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La violencia machista y manipulación contra la mujer perpetrada por la pareja o expareja, un problema urgente e incuestionable

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Olga Vergés
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La mujer dominicana ha pagado un precio muy alto en su intento por lograr una vida funcional, donde el principio de la equidad y el respeto a su dignidad sea valorado y respetado.

Los maltratos tienen una presencia real. La misma se evidencia, no tan solo en cifras, como las que se difunden cada año relacionadas con los casos de los feminicidios y denuncias, sino también porque representa una realidad en la percepción de los dominicanos.

Las cifras de violencia que son reportadas constituyen la punta del iceberg desde la comisión del crimen, hasta el ocultamiento de todo el drama que no se revela en las estadísticas. Se trata de un entramado socio cultural que entrampa a las mujeres en relaciones ocasionales o sistemáticas donde sufren el rigor del dominio y el control masculino.

Las emociones reprimidas y las ideologías machistas juegan un papel crucial en la mente de los hombres antes de cometer un feminicidio, explicó el psicólogo Luis Vergés al indicar que en la mayoría de los casos no surgen de la noche a la mañana ya que son resultados escalados de diversos acontecimientos que culminan de forma lamentable y los abusos son el resultado de múltiples factores agregándose la falsa creencia que la sociedad nos ha impregnado de que la mujer es el sexo débil convirtiendo al hombre en un peligro para la mujer cuando tiene juicios negativos hacia ellas, dejando ganar del machismo cultural que ha impregnado el patriarcado.

Entiende que la mujer sigue siendo víctima de una percepción de propiedad, sobre todo, se expresa más cuando el hombre tiene bajo nivel educativo y, si tiene alguna problemática de salud mental, lo complica más advirtió Vergés al señalar que gran parte del problema proviene del reflejo en la realidad dominicana, una cultura que ha aprendido en demasía la dominación y la conculcación de los derechos fundamentales de las mujeres.

Por ello, ve importante abordar las raíces de la violencia para prevenir tragedias como los feminicidios, destacando que la educación y la intervención temprana son herramientas clave para romper este ciclo destructivo.

Además de la violencia física apunta otras formas más sutiles de violencia en la relación de pareja que inician una secuencia que con el tiempo se convierte en la plataforma para formas de violencia más extremas; la más reconocida en este sentido es la violencia psicológica.

Citó además factores patológicos como el trastorno límite, personalidad antisocial, adicción al alcohol y otras drogas, son de los principales factores individuales señalados, junto con las dificultades para el manejo del estrés, impulsividad y falta de habilidades sociales para el manejo de los conflictos. Por su parte, los niveles de exposición a la violencia, la cultura del honor, el machismo, la distancia jerárquica y la orientación de dominación, se encuentran dentro de los principales factores socioculturales vinculados a este problema.

El 73 % de los agresores contra las mujeres consideran que no son violentos

A través del estudio “Radiografía de los indicadores en hombres con conductas violentas en República Dominicana”. revelo que el 73% de los hombres que agreden sus parejas no se consideran violentos, un elemento que tienden a utilizar para justificar sus acciones violentas, mientras un levantamiento realizado por el Centro de Intervención Conductual para Hombres en el año 2022 arroja que “La negación es una característica frecuente en los hombres que apelan a la violencia en contra de las mujeres y uno de los principales obstáculos para el cambio de esta forma de comportamiento”

El psicoterapeuta Luis Vergés, exdirector y fundador del organismo, explicó que dicho argumento son algunas de las salidas que emplean los agresores para no asumir la carga emocional que implicaría reconocerse como una persona que daña a otras, entre ellas la minimización (quitarles importancia a los hechos), la negación (“yo no hice nada”), la racionalización (“para que la golpee otro, mejor la golpeo yo”) y culpabilizar a la víctima (“ella se lo ganó, me hizo enojar”).

La “radiografía de los indicadores” surge de los datos registrados en el centro donde son referidos los hombres sometidos a la justicia por denuncias de violencia de género o intrafamiliar registrando un acompañamiento de más de 40 mil usuarios en sus procesos de modelación conductual para la convivencia pacífica.

La metodología utilizada consistió en la realización de entrevistas a profundidad, así como la valoración descriptiva del riesgo y la peligrosidad, obtenidas mediante pruebas de entrevistas cara a cara y validación de testimonios de los imputados mediante el contraste con análisis de testimonios de las denunciantes, detalla el informe en su introducción.

