El Alma de las cosas

El Alma de las cosas

El alma de las cosas puede ser el efecto espiritual e interpretativo que surge de un objeto marcado por el tiempo cuya realidad funcional se convierte en un espectro poético de lo que fue un realismo de utilidad individual y pública como por ejemplo una silla o un sillón pero de dónde puede surgir la imagen la idea visual de silla, puede surgir del tiempo en las sombras y en las luces barandas vigas y que se cruzan en unas formas geométricas donde luces y sombras dan esa idea de una silla convertida en el ojo y en la lente.

Cuando uno entra en la zona de esa exhibición va a encontrar de manera frontal el efecto visual de lo que nunca fue una silla pero que con el paso del tiempo los efectos visuales se cruzan se entremezclan se suavizan y van en paralelismos geométricos que conforman esa silla marcada por esta imagen que es de una poesía indescriptible.

Pero sucede que también encontramos una materia orgánica que se convierte en una mirada del artista de cómo el nervio, las betas las ramificaciones de una hoja de palma, de una hoja de guano, regalan metáforas pueden ser asociadas desde la misma perspectiva constructivista y geométrica de todo el entramado de una esquina de un techo de tres aguas cuando en su nave la viga central recoge en fila las tablas así como esa hoja dura y fuerte que el fotógrafo artista nos presenta se convierte quién sabe también en esa estructura de techo.

Podemos ver cómo el elemento vegetal en vida de clorofila se puede compartir en imagen imaginación en el entramado estructural de una madera seca inanimada que se convierte tabla por tabla viga por viga en ese espectro posible de interpretación de esa hoja llevada a la lente como señal de lo que pueda sugerir la estructura de la línea.

Cierto es que hay una obsesión en capta y captar como una especie de circulación en el encierro como una especie de búsqueda inédita e inesperada con esa necesidad de encontrar el alma dentro de la cotidianidad, encontrar un sentimiento que de repente libere al artista en esa circunstancia de interioridad y de exterioridad limitada por circunstancias precisas y terrenales.

El fotógrafo tira desde adentro y piensa desde adentro porque tiene que encontrar en las cosas el duende de su mirada, y sacarle el alma.

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Miren bien la medida del tiempo, la medida de la geografía interna de la vida en una palma de mano donde la línea en paralelo se dibuja por encima de toda una anatomía orgánica precisada por un tejido de red de vida qué son las líneas de la palma de la mano y por encima de esa anatomía tres líneas de vida que vistas dos por dos y en paralelo marcan la línea firme y bien trazada de un destino.

Poesía, encuentro de la imagen que hace posible que el fotógrafo tenga esa necesidad de transmitir el hallazgo de la existencia en su trabajo.

Es una tensión de visiones de la vida de efectos de incidentes de imágenes posibles, que desde la mirada del artista se hacen inventario de cada imaginación, única y posible, porque la mirada multiplica visiones múltiples.

El alma de las cosas es esa esencia, esa energía o ese efecto indescriptible que lleva y conduce al creador hacia la obra.

El alma de las cosas nos lleva a crear porque estamos rodeados de elementos existenciales, y el objeto, la cosa nos lleva a repensar y a reconceptualizar ese marco tan complejo entre realidad realismo, sueño, y esencia.

El conjunto de la exhibición es un resultado totalizante del artista, quien concibe dentro del mismo Museo su propia escenografía convertida en puesta en espacio aéreo y flotante por una técnica inventada que no permite que nada se fije ni en le muro, ni contra a pared, el artista ha decidido ponerlo todo en libertad aérea.

Tuvo la ocurrencia de construir toda una estructura blanca que dan volumen a las imágenes con el doble efecto de cada imagen en sí pero montadas en una totalidad estructural.

De manera intimista y confidencial, al ritmo de la visita, zona por zona, descubrimos el lenguaje de la poética desde la perspectiva verbal y sugestiva de la escritura del poeta José Mármol.

Las columnas de cada zona invitan a identificar cada foto en miniatura y a su lado, sin cometer ejercicio de ilustración, pero sí de acompañamiento estético y poético, la palabra, libre, suelta aérea, que viene a profundizar con suave lenguaje todo el efecto sutil de la metáfora.

Entonces, saboreando los textos, paso a paso el espectador vuelve a observar las imágenes, en toda libertad ya no como, pero sí como escritura, escritura oral surgida de todas las interpretaciones posibles de la que vemos, y volvemos al espectro volador, a las sombras de las rejas, a las escarchas de la pintura, al secreto de la ocultación, de las pantallas borradas y de todos los hallazgos que, llevados al comentario te invitan a compartir con la palabra todo el axioma de la imagen.

La imagen fotográfica envuelta en esta conducción de la palabra del poeta se convierte en un ejercicio lúdico y alegre al compás del sentido y de la sensación, sentido y sensación en la frase del poeta, visión y sensación en la imagen del fotógrafo.

El ejercicio nos transportó a toda la generación de los poetas franceses del entre dos guerras y de la pos guerra, que construyeron sus versos con los efectos de la querida libertad reencontrada, para liberarla de todo dogma y dejarla “volar” como declaró Valéry.

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Cuando Magritte nos advertía que eso o aquello no era ni manzana ni pipa, sabíamos que la realidad más evidente llevada por el artista a la tela era más que el objeto en sí, era la reinterpretación hecha con toda lucidez y ludismo de la fruta y del objeto.

Cuando vemos en esta exhibición esos brazos en blanco y negro que componen una dirección y un movimiento que a la vez transforma la visión de la realidad, entonces sí puede ser la lluvia, sí puede ser el viento pero captada esa composición del gris, del blanco, del negro en una efusión de trazos, rasgos, líneas toca entonces buscar lo que fue y lo que ya no es y lo que queda es la esencia de lo que fue y de lo que sigue siendo…..

El alma de las cosas que Herminio Alberti presenta en la segunda planta del Museo de Arte Moderno de la Plaza de la Cultura y que todos podemos visitar hasta el 21 de agosto, es una propuesta de visiones fotográficas que nos incitan a observar y a contemplar todas las posibilidades de una imagen de lo real sobre toda la disposición interpretativa e imaginativa del cerebro humano.

Vale señalar también que es una exibición con una gran generosidad ciudadana, ya que con discreta referencia entendemos que Herminio Alberti cederá las ventas de las obras a la organización PACAM.

Más allá de todos los recursos intelectuales que llaman a meditar sobre los efectos del objeto poético de la realidad, la muestra invita a la comunidad artística de la lente a una reflexión compartible sobre todas las posibilidades de la fotografía en blanco y negro en alma, considerando sus capacidades de luces y sombras, de dramatización y alegoría, de melancolía, de sentimiento y duende.

Esto valdría un coloquio conversatorio antes de levantar y despedir la Exhibición.

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