Delis Manuel, el héroe

Delis Manuel, el héroe

Sentí un jalón en el corazón. No pensé en mí, pensé en la niña” y de inmediato, Delis Manuel Bautista, se acercó al lugar de los hechos.


La visión del abismo no lo arredró y comenzó el descenso. La profundidad tiene la extensión “de do palo e luz”. Bajó, metro a metro, hasta rescatar a una niña de dos años que había caído por el hueco sin tapa de una alcantarilla.
La hazaña ocurrió el sábado 4 de diciembre. Una crónica publicada el día 7, en “Diario Libre”, provocó interés y asombro.

Luego, la difusión de unas imágenes, sin buena resolución, mantuvo la atención y aumentó la admiración por el muchacho que supo llegar adonde el corazón le condujo.
Comenzó su presentación en algunos medios de comunicación y el reconocimiento privado al protagonista de la hazaña.

La realidad no conmueve tanto como la fantasía. Es necesario el espectáculo, el emoticono apropiado para estremecer.
Ese sábado, la realidad fue oportunidad para la esperanza. Sin montaje ni previo aviso, sin equipo estratégico para difundir rostros conmovidos y el gesto adecuado de la caridad.

Basta escuchar el relato del muchacho, delivery del Colmado “Los Dos Amigos” y de una boutique, para reconocer que hay más que hooka y perreo en el barrio. Más que aspiración de tener Jordan y collares. Más que la exhibición del maquinón en los callejones, al ritmo de las letras sórdidas de la derrota y de la exaltación del crimen que paga para permanecer sin castigo: “Tengo lo cuarto, las armas y las conexiones”. Esa desafiante amenaza e impunidad de los “urbanos” que repiten, sin cesar, la violenta alegoría de “los nadies”.

Delis Manuel, no pide ni pidió. No tuvo que abrazar al presidente ni solicitar la asistencia de la primera dama. Nada denuncia, nada reclama. La ternura y la seguridad lo acompañan. Su temeridad es encomiable.

La habitual diligencia oficial para acaparar estos casos estuvo ausente. Faltó la presteza de la felicitación presidencial al Alfa. Madison Square versus cloaca. Alcantarillas sin juglares las nuestras, sin Víctor Hugo para describirlas.

La proeza ameritaba el rápido y acostumbrado tuiteo oficial. Esa presencia dando y ofreciendo, tanto en el funeral como en la fiesta, en la abundancia y en la enfermedad.
Algo ocurrió para que no se produjera. El riesgo de convertir la presencia en marca es que debe ser permanente, porque si no, la omisión resalta.

El trabajo de Jompéame compensó el silencio gubernamental. Quizás sea una nueva etapa, con mayor rigor para la exposición pública de los inquilinos del Palacio.

La reflexión de un personaje de Javier Cercas en “Soldados de Salamina” es oportuna: “Personas decentes hay muchas, héroes, en cambio, hay muy pocos. En el comportamiento de un héroe hay casi siempre algo ciego, irracional, instintivo, algo que está en su naturaleza y a lo que no puede escapar. El héroe solo lo es excepcionalmente en un momento o a lo sumo en una temporada de locura o inspiración”.
Delis Manuel es un héroe, gracias al jalón de su corazón.

Delis Manuel no pide ni pidió. No tuvo que abrazar al Presidente

La proeza amerita el rápido y acostumbrado tuiteo oficial

Un héroe hay casi siempre ciego, irracional, instintivo

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