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El Jardín Botánico: Un patrimonio nacional que debemos de liberar de incultos o ignorantes

Claudia Rita Abreu

Claudia Rita Abreu

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Es triste decirlo, pero muchos dominicanos y dominicanas no terminan de entender el valor real del Jardín Botánico Nacional. Para algunos, es solo «un parque con matas», un lugar para selfis o un terreno que «sobra» en medio de la ciudad. Peor aún, quienes nos gobiernan, en vez de buscar soluciones creativas y sostenibles para mejorar la movilidad, prefieren lacerarlo.

Esta indiferencia viene por varios motivos, desde la falta de educación ambiental hasta la irracionalidad y la incultura de personas, incluyendo algunos con títulos universitarios, pero sin concepto sobre el tesoro nacional que alberga nuestro parque botánico.

El Jardín Botánico Nacional, Dr. Rafael María Moscoso es un símbolo de identidad, ciencia y conservación ambiental. Sin embargo, recientes propuestas de reducir su territorio para ampliar una avenida amenazan con cercenar parte de este legado natural y cultural. Lleva el nombre del primer botánico dominicano en catalogar nuestra flora. ¿Honramos su memoria destruyendo parte de su legado?

Lamentablemente muchas personas desconocen que este espacio es un centro de investigación científica, no solo un área recreativa, donde se preservan especies únicas en el mundo, como la Flor de Bayahíbe o la Palma de Cana.

La Flor de Bayahíbe o Pereskia Quisqueyana (su nombre científico), fue descubierta y descrita científicamente en 1977 por el botánico francés Henri Alain Liogier (1916–2009), uno de los más destacados investigadores de la flora caribeña, y justo en el Herbolario Nacional, ubicado dentro de nuestro Jardín Botánico, donde se presume que alberga más de 600 especímenes recolectados por este especialista. Estuvo casado con María Perfa Mejía, botánica dominicana y colaboradora en sus investigaciones y legados al Jardín Botánico.

Es sin duda un tesoro ecológico Irreemplazable, que cuenta con biodiversidad única, ya que alberga más de 300 especies de plantas, muchas de ellas endémicas de nuestra isla. Nos sirve de pulmón ecológico: En una ciudad con creciente contaminación, el jardín purifica el aire y regula el clima. ¿Vamos a sacrificarlo por más cemento? Está demostrado que por más vías que se hagan, la movilidad no mejora, a menos que nos concentremos en mayor y mejor transporte colectivo.

No podemos dejar de destacar el hermoso Jardín Japonés diseñado por el paisajista japonés Mamoru Matsunaga y no menos importante, es imprescindible reconocer al arquitecto Benjamín Paiewonsky, quien concibió todo el masterplan del Jardín Botánico Nacional incluyendo su hermoso reloj floral. La clase gobernante, ha mostrado que tiene prioridades distorsionadas y así mismo fomenta que se propague la ignorancia en la población. Mientras en otros países los jardines botánicos representan un orgullo nacional, (como el de Kew en Londres o el de Singapur), aquí se discute si partirlo para una avenida es buena idea. ¿De qué sirve el «progreso» si destruimos lo que nos hace únicos? Dejaríamos a un lado nuestro patrimonio científico y educativo, estamos hablando que el herbario del Jardín Botánico y los programas de conservación, son claves para estudios botánicos en el Caribe. Además, miles de estudiantes visitan sus instalaciones cada año para aprender sobre ecología y nuestra flora nacional e internacional.

¡No inventen con nuestro Jardín Botánico! Ni siquiera con su zona de parqueo, que también es necesaria y fue visionaria desde su inauguración en el 1976. Mejor ocúpense de rescatar el río Isabela que por ahí pasa, el cual, se encuentra contaminado por las cañadas de los barrios marginales que lo afectan. Debemos impedir la fragmentación de los ecosistemas allí creados, la pérdida de terreno afectaría corredores biológicos y especies que nos toca conservar. ¡Evitemos un daño irreversible!

Un jardín botánico no se “trasplanta”, su valor está precisamente en décadas de conservación, crecimiento y estudio, hay que liberarlo de la ignorancia de personas cuya función desde el Estado sería protegerlo y no ponernos en esta situación.

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Claudia Rita Abreu

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