Mientras, un 62% de los participantes en el estudio indicó haber sido educado con castigos físicos en la niñez y un 68% afirmó que presenció maltratos verbales y físicos del padre hacia la madre, aspectos que resultan trascendentes en la conformación de una actitud violenta.

“La educación fundamentada en el castigo físico en la infancia, que suele ser aceptada como método de corrección, influye en una personalidad agresiva”, afirmó Vergés. También, agregó que, desde el punto de vista de la persona afectada, muchas mujeres se mantienen en este tipo de relación y sostienen que lo hacen por sus hijos, haciendo de esto una normalidad, como lo indica el dato de que en el 38 % de los casos se reportan más de 10 años de convivencia con el agresor.

Estudio revela sobre la violencia machista en etapas tempranas de las relaciones de pareja

El estudio “Radiografía de los indicadores en hombres con conductas violentas en República Dominicana” coloca la violencia machista en un 20% y se manifiesta durante el noviazgo y otro 29% durante el primer año de relación matrimonial o unión libre. Un ejemplo de esto es María.

María (nombre ficticio para proteger la identidad de la víctima) reside en Santo Domingo Este) Su historia, una de tantas, es la historia de una víctima de violencia machista a la que el tiempo solo servirá para cicatrizar una herida que difícilmente se borre.

Es madre de tres hijos. Precisamente, fue en cada embarazo, cuando se dio cuenta de que, verdaderamente, se había convertido en una víctima más de violencia machista. «No me acompañaba a los médicos, ni a dar los paseos obligatorios y cuando enfermaba me dejaba ahí tirada, no se preocupaba en absoluto por mi salud. Tampoco dejaba que mi madre me acompañase al hospital, quería que estuviese absolutamente sola», solloza.

Me hacía sentir inferior y yo lo seguía justificando, pensando que le tenía que apoyar”

En este momento, en los embarazos, la víctima experimentó la verdadera soledad, mientras sentía a sus hijos dentro. El periodo donde más maltrato recibió por parte de su expareja fue durante la gestación de su tercer hijo. «Fue un embarazo sorpresa, no lo esperábamos. Me dijo que no podía ser y que me atuviera a las consecuencias si pensaba tener a mi hijo. Lloré muchísimo», narra con la voz rota.

María es incapaz de nombrar al hombre que la maltrató durante más de diez años. «Influenciada por él, llegué a plantear [a mis padres] la idea de abortar. Estaba anulada.

En menos de cinco años registran 7,930 denuncias verbales y psicológicas

El informe “Violencia de género, intrafamiliar y delitos sexuales” del Ministerio Público indica que la violencia verbal y psicológica remontan en 7,930 denuncias al año solo en la parte oriental de Santo Domingo mientras en el 2022 acumulan los valores más altos con 11,288 procesos por violencia verbal y psicológica y 5,540 de violencia física.

Otras localidades

Además de Santo Domingo Este, otra localidad que reporta gran volumen de actividad por violencia es Santiago, con un promedio de 6,354 denuncias por año y 909 en los dos primeros meses de 2025.

En Santo Domingo Oeste se contabilizaron 3,709 denuncias en 2020; 5,935 en el 2021; 5,672 en el año 2022; 5,120 en 2023; 4,993 en 2024 y 760 en los primeros dos meses del año en curso. San Cristóbal, Puerto Plata, San Francisco y San Pedro de Macorís completan el listado.

Estrategias utilizadas por los agresores de pareja y como identificarlas

Para referirse a los hombres con conductas violentas, expertos en la conducta humana plantean que los mismos se valen de una serie de estrategias de manipulación emocional o tácticas encubiertas orientadas a tomar el control de la relación de pareja. Dentro de estas estrategias se encuentran:

Reforzamiento intermitente. Ocurre cuando los agresores solo otorgan a sus víctimas reforzadores como: atención, aprecio, respeto, declaración de amor en situaciones básicas que encajan en su conveniencia. Llega un momento que el vínculo de las víctimas aumenta con el agresor en este proceso, ya que asocian los reforzadores con la bondad de quien los dispensa, llegando a un punto donde no identifican la parte manipuladora de la estrategia. Este proceso recibe el nombre de vínculo traumático.

