¡El arte frente a la guerra como máquina de la muerte!

¡El arte frente a la guerra como máquina de la muerte!

Otto Dix. La guerra. Tropas de asalto avanzando bajo un ataque de gas. Grabado al aguafuerte,1924

La guerra como máquina de la muerte es el tema que marca la obra y el proceso creador de Otto Dix. Prolífico, corrosivo y difamado por el nazismo, con sus perturbadoras imágenes, puso en espejo la corrupción y el cinismodepravado de la sociedad alemana de la primera mitad del siglo XX. Hastahoy, su obra nos sigue iluminando ante la abrumadora bazofia belicista que ofertan cada díaunosmass media y otros influencerscada vez más sectarios y militarizados…

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Durante los últimos cinco siglos, los artistas materializan sus múltiples y distintas visiones de la tragedia bélica como patéticosumario del genocidio y la barbarie. Pero, aun las obras más geniales y admirables han sido tan rotundas como para transformar efectivamente la consciencia humana. Y aunque el objetivo esencial de los artistas a través de sus obras no haya sido ni sea modificar el juicio de los belicosos, mercenarios y fratricidas de turno, la guerra sí ha tenido una incidencia clave en el proceso transformador de las ideas y las prácticas estéticas de la modernidad.

Desde finales del siglo XIX, dos cosas que valoran especialmente los artistas son la libertad imaginativa y la innovación creadora. En este trayecto, los artistas proclaman la ruptura con la objetividad y su atención sensible, reflexiva y lúdica sobre el sujeto, lo real, lo surreal y lo fantasmático. El impresionismo y el cubismo imponen nuevas formas de expresión y percepción de lo real. De repente, la guerra trastornará el mundo, desatando de los trágicos escenarios de la muerte, la ruina y el dolor.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) no solo provocaría el grito de los artistas contra sus 37 millones de muertos, sino también su avance definitivo hacia la modernidad, hacia nuevas opciones intelectivas y perceptibles del mundo. Ante el escenario fétido, paranoico y desolador de la guerra, muchos artistas europeos no solo extraviaron el sentimiento de pertenencia a su nación, sino que también saturaron sus obras con la parafernalia, dispositivos y máquinas de destrucción a escala espectacular.

Ante la irrupción del fascismo en Italia (1922) y Alemania (1933), además de las catástrofes de la Guerra Civil Española (1936-1939) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), los intelectuales y artistas europeos sensibles de la primera mitad del siglo XX, responderán mediante una radical revisión de los ideales civilizatorios y una disposición crítica hacia las mitologías del progreso y la democracia.

Más de 40.000 campos de tortura y exterminio: la horrorosa pesadilla del “Holocausto” estigmatizarán por los siglos de los siglos la consciencia e identidad cultural de Occidente. Y es a partir de este ineludible examen de los rizomas, espesuras y ramalazos de la catástrofe autodestructiva de la guerra que surgen y prosperan movimientos intelectuales y artísticos tan vitales y fecundos como el expresionismo alemán, el dadaísmo, la nueva objetividad, el surrealismo y el informalismo.

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Otto Dix. La Guerra. Tríptico. Óleo sobre tela, 204x204cms,1932. Galerie Neue Meister, Dresde, Alemania.

Dentro del expresionismo alemán, tres grandes artistas trataron con excepcional profundidad reflexiva los horrores de la Primera Guerra Mundial. Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938); Otto Dix (1891-1969) y George Grosz (1893-1959) se alistaron como voluntarios ilusos y optimistas en el Ejército alemán. Sus distintas experiencias les permitieron el abordaje de la tortura, el frío en las trincheras, los ataques con gases, la angustia y los traumas psicológicos de los combatientes, además de los rituales de la obscenidad y la corrupción de la aristocracia germana en pleno conflicto.

“Der Krieg” (La Guerra) es el título de una serie de 50 grabados al aguafuerte realizados por Otto Dix en 1924 y que nos remiten de manera elocuente a “Los Desastres de la Guerra” de Goya. Sin embargo, la de Otto Dix es hasta ahora la visión más cáustica y desoladora de la guerra de trincheras. En estos grabados, el artista apunta sobre las atrocidades y el absurdo autodestructivo de la guerra. En su momento, estas imágenes provocaron la ira de los nacionalsocialistas que las tacharon como “arte degenerado” y “sabotaje al espíritu militar alemán” …

Estos grabados son los rigurosos antecedentes de “La Guerra”, impactante pintura al óleo del mismo Otto Dix, realizada sobre cuatro paneles de madera y en la que plasma el estremecedor resumen de sus vivencias, sentimientos y pesadillas de combatiente. Ejecutada entre 1929 y 1932, mientras trabajaba como profesor en la Academia de Bellas Artes de Dresde, se trata de la más apocalíptica y conocida de sus obras sobre los efectos físicos y psicológicos de la guerra.

Otra obra relevante de Otto Dix sobre el mismo tema es su formidable tríptico “Der Großstadt” (La gran ciudad), ejecutado en 1928 y relacionando con admirable síntesis expresiva las distintas facetas de su crítica contra la guerra y las extravagancias de las elites sociales de la época. En el centro de la composición, el artista representa una deslumbrante algazara en un Club de Jazz donde los ricos berlineses bailan al ritmo del Swing.

En los paneles laterales, desfilan unas hipermaquilladas prostitutas ante un perro famélico y unos personajes mutilados por la guerra.

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