porque no se queda en los periodos clásicos, como la Conquista, la Independencia, la época precolombina, por ejemplo. Contiene obras de derecho, literatura, geografía, sociología, más de dos mil fotografías de personajes y lugares, postales, economía, antropología, las principales revistas del país, encuadernadas” …

Vetilio Alfau Durán. Orlando Figuera habla con fascinación de esta biblioteca que elevó el número de libros a treinta mil. Pero no solo contiene estos ejemplares sino cartas, obras inéditas de autores de la capital, de los pueblos, del mundo.

También recortes de periódicos, hojas sueltas provenientes del antitrujillismo y de movimientos rebeldes anteriores. Libretas en las que Alfau colocaba proclamas y artículos que no salieron a la luz, pero que sus autores le enviaban hasta dedicados.

Lo más impresionante es la cantidad de novelas sin publicar de principios del siglo XX, de novelistas de Moca, San Pedro de Macorís, La Romana, Puerto Plata y, evidentemente, de Santo Domingo.

Hay revistas de más de dos siglos, folletos, fotografías, correspondencia entre Alfau Durán y escritores del país y del mundo y pequeñas bibliotecas que adquirió, como, por ejemplo, parte de la que fue del reconocido efemeridista y abogado Damián Báez.

Casi todos los libros tienen aclaraciones en los márgenes, y dentro, cartas manuscritas, tarjetas, fichas.
Vetilio Alfau Durán fue un referente para el investigador. Afable, desinteresado al facilitar datos del pasado. Recibía a historiadores, periodistas, investigadores en su residencia de Gascue, ilustrando narraciones con anécdotas o referencias inéditas. Repasar estos libros es como reencontrarse con esa figura dulce y amable, siempre disponible. Ahora, con su inconfundible ortografía aclarando inexactitudes y falsedades.

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