El pueblo dirá

El pueblo dirá

Carmen Imbert Brugal

El pueblo dirá. La proclama enardece, recuerda esos días de Plaza ocupada. Vamos a desalambrar, como manda la canción de Daniel Viglietti, repetida en los años de búsqueda incansable de la utopía.

El rechazo a la reforma de la Constitución expresado por tres partidos de la oposición, será compensado con la participación popular.

¡A la calle! pero no para derrotar o desafiar tiranos ni para estremecer cimientos de los regímenes de fuerza sino para acompañar al poder en su propósito.

Paradojas del momento tan bien vendidas como compradas. Que el pueblo decida lo que la intemperancia desoye, no evalúa ni contempla valorar.

Sin necesidad de reformar la Constitución ya el Cambio la ha cambiado. De hecho y de derecho ad hoc. Por eso habrá asamblea a la medida y con respaldo factual, ese que no admite disidencia. Apoyo que recita el guion y todavía no acepta que la transformación del Ministerio Público no exige ni amerita reforma a la carta magna. Es difícil desmontar el tinglado porque se acabaría la función.

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El director de Estrategia y Comunicación de la Presidencia-DIECOM- ha declarado que “la reforma no pertenece a los partidos, la reforma pertenece al pueblo dominicano”.

Asimismo, anunció la convocatoria a los ciudadanos para explicarles el alcance de una reforma única, filantrópica, muestra de desapego presidencial cuasi místico. El pueblo, que unido jamás será vencido, será constituyente.

El entusiasmo es tal que el politburó cívico reformador podría solicitar la eliminación de la facultad que tiene el Presidente para designar a sus ministros. Ponderar la modificación del artículo 128 de la Constitución que detalla las atribuciones del mandatario como jefe de Gobierno y de Estado.

Las proclamas del funcionario recuerdan el discurso del Coronel de Abril cuando renunció al poder: “Porque me dio el pueblo el poder, al pueblo vengo a devolver lo que le pertenece”.

Pierden importancia las instancias establecidas en leyes sustantivas y adjetivas. El Consejo Económico y Social-CES- transformado, convertido en ágora.

La Asamblea Nacional Revisora será sustituida. Quizás se trate de un referendo aprobatorio, aunque necesita más para su ejecución que la mayoría exigida en el artículo 271 de la ley de leyes. Y sin dudas, el procedimiento es más complicado y costoso que el uso de aquel maletín de antaño. Pronto será diseñada la iconografía para la ocasión, con las consignas motivadoras.

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La ciudadanía, en avenidas y caminos vecinales, centros comerciales y mercados, portará sus gorritas, sus botones y calcomanías, con textos como “el pueblo manda”, “esta es tu reforma”, “nada quiere el presidente, todo para la patria”. Habrá conciertos, caravanas, las redes sociales multiplicarán el mensaje.

La participación colectiva, sin partidos políticos, marcará la nueva era. Remedo de la revolución francesa con su ejército de ciudadanos, su Comité de Salvación Pública y con algunos incorruptibles que ojalá no se entusiasmen con el terror de Robespierre.

Atrás queda la intranquilidad, el afán para conseguir el quorum. Desaparecerá la ansiedad que provoca la conquista de la cantidad exigida para lograr la ley de convocatoria. El destino de la reforma apetecida será decisión del pueblo. Amén.

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