Guardianes de la verdad Opinión
José Miguel Gómez

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Hace una semana, ocurrieron cinco infanticidios de forma cruel contra niños y niñas, dentro del vínculo familiar; otro descuartizó una hermana de forma salvaje. La violencia ocurría por padres, cuidadores y conocidos. ¡Oh, Dios!

Los niños nacen felices, son inocentes, viven deseando que les garanticen derechos, desarrollo sano y bienestar con espiritualidad.

La familia es una expresión sociocultural y socioeconómica de una sociedad en un contexto histórico y político. Pero también es el primer espacio de apego, vínculo, sentido, pertenencias y de factor protector con que cuentan las personas.

Tan sencillo como que “quien me quiere no me daña”, “quien me ama me cuida y me protege”. En la familia donde se cometen infanticidios hay todo una desestructuración psicosocial y socioeconómico y emocional, de indefensión aprendida que se normaliza el riesgo, el daño y el maltrato.

Son familias afectadas en su estructura, quebradas y patologizadas por la falta de oportunidades, por la exclusión social y la desesperanza, por los sentimientos de minusvalía, de culpa, miedo, venganza; además, por los patrones intergeneracionales de roles y creencias de vivir el dolor emocional y el rechazo social.

Los refugios de las familias y de personas en déficit al desarrollo sano y al bienestar social muchas veces se refugian en el alcohol, las drogas, los juegos, la violencia y la agresividad; pero también, en las actitudes emocionales negativas: el resentimiento, las frustraciones y los trastornos de la personalidad, la depresión y la indefensión aprendida.

En estudios comparativos, los infanticidios y los maltratos de niños, son menos frecuentes en familias nucleares, sanas, donde los padres logran el acceso al bienestar social, servicios de calidad y con calidez.
Los trastornos mentales y psicosociales afectan directamente a los grupos mas vulnerables, con falta de cohesión social, de pobreza intergeneracional, con historia de maltratos y abusos recurrentes a mujeres y niños.

Las problemáticas de salud mental identificadas por la violencia de género, abuso y maltratos infantiles, violencia intrafamiliar y de pareja, homicidios y transgresión a las normas sociales, son expresiones de una sociedad enferma, sin respuestas a los desafíos crecientes de las temáticas psicosociales y socioeconómico.

La salud mental debe tener una mirada y respuesta horizontal, de múltiples casualidades para hacer diagnósticos integrales y tratamientos psicosociales comunitarios y de abordajes biopsico-sociocultural.

En diferentes espacios he abordado y he dado respuestas y enfoque sobre cómo gerenciar la salud mental para responder a las demandas de una sociedad en crisis y excluida de la salud mental
Literalmente, hay que priorizar la salud mental, la tarea sigue pendiente; la sociedad demanda respuestas oportunas y que respondan de forma practica con las personas que padecen una condición en salud mental, para los más vulnerables y por los que viven con el riesgo y dentro del riesgo en su vida psicoemocional y social.

Existen soluciones, no se amerita de grandes inversiones, ni gastos económicos, ni de personal; se puede gerenciar con lo que tenemos y programar los próximos años.

El mundo está en crisis, las problemáticas psicosociales y existenciales parecen que van en aumento; la complejidad de la vida en familia, la pareja y las amistades también son más vulnerables. El Estado, sector privado, la iglesia, universidades, deben buscar alternativas preventivas y asistencial a las personas que demandan la atención en salud mental.

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José Miguel Gómez

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