La cultura de la cancelación

La cultura de la cancelación

Eduardo Caballero Ardila

Por Eduardo Caballero

El ecosistema digital puede ser cercano y lejano al mismo tiempo. Estamos a un click de cada persona, sin embargo nuestra interacción puede ser distante o nula, también en ocasiones hiriente o grosera, incluso con aquellas personas que compartimos de manera regular. La red permite que personas se expresen de una manera que presencialmente no lo harían. Dejar de “dar la cara” es en ocasiones una invitación para quienes se expresan de manera descortés o hasta soez; silenciarlos o cancelarlos en la red es la herramienta del ofendido.

Cancelar es un verbo transitivo que supone suspender el desarrollo de algo que se había previsto o programado. En este caso una conversación o una interacción digital. Borramos de nuestra presencia, de nuestra memoria y de la memoria colectiva una relación que nos entorpece, lastima o estorba. Bloquear a una persona en las redes es parte de la cultura de la cancelación.

Guillermo Tenorio Cueto (2022), nos dice que “La llamada cultura de la cancelación es una práctica que ha permeado en todo el mundo y supone silenciar a todo aquel que atente en contra de los valores que el consenso de lo políticamente correcto, de lo ideológicamente aceptado, de lo subjetivamente querido plantean en la sociedad.”; para este autor “esta llamada cultura de la cancelación polariza, enceguece, asfixia y ensimisma a las personas incapaces de escuchar, entender y comprender al otro que pretende ampliar los horizontes y expectativas del desarrollo personal y de la experiencia en comunidad”.

Le puede interesar: El beso lésbico de Buz

En otras palabras, cancelar digitalmente es un castigo o una protección necesaria, aunque en ocasiones es el escudo de quien no acepta o no resiste una crítica; herramienta de uso común de algunos escribidores, influencers o de políticos que no resisten un round de pensamiento. Lo hacen estimando que al condenar a una persona al ostracismo en la red evitan una confrontación que no les favorece. Los límites en las comunicaciones no están construidos en piedra, existen matices y la vida social requiere de comprensiones. ¿Y no es que vivir en comunidad implica aceptar reglas mínimas de respeto?, una balanza en permanente péndulo que se pregunta ¿qué es más importante?, ¿el respeto a la diversidad de pensamiento o el respeto a los valores?

La cultura de la cancelación no es nueva. Se daba fuera de la red cuando se excluía a una persona con ideas disonantes en cualquier grupo social, empresarial o académico. En la virtualidad puede darse en la red pulsando un “bloquear” o un “dejar de seguir”, porque es una conversación de uno a muchos; no así la cancelación de uno a uno que requiere una excusa o un motivo.

El error puede darse cuando cancelas siguiendo una instrucción en manada, como los repudios masivos organizados usualmente en las redes sociales, que se hacen sin confirmar la culpabilidad de las personas a quienes se le cancela. Un boicot comunitario, o como como lo denomina Paulette Delgado (2020), un bullying grupal.

Un ejemplo de lo anterior fueron las recientes exclusiones y acusaciones, que pudieron ser vistas en movimientos como el denominado me too, donde se acusó a varios directores, productores, y ejecutivos de medios de comunicación de aprovechar su posición de dominio, así como las vulnerabilidades de sus relacionados. Se desarrollaron con la solidaridad automática de comunidades digitales que fueron atraídas por una noticia donde no debió existir solidaridad automática, pero tampoco castigo social automático, sin investigación ni sanción a través de organismos competentes.

En consecuencia, el limite de la cultura de la cancelación es la censura. En nuestra sociedad las personas deberían poder expresarse libremente aunque sus audiencias no estén están obligados a escucharlas. La diferencia en este caso es la educación mediática, o educomunicación,  que nos forma para evitar manipulaciones y tomar la mejor de nuestras decisiones en función a ideales, principios y valores que deben sernos propios.

Referencias de este artículo:

Delgado, Paulette (2020). “Estás cancelado”. La cultura de la cancelación y sus implicaciones sociales. Instituto para el futuro de la educación. https://observatorio.tec.mx/edu-news/cultura-de-la-cancelacion

Tenorio Cueto, Guillermo (2022). Cultura de cancelación. Diario El Economista. https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Cultura-de-cancelacion-20220223-0109.html

Publicaciones Relacionadas