La poesía espiritual y su lenguaje: Cantos se elevan desde República Dominicana III

La poesía espiritual y su lenguaje: Cantos se elevan desde República Dominicana III

Manuel del Cabral se inspiró en una variedad impresionante de temas como son los sociales, políticos, amorosos, incluyendo los metafísicos. Sobre la poesía del bardo y hablando de “Los huéspedes secretos” el escritor y filólogo Odalís Pérez refiere que: “la travesía iniciática se expresa como huella, sentido y forma de la expresión expandida en el orden secreto de la cosmovisión poético-metafísica de los huéspedes”. El excelso poeta en su libro “Permanencia inmaterial” nos dejó el poema “La carga”, poema de corte espiritual que nos recuerda que somos solo tiempo:

“Mi cuerpo estaba allí…nadie lo usaba. Pero lo puse a sufrir…le metí un hombre./Pero este esquino triste de materia si tiene hambre me relincha versos,/ Si sueña, me patea el horizonte; Lo pongo a discutir y suelta bosques,/ Sólo a mí se parece cuando besa…No sé qué hacer con este cuerpo mío,/ alguien me lo alquiló, yo no sé cuándo…Me lo dieron desnudo, limpio, manso, era inocente cuando me lo puse, pero a ratos, la razón me lo ensucia y lo adorable…/ Yo quiero devolverlo como me lo entregaron; Sin embargo,/ Yo sé que es tiempo lo que a mí me dieron” (Del Cabral,1951, p. 442).

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La credulidad verbal que tanto se cultiva respecto al pensamiento no reviste tanta dificultad en la poesía espiritual porque en este tipo de literatura no hay palabras tan ininteligibles como puede encontrarse en la poesía mística en la que por tratarse de un encuentro unitivo con la divinidad el lenguaje ordinario con frecuencia no logra expresar la vivencia. El lenguaje de la poesía espiritual es diáfano, directo y sin ostentaciones. No hay que escrutar sobre ningún significado misterioso, como un conocimiento nuevo y penetrante, sino que el nivel se mantiene en lo simbólico. Y como si fueran los símbolos presentes en los mitos se abren con facilidad al lector porque el ser humano parece tener la clave ancestral que lo acompaña.

Jeannette Miller, Premio Nacional de Literatura en su poemario “Estadías” confiesa…

“Cuando el viento viene/y un rumor de voces me guía en medio de la yerba/y avanzo/y cada vez más las hojas crecen/hasta sentir mis piernas/que son ahora pasto de Dios, /ancho aliento de tierra en mi ruta quemada…/Cuando empujo mi cuerpo” (Miller, 1985, p. 73).

El nivel de la lengua coloquial u ordinaria no es el medio adecuado para expresar verdades profundas. De ahí que el poeta acude a imágenes vívidas que apelan a los sentidos y las emociones. Tampoco, como ya hemos expresado, es poesía de técnicas complicadas que producen la ilusión de una conexión del tipo de experiencia mística. Supone una experiencia personal de fuerza espiritual vivificante. La sacralidad natural y rica versatilidad sintagmática del lenguaje materno dominicano se manifiesta en la poesía espiritual dominicana. En este tipo de poesía hace su aparición el lenguaje espiritual desde el fundamento de todos los conceptos provenientes de la experiencia llana, sencilla y sin tergiversaciones. Ella penetra la superestructura conceptual y todo lo que se tenía por secreto en el instante mismo de la creación.

Carmen Comprés poeta de alto vuelo inmersa en el mundo espiritual busca las respuestas a preguntas vitales de la existencia. He aquí un fragmento del poema “Huella” del libro “Recinto del fuego”:

“¿Hacia dónde van las cosas/ que al final son la nada?/ este lodo bañado en ríos/de calles tumultuosas/ Espinas dolientes que rasgan la piel/ dejan su huella en cada piedra milenaria/ derraman el púrpura/que esconden con dureza/Rosas crecen en mi pecho/ llanto de rocío/Tiembla mi cuerpo/ desgarra el grito su silencio/¿A qué esta posición fetal/ por miedo de nacer en otro espacio?/ ¿A qué esconderme/en las entrañas de la tierra/para encontrarme?” (2007, p. 48).

El aspecto hermenéutico trasciende y manifiesta simultáneamente la significación esencial de la poesía que vista desde la perspectiva meditativa se identifica con la expresión misma de la realización no-dual. Se trata de varios medios de interpretación según el contexto lingüístico y las condiciones para su realización; la evaluación del punto fundamental o esencia y, según la contemplación de la mente.

José Enrique García en “Naufragios de sombras y cenizas” de su obra “Poesía reunida” nos presenta un poema contemplativo en el que lo que en un principio parecía separado se manifiesta como un todo: mar, hombre, andar, navegar, soñar, anclar, enterrar… Vemos claramente como la noción de identidad personal es así abierta por la imaginación póetica para incluir la de identidad comunitaria:

“El mar naufraga entre sus aguas,/el hombre en sus pasos, en la distancia,/ hombre, mar distancia,/naufragio de ausencia./La tierra romota los tantos movimientos,/lo que se anda, se navega, se sueña;/ánclase en las piedras, las raíces, el polvo./La casa que en un lugar del mundo/ levantaron las manos nudosas de los buenos viejos/sobre la tierra aún está y están también los recios cuerpos enterrados,/ los tiempos/ las estaciones puras/los espacios/las vidas ya gastadas en los días./Naufragios de sombras húmedas y cenizas/…” (García, 2010, p. 83).

La poesía de orden espiritual trata del significado último de palabras y conceptos, es decir, el proceso generador de la actividad noética plasmada en la poesía observándola desde una plataforma contemplativa conectada directamente con su fuente creadora, la vacuidad. El poeta se introduce de lleno en la inspirada esfera cognitiva desde la que se modela el lenguaje sagrado de la poesía. Se trata de la creatividad lingüística primordial. Sin embargo, en consecuencia, la identidad del yo poético no puede darse por sentada para responder a la pregunta de quién canta… Creación y obligación que nunca llega a un final porque se trata del canto del yo, el otro y todos.

Muestra fehaciente de lo antes dicho es “Decir de las sombras”, de Marcio Veloz Maggiolo.

“Por debajo de las alfombras/ había reflejos; trozos de soledad que se hicieron libélula/y proyectaron sombras infinitas./El hombre, animado en su duda, fue mirando con pena/debajo de cada estandarte; emergían los contornos del mundo/y podía verse el triunfo de la muerte/sometida, cuajada de lujurias, porque de sombra en sombra separada/ el cuerpo, único, exhausto, apenas se movía./Una sombra sin cuerpo; un latido metálico en la noche./Sombreros que se mueven en el aire./ sin cabeza posible./Esqueleto innombrable de todo lo invisible./Se preguntan moléculas de duda, átomos de desidia/ si un día seremos libres y tendremos la sombra para nosotros./Responder esta duda sería algo así como/ hacer revoluciones, levantar barricadas,/distorsionar el viento” (1982, p. 113).

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