Reforzamiento negativo. El maltratador manifiesta conductas negativas, entre ellas: no hablar con las víctimas, actuar de forma irritable, llegar tarde a la casa, hasta que la mujer cumpla con sus requerimientos o demandas.

No permitir la expresión de las emociones negativas de las mujeres. Las víctimas son reprimidas por expresar sus emociones. Al no tener posibilidades de expresar las emociones, lo cual será castigado por el agresor con el silencio o expresiones de rechazo, las víctimas acumulan mayores niveles de frustraciones, lo que inicia el proceso de nuevo.

Formas abusivas indirectas. Consiste en disimular la agresión presentando los insultos como intentos de ayuda, consejos y ofertas de solución. Se presentan como intentos sinceros de ayuda, pero es actualmente un intento de denigración, control y de disminución de la pareja.

Apertura prematura. El manipulador comparte informaciones íntimas sus vidas y familiares de forma temprana para crear un falso sentido de intimidad. Eso hace que automáticamente nos sintamos obligados y comprometidos a hacer lo mismo. Luego se descubre que gran parte de lo que dijo era mentira, para utilizar todo lo que recibió de manera íntima por parte de la pareja en su contra.

Triangulación. El agresor introduce el nombre de otro hombre o mujer en la relación. Habla sobre compañeras de trabajo, exnovias o flirteando con otras en presencia de la pareja como forma de levantar celos en ella. Esto lo disfruta en la medida que ocasiona dolor y sufrimiento.

Culpar a las víctimas. Esta estrategia es aliada de la no asunción de responsabilidad por los hechos cometidos y representa uno de los principales factores de riesgo para que la conducta violenta en contra de la mujer no siga repitiéndose. La culpa es una emoción devastadora que representa serios problemas desde el punto de vista emocional. Cuando la mujer es acusada de provocar aquello que le hace daño, sutilmente es Re victimizada por otra forma de agresión, en este caso, una forma de violencia psicológica.

Cambiar el foco de los verdaderos problemas. Esta estrategia funciona a modo de distracción para no enfocar los aspectos que guardan relación con la violencia generada en la relación. Dentro de las modalidades en que se expresa esta estrategia se encuentran: hablar de otras cosas que para el maltratador lucen más importante que el hecho mismo de la violencia; disminuir la importancia de la conducta violenta que se generó en contra de las víctimas.

Comentarios insinuadores. Con estas manifestaciones los maltratadores de pareja tienden a asociar a las víctimas con una serie de conductas que ellos definen como inaceptables y que por tanto requieren ser sancionadas, planteando así un elemento de sentirse especiales y acreditados para castigar a las mujeres por sus errores cometidos. Cuando esto no ocurre físicamente, se hace de forma psicológica.

Hacerlas sentir avergonzadas. La estrategia de avergonzar a las mujeres persigue que estas observen las agresiones que reciben como algo normal, bajo la premisa de que hicieron algo por lo cual deben avergonzarse. Esta emoción es considerada por la literatura psicológica como negativa y bastante estresante, hasta el punto de que algunos autores, entre ellos (Dryden, 2012) la consideran como un trastorno emocional al igual que la culpa. Cuando las personas tienen vivencias de vergüenza, al ser esta una emoción estresante, tienden a intentar liberarse de ella aceptando algo doloroso que la sustituyan, y esto muchas veces es la violencia en la relación de pareja.

Decir palabras vacías que la víctima le gusta escuchar. Estas palabras están dotadas de esperanza y creación de expectativas que no se cumplen porque la infraestructura de pensamientos que está presente no favorece en los maltratadores la posibilidad de cumplir ese tipo de promesas. A las víctimas les gusta escuchar que no volverán a ser violentadas, así como también que eventos como los que generaron las acciones violentas serán superados gracias al amor que sienten el uno al otro. Esto naturalmente, en el contexto de la violencia es una ficción, debido a que raras veces se cumple.

Tratamiento silencioso. El silencio en el contexto de la violencia es una forma de abuso psicológico. Es una estrategia donde el agresor le envía el meta mensaje a la mujer de que es indiferente hacia ella y que por tanto no merece atención ni mucho menos diálogo. Este recurso se emplea por lo regular como una estrategia de control, y una modalidad de castigo cuando las mujeres hacen algo con lo que ellos no están de acuerdo.

