Una ciudad en palabras
Un libro para entender a Santiago más allá del tiempo
Su obra no busca nostalgia, sino explicar la evolución social, económica y humana de una de las ciudades clave de República Dominicana, Santiago de los Caballeros.

El veterano periodista Ubi Rivas. Hoy/ Chaimy Alexandra soriano.
Le tomó veinte años escribir el libro Santiago de los Caballeros, 500 años de historia, en dos tomos. No fue un impulso pasajero ni un proyecto circunstancial, sino una empresa sostenida en disciplina, método y una profunda conexión emocional con Santiago. Más que una obra histórica, es el resultado de una relación vital con la ciudad que lo vio nacer y crecer.
“Eso me tomó 20 años escribir”, dice sin énfasis, como quien resume un esfuerzo que marcó su vida cotidiana durante décadas. Detrás de esa frase hay jornadas de trabajo de siete y hasta ocho horas diarias, noches interrumpidas y una concentración que llegó a afectar incluso su descanso. El proyecto, admite, lo obligó a buscar ayuda para poder dormir. Pensaba en el libro incluso cuando intentaba descansar.
Pero no se trataba solo de escribir, sino de comprender. Para abordar los orígenes de la Santiago, por ejemplo, tuvo que remontarse mucho más atrás de lo esperado. “Para yo entender e interpretar a Cristóbal Colón, yo leí siete libros”, explica. Esa decisión revela el enfoque de su trabajo: no repetir, sino interpretar con fundamento.
El resultado es una obra que recorre más de cinco siglos de historia, desde la etapa aborigen hasta la actualidad, integrando procesos políticos, económicos y sociales. Sin embargo, rechaza definirla como monumental. Prefiere verla como una obra de consulta, útil para distintos públicos: historiadores, sociólogos, estudiantes y periodistas.
“No me presumo de historiador. Yo soy un periodista investigador”, afirma, marcando una diferencia clave en su identidad profesional. Su método combina archivos, testimonios, documentos y entrevistas con personas que vivieron los procesos que describe. A eso se suma su propio archivo personal, construido durante años de ejercicio periodístico.
La motivación central del libro no fue académica, sino emocional. “Una obra… lo principal es el amor”, sostiene. En su caso, ese amor es por Santiago, una ciudad que define como su “patria chica”. Allí vivió los primeros 24 años de su vida y allí se formó como persona.
Sin embargo, su mirada sobre la ciudad no es nostálgica. Reconoce que el Santiago de su infancia ya no existe y que su transformación era inevitable. Recuerda una ciudad tranquila, donde la vida transcurría en pocas calles, y la contrasta con la urbe actual, marcada por el crecimiento y la complejidad.
El punto de quiebre, explica, fue la creación de la zona franca en los años setenta. Ese proceso cambió la base económica de la ciudad y aceleró su expansión. Santiago dejó de ser un gran pueblo para convertirse en una ciudad dinámica, con nuevas oportunidades, pero también nuevos desafíos.
Hoy la define como una urbe, no solo por su tamaño, sino por su infraestructura y su ritmo. Sin embargo, ese crecimiento no ha estado exento de problemas. Entre ellos, menciona el tránsito caótico, la falta de planificación urbana y, sobre todo, el deterioro ambiental.
El estado del río Yaque del Norte es, para él, una de las mayores preocupaciones. Recuerda que en su juventud podía bañarse en sus aguas, donde incluso había vida acuática visible. Hoy, en cambio, describe un ecosistema afectado por la contaminación. “No hay vida ictícola”, afirma, al explicar cómo la degradación ha eliminado incluso las condiciones básicas para la existencia de peces.
Esa preocupación ambiental no es aislada. Forma parte de una visión más amplia sobre las fallas estructurales del país. Señala que muchos ríos están altamente contaminados y critica la ausencia de políticas efectivas para su recuperación. En su archivo personal, asegura, no registra un solo caso de saneamiento completo de un río.

El veterano periodista Ubi Rivas. Hoy/ Chaimy Alexandra soriano.
También le inquieta el sistema educativo. Considera que, a pesar de la inversión, persisten debilidades en la comprensión y el aprendizaje. Recuerda métodos de enseñanza más exigentes, centrados en la escritura y la explicación, y cuestiona si esos enfoques se mantienen hoy.
Su libro, en ese sentido, no solo reconstruye el pasado, sino que ofrece claves para entender el presente. No busca idealizar una época ni emitir juicios definitivos, sino documentar procesos y provocar reflexión.
“Es una obra de consulta”, insiste, al subrayar su utilidad más allá de lo literario. En sus páginas no solo aparecen hechos históricos, sino también figuras relevantes de distintos ámbitos: médicos, ingenieros, empresarios, comunicadores. Para él, no se puede entender una ciudad sin conocer a su gente.
Esa visión integral convierte el libro en una especie de radiografía histórica y social. No se limita a los grandes eventos, sino que incorpora actores, instituciones y procesos que han definido el desarrollo de Santiago.
A pesar de la magnitud del trabajo, no lo asume como un cierre. Continúa escribiendo. Tiene en proceso la historia del bolero y sus memorias personales. Mantiene una rutina de trabajo diaria, combinando lectura, archivo y escritura.
Al preguntarle a quién le habla en su obra, responde que al pasado. Pero ese pasado, en su caso, no es un destino final, sino un punto de partida. Desde allí se proyecta hacia el presente y el futuro, con la intención de que las nuevas generaciones comprendan mejor su entorno.
Si tuviera que resumir su libro en una palabra responde, esfuerzo. Y luego agrega otra, quizás más reveladora, amor.