
He visto ambos escenarios. El líder “fuerte” que asfixia, corrige todo, exige sin escuchar. Y el líder ausente que no acompaña, no sostiene, no da dirección… y aun así espera resultados. Los dos desgastan. Los dos desordenan. Y los dos terminan afectando algo que en las organizaciones cuesta mucho recuperar: la confianza.