Jugada
Desacoplamiento entre las tasas de el BC y la Fed
BC prefirió concentrar el esfuerzo en reducir las tasas de interés a través de la colocación RD$81,000 millones liberados del encaje legal a mediados 2025
El Banco Central no redujo en diciembre pasado la tasa de política monetaria doméstica,
Tras el cumplimiento consecutivo de varias previsiones que formulamos en 2025 sobre la reducción de la tasa de política monetaria doméstica, corresponde, por humildad y por justicia intelectual, reconocer que la de diciembre no se materializó.
No fue porque no estuvieran dadas las condiciones para ello —que en rigor sí lo estaban: una marcada desaceleración del crecimiento económico, una tasa de inflación dentro del rango meta y una reducción previa de la tasa de política monetaria de la Reserva Federal, sino porque el Banco Central optó por mover sus fichas en busca de una ganancia de partida doble.
Prefirió concentrar el esfuerzo en reducir las tasas de interés a través de la colocación de los RD$81,000 millones liberados del encaje legal a mediados de año, con el objetivo de apuntalar la economía frente a la desaceleración, y lo hizo de manera focalizada: préstamos a sectores productivos clave —construcción, manufactura, agro, mipymes y exportaciones— a tasas preferenciales.
La colocación de estos recursos, que se ha extendido hasta la fecha, opera como una verdadera palanca hidráulica: la liberación del encaje legal no sugiere que las tasas deban bajar, las obliga a hacerlo. Esta lógica cobra aún más fuerza en economías altamente bancarizadas y con rigideces estructurales, como la dominicana, donde el encaje legal se convierte en el instrumento más eficaz para acelerar la transmisión de la política monetaria. Funciona como una compuerta que se abre: el agua fluye, quiera o no.
Y así ha ocurrido en esta ocasión. Empresarios del sector vivienda nos han confiado que hoy se sienten más cómodos con el costo del financiamiento. De enfrentar tasas que superaban con holgura el 15% anual, han pasado a recibir préstamos a niveles de hasta 12%.
La segunda jugada del Banco Central fue no reducir la tasa de política monetaria, aun cuando la Reserva Federal sí lo hizo. Conviene reconocer que, aunque ambas tasas suelen moverse de manera acoplada, esa correlación no es ni mecánica ni automática.
Es comprensible —y técnicamente defendible— que el BC haya decidido utilizar la tasa de política monetaria más como señal que como fuerza: no tanto como un mecanismo de empuje inmediato, sino como un indicador de rumbo. Con ella abrió un espacio para izar la bandera de alerta: la inflación se mantiene dentro del rango meta, pero cerró 2025 en 4.95%, peligrosamente cerca del límite superior.
En el fondo, la decisión de no recortar la tasa en diciembre encierra un mensaje inequívoco. A la inflación se le permite moverse mientras permanezca dentro del carril.
Pero si intenta salirse de él, el Banco Central está dispuesto a actuar con firmeza. No para frenar el crecimiento, sino para recordarle quién sostiene el timón.