Necropsias en el siglo XXI

Necropsias en el siglo XXI

Sergio Sarita Valdez

En el mundo occidental del siglo XIV de la era Cristiana fue en Italia en donde se realizaron libremente las autopsias con el propósito de examinar el interior de los cadáveres en búsqueda de alteraciones orgánicas que explicaran el inicio, desarrollo y conclusión fatal de una enfermedad no identificada durante la vida de la persona fallecida. Dicho procedimiento dio lugar a una mejor comprensión y adecuado manejo de enfermos que mostraron signos y síntomas similares a los que presentaron en vida en su calidad de pacientes los difuntos analizados. Para ese entonces los galenos eran cirujanos de quienes posteriormente derivarían los hoy conocidos anatomopatólogos.

Escultores y pintores de la categoría de Miguel Ángel viajarán a Bolonia para practicar la disección anatómica y así conocer en detalle la estructura corporal humana. Comprender los daños acaecidos en el interior de los individuos identificados a simple vista despejaba algunas incógnitas al tiempo que despertaba nuevas y múltiples interrogantes. Quinientos años hubieron de transcurrir para que, desde Alemania, el doctor Rudolph Virchow, armado con un microscopio planteara la tesis de que si los órganos y tejidos humanos estaban a su vez constituidos por unidades llamadas células entonces los males debían tener su expresión inicial al nivel celular. Por haber sido pionero de dicha asunción a Virchow se le reconoce hoy como el padre de la Anatomía Patológica.

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En el refranero médico pasado se conoce la expresión de que el médico internista sabe mucho, el cirujano hace mucho, mientras que el patólogo sabe y hace mucho, aunque tardíamente. En el mundo contemporáneo el concepto de trabajo en equipo invalida por completo aquella vieja idea puesto que ante una sospecha clínica entran en acción los estudios de imágenes, pruebas de laboratorio y otras analíticas diagnósticas antes de que se plantee la logística terapéutica de los casos.

En los países desarrollados el auge rápido de la alta tecnología y su aplicación en el campo de la medicina, especialmente en el área de la imagenología permite visualizar en un paciente la estructura fina y el funcionamiento en tiempo real de órganos nobles como el cerebro, corazón, hígado, riñones y otros, así como huesos, músculos, tendones y articulaciones. Cuando alguien es hospitalizado por varios días en un centro hospitalario complejo moderno y luego fallece ya hoy es poco probable que requiera de una necropsia para determinar la causa del deceso.

En las potencias occidentales del siglo XXI los hospitales universitarios han visto reducirse las autopsias clínicas con la excepción de los casos de muertes repentinas en personas aparentemente sanas y sin historia familiar de enfermedades hereditarias. Siguen siendo obligatorias las investigaciones cadavéricas postmortem en probables homicidios, maltratos infantiles letales, sospechas de envenenamiento, crímenes, así como muertes en donde se sospeche que la mano del facultativo haya sido un factor determinante.

En República Dominicana es cada vez más creciente la afluencia a los hospitales del Estado de indigentes criollos y muchos procedentes de nuestra vecina nación. La barrera del idioma en las salas de emergencia, el alto volumen de niños y niñas, mujeres embarazadas y en trabajo de parto, adultos jóvenes con cuadros febriles de origen desconocido, así como toda una gama de traumatizados, hace que confluyan muchos en la morgue, sin que se tenga idea alguna de la causa de la muerte. Tenemos razones para autopsias al por mayor y detalle.