La transición en Cuba

La transición en Cuba
POR HAMLET HERMANN
Un discurso ignorado
En su momento las agencias internacionales de prensa dieron poca difusión a la conmemoración del sexagésimo aniversario del ingreso del estudiante Fidel Castro Ruz a la Universidad de La Habana.
Ante un auditorio juvenil, el líder cubano planteó el 17 de noviembre de 2005 que el pueblo tenía que prepararse para continuar el fortalecimiento de la Revolución sin que él participara o estuviera presente.
En aquel momento los timoratos prefirieron no hacer caso a esa predicción. Otros, por falta de visión estratégica, prefirieron posponer indefinidamente la discusión de ese asunto. Sin embargo, un mes después, Felipe Pérez Roque, quien fuera asistente personal de Fidel durante muchos años, retomó el tema y propuso que esa probabilidad se discutiera formalmente en cada uno de los centros laborales, escolares y políticos del país. Planteaba el actual Ministro de Relaciones Exteriores cubano que el análisis de la transición estratégica hacia una Revolución sin Fidel debía pasar a ser una cuestión operativa, algo impostergable. Y entonces algunos cubanos empezaron a hacer propuestas en ese sentido.
Siempre preparados para lo peor
Tras la inmediata y violenta reacción del gobierno de Estados Unidos desde el triunfo mismo del Ejército Rebelde en 1959, Cuba empezó a prepararse para lo peor. No sólo creó esas condiciones sino que logró vencer los centenares (o quizás miles) de intentos para destruir el proceso que devino en Revolución cubana. Dentro de los incontables esfuerzos de los ideólogos de Washington, uno de los más perniciosos fue el desarrollar una propaganda que debía hacer creer a mucha gente, incluyendo a los propios gobernantes de Estados Unidos, que la Revolución cubana era la obra de un ególatra llamado Fidel Castro y el pueblo cubano era apenas un rebaño de borregos.
De ahí los centenares de intentos de asesinato en su contra planeados por la Agencia Central de Inteligencia. Grave error de visión al considerar que ese bote se movía en función de quien manejaba el timón y no de la infinita cantidad de remeros que la impulsaban. Diez Presidentes de Estados Unidos han fracasado en destruir la Revolución creyendo que es obra de un solo personaje, aunque nunca hayan admitido lo equivocados que han estado.
Nadie osa discutir ni reducir la importancia de Fidel en el surgimiento y permanencia de la Revolución. Pero tampoco nadie puede plantear que sin Fidel no puede haber Revolución.
El mismo líder cubano ha sido quien desde hace más de treinta años ha insistido en crear, preparar y consolidar a quienes debían relevarlo en sus propósitos y metas.
No en balde la Unión de Jóvenes Comunistas ha sido la mejor cantera en la que se han formado algunos de los más destacados cuadros de la administración del Estado cubano al día de hoy.
El simple hecho de que haya sido Carlitos Balenciaga quien leyera el decreto de Fidel delegando sus funciones como jefe de Estado es una muestra de la existencia de un relevo y de una transición.
Balenciaga apenas tiene 32 años de edad y durante siete de ellos ha sido el Jefe de Despacho del Presidente del Consejo de Estado, Fidel Castro. Además, entre aquellos a quienes ahora se delegan funciones muy importantes están el pediatra Carlos Lage, actual Ministro de Finanzas, y el cibernético electrónico Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores.
Y así como estos dos cuadros de apenas cuarenta y tantos años de edad muchos otros han ido sustituyendo gradualmente a los dirigentes históricos que el proceso ha ido dejando atrás.
La transición para reforzar la Revolución ha estado vigente en Cuba desde hace mucho tiempo aunque las agencias de noticias nos nieguen esas informaciones.
Más bien las reducen a pequeñas notas de páginas interiores porque se alejan de las aspiraciones de los intereses de Norteamérica y de Europa. La dirigencia política cubana ha previsto desde hace mucho tiempo una transición, pero no hacia el capitalismo made in USA, sino hacia la de la puesta a punto de la Revolución a los tiempos modernos y a los avances de la ciencia.