Negar su responsabilidad. La asunción de responsabilidad es el punto de partida para cualquier proceso de transformación la conducta violenta. Negar la responsabilidad de los hechos violentos en contra de una mujer representa una de las conductas más frecuentes en hombres maltratadores. Es por igual uno de los indicadores de futuras recaídas. Esta tendencia se asocia a varios factores, entre ellos: miedo por parte de los maltratadores a las consecuencias de su propia violencia; conflictos internos donde no aceptan la culpa de sentirse responsables de un hecho dañino en contra de su pareja.

Mentir con frecuencia. Las mentiras juegan también un rol en el proceso de controlar una relación de pareja. En el caso del contexto violento, estas mentiras persiguen apaciguar el impacto del daño ocasionado, bajando así el nivel de conciencia de parte de ambos, víctimas y agresores sobre el daño perpetrado.

El momento más oportuno para educar contra la violencia de género es la niñez

El psicólogo Luis Vergés, afirmó que el hombre es el resultado de lo que aprende el niño, y que el momento más oportuno para educar contra la violencia de género es la niñez, para inculcar los valores de convivencia en una cultura de paz.

“Cuando el individuo ha traspasado esta franja, ya sea porque aprendió a accionar en violencia, porque lo violentaron a temprana edad o porque aprendió que con la violencia logra cosas que no puede obtener sin ella, hay una conducta criminal, y es necesario intervenir con las instituciones del sistema de justicia”, expresó.

Vergés dijo que, si hay una mentalidad criminal, la libertad de esa persona puede convertirse en un factor de riesgo para la vida de alguien, y si está privada de libertad tienen que darse los mecanismos para un reaprendizaje, de forma que se desmonte el tipo de pensamiento con el cual se está justificando la posibilidad de quitarle la vida a alguien.

Explica que muchas de estas personas justifican con su pensamiento la posibilidad de dañar a otro, y al final sienten que los demás son responsables de esa conducta.

“Una intervención oportuna es ayudarlos a hacer un análisis costo/beneficio en términos de lo que implica esa conducta violenta; porque cuando esta persona acciona en contra de alguien la daña, pero también puede asumir consecuencias que le dañen a él mismo.

Aseguró, además, que hay mucha violencia en la sociedad, violencia machista, y que una pudiera potencializar la otra.

El psicólogo expone que la violencia contra la mujer es una violencia especializada que tiene su origen en una serie de factores que no necesariamente tienen las otras formas de violencia; ya que aquí no se le quita nada material a nadie como sucede con la violencia delictiva que implica quitarle la vida a una persona para asaltarlo.

“Aquí se le quita la vida a una mujer y muchas veces el hombre se la quita también, es un tipo de violencia que algunos autores conocen como violencia moral, no porque sea moral matar o dañar a alguien, sino porque los agresores muchas veces asocian estas acciones a la cultura del honor, pues piensan que violentando a la mujer recuperan algo que han perdido de sí mismos, es ahí donde entra el tema psicológico de esta violencia, y el aspecto cultural de muchos siglos atrás que se sigue replicando”, indicó.

En tanto, enfatizó que las políticas para combatir la violencia en contra de la mujer no han fracasado, tras destacar que lo que sí ha fracasado es la idea de pensar que sólo el sistema de justicia es el que tiene que enfrentar el problema.

Precisó que hay muchos sectores que aún están dormidos, que sienten que este tema es ajeno a ellos, lo ven como un problema particular del hombre y la mujer, y todavía no han asimilado que es un problema de orden público, donde como sociedad es un reto de todos.

Vergés agregó que es necesario abrir espacio a la conciencia ciudadana para que entienda que las relaciones igualitarias, basadas en el respeto a los derechos fundamentales, independientemente de que sea hombre o mujer, es una urgencia nacional, y una deuda que hay que saldar.

Propuestas de soluciones desde el periodismo

La abogada y catedrática española Pilar Pardo Rubio abogó por una Guía de comunicación que permita tratar el tema de género sin victimizar a las víctimas. Refirió que de acuerdo con las estadísticas de la organización ONU-Mujeres, 87,000 féminas mueren anualmente a manos de conocidos en el ámbito privado.

“Es un problema muy grave; hay una emergencia porque lo que está en riesgo es la vida y eso tiene que estar por encima del mercado, de las ganancias de los medios”, dijo Pardo Rubio durante el taller “Justicia y Medios: Enfoque de Género en Cobertura Mediática, dirigido a periodistas que cubren la fuente judicial.

