A estas alturas empieza a generar conjeturas y especulaciones el silencio del expresidente Leonel Fernández luego del discurso del presidente Danilo Medina anunciando que no intentará una segunda reelección consecutiva que le prohíbe la Constitución, pero tomando en cuenta el tono utilizado por el mandatario y el mensaje implícito a sus destinatarios, la “minoría” que dentro del PLD intentó desacreditar su obra de gobierno, la respuesta apropiada a una acusación tan seria, considerada por muchos como la ruptura definitiva entre las facciones que se disputan el control del partido de gobierno, solo le añadiría mas leña al fuego, y eso no es precisamente lo que le conviene al leonelismo en las presentes circunstancias. También abundan las especulaciones sobre los alcances y consecuencias de la ”venganza” del danilismo contra el expresidente Fernández, que pudiera llegar, según lo que se ha publicado en los periódicos, hasta bloquear su candidatura en el Comité Central. En el punto en el que se encuentra la confrontación ese silencio parece lo mas sensato, al menos hasta que las aguas bajen de nivel y sea posible tender un puente que permita un entendimiento mínimo pero necesario para la supervivencia de unos y otros, pues de lo contrario ocurrirá lo que ninguna de las dos facciones desea que ocurra: perder las elecciones y salir del poder. Hasta dónde será posible restaurar ese puente roto depende de Danilo Medina y Leonel Fernández, con sus respectivos egos a cuestas, quienes a pesar de los enconos y las heridas provocadas se necesitan el uno al otro. Leonel no podría ganar unas elecciones generales sin el apoyo del otro PLD que controla el Gobierno, pero el Presupuesto Nacional resulta insuficiente para fabricar en tan poco tiempo un candidato que pueda derrotarlo en unas primarias, por mas abiertas que estas sean, y que además tenga posibilidades de retener el poder en el 2020. Cuando hagan las encuestas lo confirmarán.