El liderazgo de Fidel
El liderazgo de Fidel Castro está basado en gran medida en su visión estratégica del desarrollo de la situación mundial que le permite anticiparse a los acontecimientos. Lo ha demostrado desde siempre. No puede olvidarse aquel discurso que pronunció en Camagüey a finales de la década de los 1980 en el que acertadamente predijo el desplome de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
La mayoría de los cubanos no alcanzó a ver tan lejos como su líder y las agencias de prensa del mundo nos negaron ese dato que, para el momento, parecía alucinante. Y esa premonición se cumplió al pie de la letra. Asimismo, el 17 de noviembre de 2005 resonó premonitorio con el anticipo de que la Revolución tendría que continuar, en corto plazo, sin él a la cabeza. Y el 30 de julio empezamos a comprobar ese otro acierto.
También refuerza el mando de Fidel el permanente análisis del futuro del continente americano y del mundo. Esto no lo han querido entender los gobernantes de Estados Unidos que se han estrellado contra la realidad cubana. Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush, Clinton y este otro Bush prometieron en vano la desaparición de la Revolución cubana.
Mientras, el caimán barbudo siempre tuvo un as bajo la manga para desconcertar a sus enemigos y hacerlos perder la partida.
Sobre todas las cosas, Fidel y la Revolución han logrado avanzar más que muchos países del mundo porque han logrado algo imposible: distribuir la escasez. Cuba tuvo el año pasado un crecimiento económico del Producto Interno Bruto del orden del 11.8% y lo orientó hacia la salud, la educación y el desarrollo energético para beneficio de los cubanos y le sobró hasta para solidarizarse con los latinoamericanos.
Por el contrario, en otros países del continente americano tienen lugar crecimientos anuales del orden del 8% del PIB, pero la miseria de los pueblos aumenta mientras crecen las fortunas de algunos grupos financieros y comerciales.
¿Qué puede suceder en una Cuba sin Fidel?
A lo interno de una Cuba sin Fidel lo que más debe cuidarse es la unión de todos los sectores de la sociedad cubana. Estados Unidos seguirá tratando de desmoralizar al pueblo cubano y hasta se ha ocupado de diseñar un plan bien financiado para una transición cubana made in USA.
Pero el problema del Norte seguirá siendo el de siempre: no tienen dentro de Cuba a nadie con credibilidad a quien el pueblo le tenga confianza para servir de testaferro de los planes estadounidenses.
Cuba es un país donde sus ciudadanos tienen nivel de educación mínima de diez años escolares, disfrutan de atención médica gratuita a todos los niveles, se benefician de la propiedad indiscutida de la humilde vivienda familiar en una sociedad sin explotadores ni explotados, cuentan con instituciones, infraestructuras y centros de investigación científica que han salvado millones de vidas por todo el mundo al producir vacunas y medicamentos que los monopolios farmacéuticos venden a precios descomunales.
Algo así es difícil de cambiar por una sociedad de discriminación racial, comida rápida y privatizaciones al por mayor.
Aspecto externo
Dentro del ámbito exterior, Cuba tiene que seguir fortaleciendo la solidaridad internacional tal como lo ha venido haciendo por décadas. Bien ha hecho la Revolución cubana al distraer sus mercados de compra y de venta hacia países en los que Estados Unidos no tiene posibilidades de entorpecer las negociaciones.
China y Venezuela, entre muchos otros países, son ahora sus principales socios comerciales. El hecho reciente de que se hayan descubierto en aguas cubanas enormes yacimientos de gas y de petróleo abre una compuerta de riquezas nunca soñadas.
Hasta el US Geological Survey ha publicado que esas reservas ascienden a 9.3 billones de barriles de crudo y 22 trillones de pies cúbicos de gas natural. Ya quisiera Estados Unidos resolver sus carencias de combustible con una fuente tan cercana. Pero para eso tendría dos opciones: o levanta el inefectivo bloqueo o invade militarmente como en Irak.
Pocos recomendarían la segunda opción, la militar, porque las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba han estado preparándose para una invasión estadounidenses por 47 años.
La guerra del pueblo no es una ficción para los cubanos sino un concepto que los ha llevado a almacenar alimentos, armamento y municiones para una guerra de desgaste que, de atreverse Estados Unidos a iniciarla, la ocupación de Irak parecería un día de playa en verano.
Conclusión
Una Cuba sin Fidel requiere de una transición. Y Cuba ha estado en transición desde hace muchos años preparando a su pueblo para un sistema de cambios permanentes. Pero el cambio nunca será para beneficio de los empresarios norteamericanos y europeos como esperan en Washington que sea.
La fruta madura del siglo diecinueve no es la de hoy. Los cambios que tuvieran que realizarse servirán indudablemente para que la Revolución Cubana siga siendo ejemplo de dignidad y de patriotismo para todos los pueblos del mundo. Como hasta ahora.