Dijo que, para transmitir una noticia sin Re victimizar a la víctima, “debe quedar claro que es una repulsa, una condena a la violencia de género; que el comportamiento indebido, delictivo o reprochable es siempre la agresión y el del presunto delincuente o agresor, nunca el de la víctima, no importa las circunstancias en que se dé la agresión”.

Pardo Rubio, autora de varias publicaciones sobre género, planteó además la necesidad de que se legisle para tipificar el feminicidio de manera que se puedan homogenizar las estadísticas sobre víctimas del flagelo, afirmando que la falta de estadísticas correctas dificulta elaborar políticas públicas para enfrentar el problema. Consideró que el feminicidio se da no solo cuando la mujer muere a manos de su pareja o expareja, sino también cuando la muerte violenta se produce por motivo de género.

En el mayor de los casos, el trato dado por los medios de comunicación a las informaciones relacionadas con los feminicidios puede incidir en que se sigan produciendo estos casos lamentables.

Para el psicólogo clínico Luis Vergés cuando una persona está vulnerable ante una situación de violencia cualquier mensaje que pueda dar ideas de cómo ejecutar un plan homicida o feminicida va a colaborar, en alguna medida, para que el agresor se de ciertos permisos, aunque aclara que esto no ocurre en todos los casos.

Por esa razón, explica que en algunos países han tomado medidas radicales con la forma en que se publican las informaciones con relación a los casos de feminicidios ya que en muchos casos de forma inconsciente se elogia al agresor y se denigra a la víctima.

También señala como aparecen programas que tratan esas muertes como si fueran circos o un espectáculo, en ocasiones la información va muy cargada de aspectos morbosos que hasta cierto punto van normalizando en la conciencia de estos potenciales asesinos una especie de permiso para cometer estas acciones», añadió el experto.

No obstante, Vergés aclara que este no es el único factor que influye en estos casos, sino que colaboran muchos a la vez.

Recordó que cuando se va a informar sobre un femicidio es importante tomar en cuenta no resaltar las cualidades positivas del agresor, ni tampoco insinuar aspectos de la víctima que puedan justificar la conducta del victimario.

Políticas de prevención para erradicar la violencia de género

El psicólogo clínico y ex director del Centro de Intervención Conductual para hombres de la Procuraduría General de la República, Luis Vergés, abogó por continuar y ampliar los programas psicoeducativos de rectificación terapéutica, de manera que la cultura de violencia sea sustituida en la sociedad dominicana por una educación emocional que permita a una persona aprender a cuidar a otros y a cuidarse a sí misma.

Apuntó que estos programas psicoeducativos de rectificación terapéutica permiten a estas personas no tan solo darse cuenta de que son violentas, porque yo lo saben muy bien, sino que descubran y se den cuenta también a qué se debe esa violencia, de manera que puedan asumir el control y entonces comprometerse con acciones de reparación, de recuperación emocional y poder aprender a cuidar a otros; a cuidarse a sí mismos.

Con esas estrategias, indicó, se puede trabajar para que los conflictos sean naturales y no sean sustituidos por métodos culturales, que incluyen el castigo a los niños. Basándose en resultados de encuestas, dijo que en la República Dominicana persiste la creencia de que “la cultura de castigo a los niños” es efectiva. Recomendó a los padres y madres orientarse sobre la forma correcta de educar a sus hijos al margen de castigos que provocan resentimientos y violencia.

Otros expertos en la conducta humana exhortan a las víctimas ser firmes y no retirar una orden de alejamiento aún si el agresor se muestra pasivo en determinado momento ya que dificulta la intervención de las autoridades como Nahumry Toribio, psicóloga de la Clínica Profamilia San Francisco de Macorís al explicar que psicológicamente las victimas retiran la querella muchas veces por cuestiones sociales, hijos, o porque entiende que esa persona va a cambiar decidiendo retirarla o en el mayor de los casos sienten que no poseen el suficiente apoyo tanto económico como social y familiar para poder salir de la situación.

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Sobre el autor
Olga Vergés

Olga Vergés

Periodista especializada en las fuentes de Educación y Sucesos. También escribe sobre diversas noticias del diario del país. 

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